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Chapter 21 - El precio de la traición

El bosque tembló.

Desde la línea de árboles surgieron las primeras filas del ejército de Kuroinu, avanzando como una marea oscura. Armaduras ennegrecidas, estandartes marcados con símbolos de esclavitud y destrucción, y entre ellos, demonios y criaturas mágicas que deformaban el aire con su sola presencia.

Alicia dio un paso al frente.

El viento agitó su capa mientras desenvainaba su espada con un sonido limpio y decidido.

"Formación defensiva", ordenó. "Arqueras atrás. Infantería al frente. Nadie rompe filas."

Las guardias respondieron al unísono, clavando las lanzas en el suelo.

'No puedo fallar', pensó Alicia. 'Si caemos aquí… todo habrá terminado.'

Del lado enemigo, una figura avanzó montada sobre una bestia demoníaca. Su armadura era distinta, más elaborada. Sus ojos brillaban con arrogancia.

El comandante de Kuroinu.

"Así que esta es la resistencia", dijo con burla. "Humanos… y hasta Elfos Oscuros mezclados. Qué patético."

Alicia levantó la espada, apuntándolo.

"Este territorio no te pertenece. Da media vuelta o morirás aquí."

El comandante rió.

"Atáquenlos."

El choque fue inmediato.

Las primeras líneas colisionaron con violencia. El acero chocó contra acero, los gritos de guerra se mezclaron con rugidos demoníacos. Alicia se movía con precisión, derribando enemigos uno tras otro, su espada trazando arcos letales.

Pero el número era abrumador.

Fue entonces cuando el aire cambió.

Una presión aplastante descendió sobre el campo de batalla.

Los demonios se detuvieron. Algunos soldados de Kuroinu vacilaron.

Reik avanzó.

Sus pasos eran tranquilos, pero cada uno resonaba como un golpe de tambor. Se colocó junto a Alicia, su mirada fija en el comandante.

"Ahora", dijo en voz baja.

Olga dio un paso adelante.

El cielo se oscureció.

Una oleada de energía oscura se expandió desde su cuerpo, retorciendo el terreno. El suelo se quebró, y una barrera invisible aplastó a decenas de enemigos contra la tierra.

Chloe se movió como una sombra, apareciendo detrás de las líneas enemigas, cortando gargantas y desarmando magos antes de que pudieran reaccionar.

Luth rugió con fuerza.

"¡Por nuestra juventud!" gritó, lanzándose al combate con una ferocidad casi temeraria.

Alicia sintió cómo el equilibrio de la batalla cambiaba.

'Esto… esto es poder real.'

Reik avanzó solo hacia el comandante.

Cada enemigo que intentaba detenerlo era derribado con un solo golpe. No había movimientos innecesarios, no había dudas.

El comandante frunció el ceño.

"Interesante", murmuró. "Así que tú eres el problema."

Levantó su arma y cargó.

El impacto entre ambos sacudió el aire. Reik fue empujado hacia atrás unos pasos, pero sonrió.

"¿Eso es todo?"

El combate entre ambos fue brutal. Golpe por golpe, choque tras choque. El comandante retrocedía lentamente, por primera vez mostrando incomodidad.

Alicia aprovechó la apertura.

"¡Ahora!" gritó.

Olga alzó la mano.

Una lanza de oscuridad pura se formó y atravesó el campo de batalla, apuntando directamente al comandante.

Por un instante, todo pareció detenerse.

Pero entonces, un círculo mágico se activó bajo sus pies.

"¡Mi señor!" gritó un mago desde la retaguardia, sangrando pero aún consciente. "¡Ahora!"

La lanza de oscuridad atravesó el lugar donde el comandante había estado… solo para disiparse en el vacío.

Cuando la luz se desvaneció, Vault ya no estaba.

Solo quedaban restos de magia espacial y la risa distante, distorsionada.

"Esto no ha terminado", resonó su voz.

El campo de batalla quedó en silencio.

Los restos del ejército de Kuroinu se retiraron en desorden, sin liderazgo, presas del pánico.

Alicia bajó lentamente su espada, respirando con dificultad.

Habían ganado… pero no del todo.

Se volvió hacia Reik y Olga.

"Si no hubieran estado aquí…"

Reik negó con la cabeza.

"Esto apenas comienza."

Olga observó el horizonte, donde el comandante había escapado.

"Ha marcado su error", dijo con frialdad. "Y lo pagará."

Alicia apretó el puño.

La guerra había sido evitada por ahora.

Pero el enemigo seguía vivo.

Y la próxima vez, no huiría tan fácilmente.

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