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Chapter 109 - El amargo sabor de la victoria

La tarde caía sobre el coliseo. Lo que debería haber sido un lugar vibrante y lleno de júbilo se transformó, en un parpadeo, en un cementerio de silencio. Un frío antinatural pareció congelar a los espectadores en sus asientos. No era el frío del invierno que azotaba a Trimbel; era un miedo primordial, un instinto de supervivencia que gritaba en la sangre de todos.

Ese terror emanaba de la joven en el centro de la plataforma. Aurelia, con una belleza etérea y un aura que parecía drenar la vida del entorno, se mantenía inmóvil.

En el palco, los profesores estaban estupefactos. Uno de ellos, con la garganta seca, logró articular una pregunta:

—¿Esa es... la habilidad más fuerte de la Secta Palacio Glacial?

El Director asintió con una gravedad que rara vez mostraba.

—He escuchado leyendas sobre ella, pero jamás la vi en persona. Se dice que requiere un cuerpo extremadamente raro y una voluntad de hierro. Esa joven... ha despertado la habilidad prohibida.

Abajo, el tiempo pareció detenerse. Las partículas de nieve quedaron suspendidas en el aire como diamantes flotantes. Aurelia miró a Timurk por última vez y cerró los ojos. Un segundo después, los abrió. El ataque ya había concluido.

Aurelia cayó de rodillas detrás del semihumano. Una bocanada de sangre espesa escapó de sus labios, mientras finos hilos carmesí goteaban de su nariz y ojos. Tras ella, Timurk soltó un grito ahogado que se cortó en seco al desplomarse. Su cuerpo estaba cubierto de cortes tan profundos que el hueso era visible, pero no brotaba sangre; las heridas se habían cristalizado instantáneamente en hielo negro.

El árbitro, saliendo de su estupor, corrió hacia ellos. Intentó verter una poción de alta calidad en Timurk, pero el cuerpo del semihumano no reaccionaba. En ese mismo instante, Aurelia perdió el conocimiento, desplomándose sobre la piedra fría. El Director, comprendiendo que la muerte rondaba la plataforma, bajó de un salto y ordenó:

—¡A la enfermería, ahora! ¡Muevan sus pies si no quieren que estas semillas mueran hoy!

Un murmullo estalló en las gradas.

—¿Quién ganó? —preguntó un joven, pálido.

—¡Fue un empate! —exclamó otro.

—No... —respondió un guerrero veterano—. El semihumano cayó primero.

El árbitro, tras recibir una señal del Director, hizo el anuncio oficial:

—Dado que Timurk perdió el conocimiento primero, la ganadora de este torneo y portadora de la Píldora de la Intuición es... ¡Aurelia!

El público estalló en vítores, una mezcla de alivio y euforia. Pero mientras la multitud celebraba, Arthur permanecía en su asiento con los ojos cerrados. Su cuerpo temblaba levemente. No era miedo; era la vibración de su propia energía respondiendo a la magnitud de lo que acababa de presenciar.

***

En la enfermería, el ambiente olía a hierbas amargas y éter. El profesor Viktor se movía con una rapidez frenética, sus manos manchadas de ungüentos mientras operaba sobre los jóvenes. El Director entró poco después.

—¿Cómo están? —preguntó sin rodeos.

Viktor soltó una risa corta y algo maníaca sin dejar de trabajar.

—El semihumano es duro como una roca. Estará bien, aunque me costará recursos valiosos sacarle el frío de los órganos. Pero la chica... —Viktor se detuvo y miró al Director a los ojos—. Ella está en estado crítico.

—¿La habilidad prohibida? —inquirió el Director.

—Su cuerpo es incompatible, anciano —sentenció Viktor—. Hoy la salvaré, pero si vuelve a usar esa técnica, no le quedarán más de dos o tres años de vida. Sus canales de energía se están agrietando como cristal viejo. Si quiere vivir, debe olvidar que esa técnica existe.

El Director cerró los ojos, procesando la noticia.

—Se lo diré cuando despierte. ¿Cuánto tiempo para que puedan presentarse?

—En una hora estarán de pie. Mis medicinas no son baratas, úsenlas bien.

***

Mientras los minutos pasaban y el cielo se oscurecía bajo una inminente tormenta de nieve, el Consejo de Profesores se reunió en una sala privada. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

—Debemos discutir quiénes ocuparán las plazas restantes —dijo el Director—. Dado que uno de los combates del Top 10 terminó en descalificación y muerte, solo cuatro pasaron a la semifinal. Uno de ellos era el joven de la Academia Cielo Eterno, así que solo tenemos tres clasificados directos: Timurk, Aurelia y Thoran. ¿Quiénes creen que deben ocupar los dos lugares que faltan?

Las propuestas volaron por la mesa, pero pronto el prejuicio asomó su cabeza.

—Ya es suficiente con que una mujer haya ganado el torneo —dijo un profesor de edad avanzada con desdén—. Voto por Loshy y Lance. Son varones fuertes. No podemos permitir que la academia se llene de jóvenes que mañana sus familias venderán como moneda de cambio en matrimonios políticos.

Muchos asintieron, compartiendo esa visión cínica. Pero antes de que pudieran cerrar la votación, la puerta se abrió con un golpe seco.

Entró una mujer alta, de cabello negro como el azabache y ojos que desprendían un brillo peligroso. Representaba unos treinta y cinco años, pero su aura era tan dominante que los profesores se encogieron en sus sillas.

—¿Para qué me llamaste, anciano? No quiero estar cerca de estos malditos vejestorios y su olor a naftalina —soltó sin ninguna pizca de respeto.

—¡Cuida tus modales, Selen! —gritó uno de los profesores, rojo de ira.

—Ustedes no merecen respeto —replicó ella con una sonrisa afilada—. He escuchado su charla. Denme un mes con esas jóvenes a las que tanto menosprecian y les aseguro que les patearán el trasero a sus "amados" discípulos varones.

El Director suspiró, frotándose las sienes.

—Selen, basta. Aunque seas mi nieta, eres una profesora aquí. Compórtate.

Selen bufó y se sentó en un rincón, cruzando sus largas piernas con gesto aburrido. Tras una votación rápida y tensa, la decisión se mantuvo: Loshy y Lance ocuparían los lugares. Selen se levantó de inmediato, su rostro oscurecido por el desprecio, y salió de la sala sin mirar atrás.

El Director se quedó mirando la puerta. Sabía que la paz en la academia era solo una ilusión. Con Aurelia recuperada y el anuncio final por venir, Trimbel estaba a punto de cambiar para siempre.

Fin del capitulo.

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