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Chapter 118 - Capítulo 113 – Día de Descanso 17 (Parte 2) - R18

Capítulo 113 – Día de Descanso 17 (Parte 2) - R18

Gwen avanzaba entre los árboles con paso rápido, apartando ramas sin cuidado.

"¿Lo viste, seguro?" dijo Gwen.

Duncan, recargado contra un tronco, se encogió de hombros.

"Sí. Se fue con Courtney hacia la casa del árbol," dijo Duncan, con media sonrisa.

Gwen no respondió. Solo apretó el paso. Algo no le gustaba. No sabía exactamente qué, pero no le gustaba.

El camino se abrió y la casa del árbol apareció frente a ella. La escalera colgaba, moviéndose apenas con el viento. Gwen no dudó. Subió rápido, un escalón tras otro, hasta asomarse.

Se detuvo.

Cody. Courtney. Demasiado cerca. Besándose.

El mundo se le apagó un segundo. Pero alcanzó a ver un detalle: Cody no se movía. No la sostenía. No respondía. Estaba rígido, atrapado en el momento.

Eso no detuvo nada. Algo se encendió en Gwen, fuerte, inmediato.

"¡Aléjate de mi novio, perra!" gritó Gwen.

Entró de golpe a la casa del árbol. Courtney apenas alcanzó a girar cuando Gwen la empujó, separándola de Cody. Courtney retrocedió un paso, sorprendida.

"¿Qué demonios—?" dijo Courtney.

Cody reaccionó hasta entonces, como si alguien hubiera cortado el momento de golpe. Abrió los ojos, miró a Gwen, luego a Courtney, y otra vez a Gwen. Carajo. La palabra se repetía en su cabeza, una y otra vez.

Gwen respiraba agitado, con la mirada clavada en Courtney. Luego en Cody. Y ahí cambió. No desapareció el enojo, pero ahora había otra cosa: confusión, dolor.

"¿Qué... fue eso?" dijo Gwen.

Courtney se recuperó rápido, enderezándose. Su expresión cambió: menos sorpresa, más firmeza.

"Gané," dijo Courtney.

Gwen la miró, incrédula.

"¿Qué?" dijo Gwen.

Cody finalmente habló.

"Gwen, yo—" dijo Cody, pero no supo cómo terminar.

Courtney cruzó los brazos, sin apartar la mirada.

"No lo obligué," dijo Courtney.

Eso tensó todo otra vez. Gwen lo miró directo, esperando algo. Cody abrió la boca... y no salió nada.

Las palabras subieron de tono rápido.

"¡¿Qué te pasa?!" gritó Gwen.

"¿Qué me pasa a mí?" respondió Courtney. "Tú no eres dueña de nadie."

"¡Es mi novio!" dijo Gwen.

"Y aún así estaba aquí," dijo Courtney.

El aire se volvió tenso, cargado, listo para romperse. Cody respiró hondo.

"¡YA!" gritó Cody.

El grito cortó todo. Ambas se quedaron en silencio, volteándolo a ver. Cody pasó la mano por su cabello, exhalando.

"Esto no se arregla así," dijo Cody.

Miró a Gwen primero. Se acercó un poco.

"...lo arruiné," dijo Cody.

Gwen lo miró, dolida, pero escuchando. Cody giró hacia Courtney.

"Hablamos mañana," dijo Cody, firme.

Courtney lo sostuvo en la mirada un segundo. No respondió. Cody volvió con Gwen y tomó su mano. Ella dudó, se resistió un poco, pero al final no la soltó.

"Vamos," dijo Cody.

Bajaron la escalera en silencio. Se perdieron entre los árboles. Courtney se quedó sola en la casa del árbol, quieta, mirando hacia donde se fueron. El enojo ya no estaba. Tampoco la sorpresa. Solo claridad. Cody no la rechazó de inmediato. No la frenó. Eso bastaba. Una pequeña grieta. Y Courtney no era de las que dejaban pasar eso.

"...interesante," murmuró Courtney.

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Ya en el suelo, Gwen explotó.

"¡¿Qué demonios fue eso?!" dijo Gwen.

Cody no respondió. Siguió caminando.

"¡Te estoy hablando, Cody!" dijo Gwen, alcanzándolo.

Nada. Cody seguía en silencio, con la mirada al frente. Gwen apretó el paso y se puso frente a él, obligándolo a detenerse.

"¡Mírame!" dijo Gwen.

Cody levantó la vista. Gwen no se contuvo. Le dio un golpe en el pecho, no fuerte, pero cargado.

"¿Qué fue eso?" repitió Gwen.

Cody soltó el aire.

"...lo arruiné," dijo Cody.

"¡Claro que lo arruinaste!" dijo Gwen. "¡¿En qué estabas pensando?!"

Cody no respondió de inmediato. Gwen volvió a golpearlo en el pecho.

"¡Siempre es lo mismo contigo!" dijo Gwen.

"Gwen—" empezó Cody.

"¡No!" lo cortó Gwen. "¡Escúchame tú!"

Respiraba agitado, molesta, pero ya no solo era enojo.

"¿Por qué siempre caes en esto? No eres estúpido, sabes cómo es Courtney, sabes lo que quiere," dijo Gwen.

Cody bajó la mirada un segundo. Gwen siguió.

"Entiendo si te agarra de sorpresa, ¿ok? Lo entiendo. Pero esto... esto era obvio desde el inicio," dijo Gwen.

Otro golpe en el pecho, más frustración que fuerza.

"¿Para qué fuiste con ella entonces?" dijo Gwen.

Silencio. Cody respiró hondo.

"No lo pensé," dijo Cody.

Gwen soltó una risa corta, sin humor.

"Claro. No pensaste," dijo Gwen.

Lo miró directo.

"¿Y yo qué?" dijo Gwen.

Eso sí lo hizo levantar la vista.

"¿Dónde quedo yo en todo eso?" dijo Gwen.

Cody abrió la boca... pero no salió nada. Gwen negó con la cabeza.

"Cuando todo parece ir bien... cuando siento que esto funciona... pasa algo así," dijo Gwen.

Su voz bajó un poco.

"¿Qué se supone que haga con eso?" dijo Gwen.

Cody dio un paso al frente. Dudó. Pero la abrazó.

"...lo siento," dijo Cody.

Gwen no lo apartó. Pero tampoco lo abrazó de vuelta. Cody cerró los ojos un segundo.

"Sé que la regué. Y no... no tengo una buena excusa," dijo Cody.

Se separó un poco, lo suficiente para mirarla.

"Pude haberme ido. Pude parar eso antes," dijo Cody.

Gwen lo miraba fijo. Esperando.

"Pero no lo hice," añadió Cody.

"No es porque la esté eligiendo a ella," dijo Cody. "No es eso."

Gwen entrecerró los ojos.

"Entonces qué es," dijo Gwen.

Cody dudó.

"...me dejé llevar," dijo Cody. "No pensé. Me quedé ahí... y pasó."

Gwen soltó el aire, frustrada.

"Sí. Suena horrible," dijo Gwen.

Silencio. Cody no se defendió. Gwen bajó la mirada un segundo... luego volvió a él.

"¿Y si esto sigue pasando? ¿Qué entonces?" dijo Gwen.

Cody no respondió de inmediato. Gwen dio un paso atrás.

"Si aquí, en este lugar... ya pasa esto, ¿qué va a pasar afuera?" dijo Gwen.

Su voz tembló un poco.

"¿Se supone que solo espere a que vuelva a pasar?" dijo Gwen.

Cody negó con la cabeza.

"No," dijo Cody.

Cody dio un paso hacia ella.

"Te quiero," dijo Cody.

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Gwen lo miraba, todavía dolida, pero escuchando. Cody sostuvo la mirada.

"Y sé que eso no arregla lo que pasó," dijo Cody. "Pero no estoy jugando contigo."

Gwen no respondió de inmediato. Respiraba más despacio, procesando. Molesta, confundida, pero ahí. Cody tampoco insistió. Solo esperó.

El silencio se quedó entre ellos, pesado. El viento movía las hojas sobre sus cabezas. Gwen bajó la mirada un segundo.

"...quiero creerte," dijo Gwen. Su voz ya no era enojo, era otra cosa.

Cody levantó la vista.

"Entonces hazlo," dijo Cody. "Pero no por lo que diga... por lo que veas."

Gwen soltó una risa corta, sin humor.

"Ese es el problema," dijo Gwen. "Lo que veo a veces no ayuda."

Cody no se defendió. Dio un paso más cerca, sin invadir, pero tampoco manteniendo distancia.

"Dime qué necesitas," dijo Cody.

Gwen lo miró directo, evaluándolo.

"No quiero palabras bonitas," dijo Gwen. "No ahora."

Cody asintió despacio.

"Está bien," dijo Cody.

Un par de segundos pasaron. Gwen sostuvo la mirada.

"Quiero sentir que estás aquí. Conmigo. No a medias, no distraído, no dudando," dijo Gwen.

Cody tragó saliva.

"Estoy aquí," dijo Cody.

Gwen negó apenas con la cabeza.

"No... eso es lo que dices," dijo Gwen. Dio un paso hacia él. La distancia se volvió mínima.

"Quiero que se note," dijo Gwen.

Cody no se movió. La miraba. De cerca. Gwen sostuvo ese momento un segundo más... y lo besó.

No fue suave. No fue tímido. Fue directo. Con todo lo que había quedado atorado antes. Cody se quedó quieto medio segundo, sorprendido. Pero esta vez reaccionó. Le devolvió el beso.

Gwen no se apartó. Al contrario, se acercó más. Sus manos se apoyaron en él, firmes, asegurándose de que no se fuera a ningún lado. El beso se volvió más intenso, más claro. Cody respondió. Ya no había confusión. Ya no estaba pensando en Courtney. Ni en nada más. Solo en lo que tenía enfrente.

Gwen se separó apenas, lo suficiente para mirarlo de cerca. Buscando algo. Cody no apartó la mirada. No dudó. Se quedó ahí. Con ella.

Gwen sostuvo esa mirada un segundo más. Algo en su expresión cambió. Menos enojo. Más decisión. Sus manos bajaron lentamente, tomando el borde de su ropa. Sin prisa. Sin apartar los ojos de él. Como si le estuviera dando la oportunidad de detenerla. De decir algo. De irse.

Cody no lo hizo. No dijo nada. No se movió. Solo la miró. Y se quedó.

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"No te atrevas a mirar a esa otra chica nunca más," le gruñó entre besos, pero sus palabras se perdieron en la boca de él. No era una orden, era una súplica disfrazada de rabia. Habían peleado, una discusión estúpida y ardiente, y el miedo a perderlo, a que alguien con curvas más convencionales se lo llevara, le corroía por dentro. Había tomado una decisión. Aquí. Ahora.

Cody respondió con un gruñido bajo, una vibración que ella sintió en los labios y en el pecho. Sus manos, enormes y marcadas por venas, se cerraron en sus caderas a través de la fina tela de su vestido negro, levantándola como si no pesara nada. Las piernas de Gwen se enroscaron instintivamente alrededor de su torso, sus botas militares anclándose en la espalda baja de él.

"Tú eres mi ahora, Gwen," murmuró él contra su boca, antes de hundir la lengua de nuevo. Su sabor era adictivo, salado y profundo. "Siempre."

Era verdad. En sus ojos oscuros, ella no veía a la chica gótica y delgada; veía un incendio que solo él podía apagar. Y ella estaba decidida a ser ese fuego.

Se separaron jadeando. Con movimientos urgentes, Gwen se bajó del vestido por los hombros, dejándolo caer hasta la cintura. No llevaba sujetador. Sus pechos, más generosos de lo que su figura esbelta sugería, se ofrecieron al aire fresco de la noche. Cody los contempló con una mezcla de reverencia y hambre voraz. Ya los conocía. Su boca ya los había explorado, sus manos ya los habían medido y amasado en noches anteriores de fricciones frenéticas y sexo oral bajo las sábanas. No había sorpresa, solo un reconocimiento profundo y un deseo que crecía exponencialmente.

"Te necesito," jadeó ella, sus dedos tirando de su camiseta por debajo. "Todo. Ahora."

Cody no necesitó que se lo pidiera dos veces. Se quitó la camiseta de un movimiento, revelando el paisaje imposible de su torso. No era solo musculoso; era una obra de fuerza sobrehumana. Cada abdominal, cada pectoral, cada deltoides estaba cincelado como si lo hubieran tallado en mármol vivo. Gwen sintió ese familiar vuelco en el estómago, esa mezcla de anhelo y de una pequeña, íntima intimidación. Su cuerpo era una catedral; el de ella, una capilla gótica y frágil a su lado.

Él la bajó con suavidad, haciendo que sus pies descalzos pisaran la alfombra de hojas secas. Luego, sin romper el contacto visual, desabrochó su propio cinturón y bajó la cremallera de sus vaqueros. Su pene, ya completamente erecto, saltó libre.

Gwen lo miró, y a pesar de conocerlo, de haberlo tenido en su boca hasta el fondo la semana pasada, de haber sentido su peso y su calor en sus manos, la vista aún le quitaba el aliento. Era monumental. Largo, sí, pero era el grosor lo que definía su existencia. Una columna de carne , palpitante, con venas gruesas que serpenteaban bajo la piel. La cabeza, grande y de un color intenso, brillaba con una gota de fluido claro.

"No tengas miedo," murmuró Cody, su voz era grave pero suave, mientras una de sus manos acariciaba su mejilla. "Yo te guío."

Ella asintió, tragando saliva. El miedo no era al dolor, sino a no estar a la altura, a no poder contener todo lo que él era. Se inclinó y tomó su pene con ambas manos. Sus dedos ni siquiera se tocaban al rodearlo. Lo guió hacia su entrepierna, donde ya estaba empapada, su propia excitación un testimonio húmedo y cálido de su necesidad.

Cody la ayudó, colocando un brazo firme detrás de su espalda para sostenerla. Con la otra mano, se guió a sí mismo, frotando la enorme cabeza contra sus labios sensibles, empapándola en su esencia. Gwen gimió, un sonido que se perdió entre los árboles.

"Relájate para mí, mi oscuridad," susurró él, besando su cuello, lamiendo el contorno de su tatuaje de telaraña. "Déjame entrar."

Y entonces, con una presión constante e imparable, comenzó a empujar.

Fue una invasión gloriosa y abrumadora. Gwen gritó, pero el grito se ahogó en el hombro de Cody. Sus uñas se clavaron en su espalda. Él avanzaba centímetro a centímetro, con una paciencia sobrehumana, deteniéndose cada vez que sentía que ella se tensaba, acariciándola, murmurándole palabras bajas y obscenas que la hacían derretirse por dentro.

"Dios... Cody... es demasiado..." gemía ella, pero sus caderas se movían en pequeños círculos, invitándolo a entrar más.

"Lo aguantas," gruñó él, su respiración se volvió más pesada. "Eres más fuerte de lo que crees. Mi chica fuerte."

Cuando por fin estuvo enterrado hasta el fondo, ambos quedaron inmóviles por un momento, jadeando. Gwen sentía que estaba siendo partida y rehecha a la vez. Lo sentía en cada rincón de su interior, llenando espacios que no sabía que existían. La sensación era tan intensa que rayaba en el dolor, pero un dolor dulce, necesario, que se fundía con el placer más puro que había experimentado.

"¿Estás bien?" preguntó Cody, su frente apoyada contra la de ella.

Ella asintió, incapaz de hablar. Sus ojos estaban llenos de lágrimas que no caían, de éxtasis puro.

Entonces, él comenzó a moverse.

No fue una embestida salvaje. Fue una demostración controlada de poder absoluto. Cada movimiento de sus caderas era deliberado, profundo, arrasador. Sostenía su peso con facilidad, levantándola ligeramente contra el árbol para encontrar el ángulo perfecto. Gwen era solo receptáculo y éxtasis, un instrumento en manos de un maestro que conocía su cuerpo mejor que ella misma.

La dominación no era psicológica; era puramente física, anatómica. Él la poseía, la llenaba de una manera que la hacía sentir diminuta y a la vez infinitamente poderosa, por ser la elegida para contenerlo.

"Aquí... ¿sientes aquí?" susurró él, cambiando el ángulo ligeramente, y de pronto una nueva ola de sensaciones electrizantes estalló en el interior de Gwen. Un gemido largo y tembloroso escapó de sus labios.

Cody sonrió, un destello de dientes blancos en la penumbra. "Eso es. Así me gusta. Grita por mí. Que todo el bosque sepa quién te hace sentir así."

Y ella gritó. Cada embestida cuidadosa pero profundísima la llevaba más cerca del borde. Él era incansable. Su resistencia era sobrehumana, un ritmo constante y demoledor que no daba tregua. Gwen se aferraba a él, sus piernas empezaban a temblar con el esfuerzo de mantenerse enroscadas, pero él no flaqueaba.

Una mano de Cody se deslizó entre sus cuerpos sudorosos, encontrando su clítoris hinchado y sensible. El contacto preciso, junto con la penetración implacable, fue la chispa final.

"¡Cody! ¡Voy a...!" su advertencia se quebró en un aullido.

Su orgasmo la golpeó como un tren. Un tsunami de sensaciones que la hizo arquearse violentamente, convulsionar alrededor de su pene, que no dejaba de moverse dentro de ella, prolongando cada espasmo, exprimiéndole hasta la última gota de placer. Los sonidos que salían de ella eran primitivos, desgarrados, mezclados con el nombre de él.

Verla desmoronarse así, sentir cómo su interior se apretaba y pulsaba alrededor de él, fue lo que quebró el control férreo de Cody. Un gruñido ronco rasgó su garganta.

"Gwen... dentro... tengo que..." fue todo lo que pudo articular.

Ella, en medio de su propio cataclismo, lo entendió. Lo atrajo más fuerte contra sí, hundiendo su rostro en su cuello. "Sí... adentro... tuyo... siempre tuyo..."

Esas palabras fueron su permiso, su consagración. Cody la embistió una, dos, tres veces más con fuerza bruta pero contenida, antes de hundirse hasta el fondo y quedarse allí, rígido. Gwen sintió el calor explosivo llenándola en pulsaciones largas y profundas, un torrente que parecía no tener fin, marcándola por dentro con su esencia.

Permanecieron así durante minutos eternos, entrelazados, jadeando contra el árbol, el sudor mezclándose. El bosque a su alrededor recuperaba sus sonidos: el viento en las hojas, un lejano canto de búho.

Finalmente, Cody se retiró con suavidad, sosteniéndola cuando sus piernas cedieron. La bajó hasta la manta que habían dejado caer antes sobre las hojas. Se tumbó a su lado. Su pene, aún erecto y brillante con sus fluidos mezclados, descansaba sobre su muslo.

Ella yacía boca abajo, con las piernas abiertas en ángulos amplios, como si se hubiera desplomado. Su rostro estaba oculto, de espaldas a el, y lo poco que pude ver estaba cubierto por su cabello negro, normalmente liso. Sus grandes pechos se desbordaban a los lados, presionando contra el suelo. Su espalda estaba resbaladiza por el sudor, y su piel pálida ondulaba lentamente y liquido blanco le bajaba de entre sus piernas. Si te acercabas escuchabas su respiración de alguien desmayada de placer

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Unos minutos depues.

Gwen trazaba círculos sobre el pectoral sudoroso de Cody, sintiendo el furioso latir de su corazón que poco a poco se calmaba.

"¿Estás bien?" preguntó él de nuevo, esta vez con una ternura ronca.

Ella alzó la vista para mirarlo. En sus ojos oscuros no había rastro de la pelea, ni de otras chicas. Solo había satisfacción profunda y esa posesividad amorosa que la hacía sentir segura.

"Nunca mejor," susurró, y era la verdad. Se sentía reclamada, poseída en el sentido más físico y glorioso posible. "Eres... increíble. Y enserio esa cosa jamás se bajara?" dijo Gwen señalando su miembro

Cody se rio para si mismo

Ella intento moverse de nuevo, pero sus piernas ya no le respondían.

Él la besó en la frente, un gesto sorprendentemente dulce. "Tú me llevas hasta donde quiero estar, Gwen. No pienses en otra cosa"

Y allí, en el suelo del bosque, con el olor a sexo y tierra envolviéndolos, Gwen supo que no lo perdería. No cuando podía darle esto. No cuando su cuerpo, aunque no fuera sobrehumano, podía recibir el suyo y convertir la potencia brutal en un éxtasis compartido. 

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