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Chapter 34 - ¡Esta es la verdadera Busujima Saeko!

NOTA: ¡AQUÍ EL CAPITULO DE HOY CHAVALES, NO OLVIDEN DEJAR SUS PIEDRAS DE PODER!

Subieron juntos por las escaleras. El silencio del hotel era inquietante. Cada paso resonaba en los pasillos elegantes, ahora manchados de sangre seca y huellas arrastradas.

En el tercer piso, un zombi salió tambaleándose desde una habitación. Saeko se adelantó sin esperar orden alguna, con un tajo decidido aplastó el cráneo del zombie.

 

¡Shk!

Otro emergió desde el fondo del pasillo. Takeshi reaccionó al instante. Con un solo movimiento de desenvaine, la hoja de su katana brilló en el aire: el brazo izquierdo extendido del zombi salió volando.

Sin darle tiempo a reaccionar, y con una velocidad aterradora, el derecho lo siguió un instante después.

El zombi cercenado gruñía sin parar, la mandíbula chasqueando de forma grotesca mientras avanzaba con violencia. Antes de que pudiera acercarse un paso más, Takeshi trazó un corte limpio y preciso. La cabeza se desprendió del cuello y rodó por el suelo mientras la sangre salpicaba.

Todos los movimientos impecables, letales ocurrieron en menos de dos segundos. En el cuarto piso, tres zombis los emboscaron desde una sala de conferencias.

—Izquierda —dijo Takeshi.

Saeko ya estaba allí.

Su espada descendió una y otra vez, rápida, precisa… demasiado precisa. Uno de los zombis cayó, luego otro. El tercero ya estaba muerto cuando Saeko volvió a atacarlo, atravesándolo una vez más.

—Saeko-san —dijo Takeshi con calma—Ya está.

Ella se detuvo, respiraba con fuerza. Sus manos temblaban levemente y sus ojos brillaban con un destello extraño, también no pudo evitar mirar a Takeshi unas cuantas veces más con demasiada admiración.

"El manejo de la espada de sensei es mejor que el mío...probablemente mejor que el de padre"

.....

El silencio del pasillo duró apenas unos segundos. Entonces, un golpe seco resonó desde el fondo del quinto piso.

¡BAM!

Una puerta se abrió de golpe y tres zombis salieron tambaleándose al mismo tiempo. Detrás de ellos, otros dos comenzaron a arrastrarse desde las escaleras de servicio, atraídos por el ruido del combate previo.

—Cinco —murmuró Takeshi— Vienen ten cuidado Saeko-san!

Saeko no respondió, sus pies ya se movían.

Avanzó como una flecha, esquivando el primer ataque con un giro elegante del cuerpo. Su espada descendió en diagonal, aplastando el cráneo del primer zombi.

El segundo intentó aferrarse a su brazo, pero Saeko giró la muñeca y lo atravesó por la garganta con una fuerza descomunal.

Sin embargo, el tercero logró empujarla, Saeko retrocedió un paso, demasiado poco. Desde las escaleras, los otros dos zombis se abalanzaron al mismo tiempo.

—¡Saeko! —advirtió Takeshi.

Ella reaccionó, pero su movimiento fue demasiado agresivo. aplasto al de la derecha, pero el de la izquierda logró sujetarle el antebrazo.

Saeko gruñó, furiosa, le clavó la espada una, dos veces… pero el agarre no cedía.

El zombi abrió la boca, a centímetros de su cuello.

"Mierda que chica tonta, está demasiado impaciente!"

Había pasado un tiempo desde que habían comenzado a limpiar el hotel, conforme el combate se alargaba por alguna razón que desconocía Saeko se volvía más impaciente y temeraria como si quisiera morir o algo así.

—¡Suéltala!

Takeshi apareció de la nada, su katana atravesó la cabeza del zombi con un golpe brutal, alejandoló de Saeko.

Antes de que el cuerpo tocara el suelo, Takeshi giró sobre sí mismo y lanzó una patada directa al pecho del último zombie que se acercaba a su izquierda.

Crack!

Debido a la fuerza del impacto, un sonido de huesos crujiendo resonó por el pasillo, claramente Takeshi había destrozado las costillas del zombie, antes de que este pudiera levantarse y continuar arremetiendo, Takeshi con ojos fríos deslizó la hoja de la katana y partió la cabeza del zombie en dos.

Silencio.

Saeko permaneció inmóvil, respirando con fuerza. Sus ojos estaban muy abiertos. Su pulso, acelerado. Takeshi se acercó sin bajar la guardia.

—¿Estás herida?

Ella negó con la cabeza… pero sus manos temblaban. —No —respondió—Solo… fue descuido.

Takeshi la observó con atención dudando en hablar, pero al final optó por hacerlo—No fue descuido Saeko-san, estás demasiado impaciente.

Saeko apretó los dientes, por alguna razón desde que se dió cuenta de que Takeshi había notado su anormalidad, sus emociones se habían vuelto más erráticas e impacientes.

—Sensei, no necesito que...

¡CRASH!

El suelo tembló. Desde el ala opuesta del piso, una puerta de emergencia fue derribada. Cuatro zombis más emergieron, y detrás de ellos, uno especialmente grande, aún con un traje elegante desgarrado, avanzó con pasos pesados.

—Después hablamos —dijo Takeshi con voz solemne —Ahora, espalda con espalda.

—Déjame el grande. Encárgate de los pequeños.

Saeko asintió sin dudar, esta vez no avanzó esperó.

El zombi obeso lanzó un rugido húmedo y cargó, el suelo vibrando bajo su peso. La masa de grasa y carne putrefacta embistió como un ariete descontrolado.

Takeshi dio un paso al frente, no esquivó y lo enfrentó de frente. El choque fue brutal. Sus botas chirriaron sobre el concreto mientras sus brazos se tensaban como cables de acero. El impacto le sacudió los huesos, le recorrió los hombros, le hizo crujir los dientes… pero no cayó.

—Tsk… —escupió aire por los dientes realmente mi fuerza no ha llegado al punto de aplastarlo todo de frente....realmente es doloroso y huele asquerosamente mal.

Con un gruñido, empujó. La diferencia de fuerza fue absurda: el zombi, que debía aplastarlo, fue forzado a retroceder medio metro, tambaleándose, desorientado.

—¡Ahora! —rugió Takeshi.

Saeko ya estaba en movimiento. Se deslizó baja, elegante, casi rozando el suelo. Su katana describió un arco preciso. La fuerza de su golpe destrozó el tendón y el hueso del tobillo fácilmente.

El zombi cayó de rodillas con un bramido grotesco, Takeshi no desperdició ni un segundo.

Levantó su katana con ambas manos y cortó con violencia en la base del cráneo. El golpe fue definitivo. El cuerpo se desplomó como un saco de carne.

Pero no había tiempo para celebrar, los otros zombis ya estaban encima. Uno se lanzó desde la derecha, otro desde el frente. Takeshi giró, cortando a uno por el cuello, pero el segundo fue más rápido. Sus uñas rasgaron el hombro de Takeshi arrancando la tela.

—¡Mierda…estuvo cerca!

Al sentir el toque que casi rasga su carne Takeshi sintió un sudor frío recorriendole la espalda, afortunadamente sus reflejos eran buenos y logró moverse un poco.

Saeko quién vio esto pensó que Takeshi había sido lastimado y algo cambió dentro de ella. Su mirada se volvió fría y llena de intenciones asesinas.

—¡Takeshi-sensei!

Se lanzó sin pensar. Lo empujó con el hombro, sacándolo del alcance del siguiente ataque. El golpe la alcanzó a ella de refilón, desgarrándole un poco la blusa dejando al descubierto un poco de piel blanca.

Pero Saeko no se detuvo, giró sobre sí misma, usando el impulso del golpe, y su espada descendió en un corte perfecto. El cráneo del zombi fue aplastado con los globos oculares saliendo disparados por el impacto, el cuerpo cayendo sin vida antes de tocarla de nuevo.

El último zombi avanzó pero no llegó lejos.

Takeshi avanzó con pasos rápido. Con un solo movimiento, partió el craneo del zombi de un tajo diagonal. La criatura cayó antes de comprender que estaba muerta.

Silencio, solo respiraciones agitadas. Ambos quedaron jadeando, cubiertos de sangre de zombie y sudor. Takeshi apretó el puño, sintiendo aún el temblor del impacto. Saeko en cambio limpió la sangre de su katana de madera con un movimiento experto.

En este punto todos los zombies del hotel habían sido limpiados.

....

Saeko estaba sentada, recargada contra la pared fría del pasillo, con la mirada perdida en algún punto indefinido. Su respiración ya se había calmado, pero sus ojos seguían inquietos, como si aún escuchara los ecos del combate.

Takeshi lo notó, sin decir nada, se acercó y se sentó a su lado, dejando una distancia prudente. Sacó una botella de la nada y la agitó suavemente.

—Yooo, Saeko-san… ¿quieres una? —le ofreció la botella con una sonrisa.

Saeko dudó, miró la botella, luego a Takeshi… y después apartó la vista. Pasaron unos segundos antes de que finalmente extendiera la mano y la tomara.

—Gracias… —murmuró.

Abrió la botella y comenzó a beber. El sonido del agua rompiendo el silencio era casi reconfortante. Takeshi no dijo nada de inmediato; dejó que terminara, que se calmara un poco más.

Cuando Saeko bajó la botella, Takeshi habló.

—Saeko-san… —su tono era suave, pero directo— ¿por qué a veces pareces… como si quisieras morir?

La pregunta cayó pesada, Saeko se quedó completamente inmóvil. Sus dedos se tensaron alrededor de la botella.

Durante unos segundos, solo se escuchó su respiración. Luego, dejó escapar una risa corta, seca… sin humor.

—Así que… si lo notaste sensei —susurró.

Takeshi asintió lentamente —Bueno... siempre he sido bastante observador.

—Ya veo— continuó — Es solo que… realmente me siento una persona indigna.

Takeshi levantó una ceja y esperó a que Saeko continuará.

—Hace cuatro años…me atacaron una noche, cuando volvía a casa. Un hombre pensó que era una chica indefensa. Pensó que podía hacer conmigo lo que quisiera.

Sus labios se apretaron pero incluso en este momento Takeshi podía ver la emoción en los ojos de Saeko.

—Yo llevaba una espada de madera en ese momento. La usaba para entrenar… y ese día había salido del dojo.

Hizo una pausa breve.

—No recuerdo cuántas veces lo golpeé.

La botella crujió levemente bajo la presión de sus dedos.

—Solo recuerdo el sonido, el impacto. Su respiración volviéndose irregular. El miedo en sus ojos. La policía dijo que actué en defensa propia. Me dejaron ir. Dijeron que era una víctima y que no había cargos.

Saeko soltó una risa amarga. —Pero nadie me preguntó… por qué yo estaba temblando después, no me malinterprete sensei no era miedo...Era otra cosa.

Levantó la mirada hacia él por primera vez desde que empezó a hablar.

—Me sentía… viva estaba más llena de emoción que nunca

El peso de esas palabras llenó el pasillo.

—Me di cuenta esa noche —dijo con el rostro distorsionado — de que había una parte de mí que disfrutaba infligir dolor. Ver cómo alguien se quebraba y era destrozado por mi espada.

Desvió la mirada de nuevo, avergonzada.

—Desde entonces, siempre he tenido miedo de mí misma.

Takeshi no interrumpió, el silencio continuó a Saeko pareció no importarle y continuó después de una pausa larga.

—Y ahora… —dijo, mirando sus manos manchadas de sangre seca— ahora el mundo se volvió un infierno. Y ese lado mío… ya no tiene que esconderse sensei.

Levantó la mirada hacia Takeshi, sus ojos brillando con algo peligroso y diferentes emociones al mismo tiempo.

—Cuando peleo contra esas cosas… no tengo que fingir. No tengo que contenerme. Y una parte de mí… quiere que nunca se acabe.

El silencio se instaló durante varios minutos sin aparentemente querer terminar... pero repentinamente.

El rostro de Saeko se distorsionó lentamente, como si la máscara que había llevado durante años comenzará a resquebrajarse.

Se inclinó hacia adelante, acortando la distancia entre ambos hasta quedar peligrosamente cerca de Takeshi. Sus ojos azules oscuros y brillantes, se clavaron en los de él.

—¿Mira… no te parece una broma? —susurró—La amable senpai, impecable, intachable, perfecta de la preparatoria… ¿esa soy yo?

Su voz temblaba, pero no de miedo si no de algo más profundo.

—¿Y si te dijera… si te dijera que todo eso es solo una fachada? —continuó—Una fachada que usé para ocultar lo que realmente soy…

Apretó los dientes, como si cada palabra le costará arrancársela del pecho.

—Dime, Takeshi-sensei… ¿no te parece ridículo?

Se llevó una mano al rostro, cubriéndose los ojos por un instante, y luego la bajó bruscamente.

—Esta es la verdadera Busujima Saeko —dijo, con una sonrisa torcida —Aterradora y desagradable.

Se inclinó aún más las puntas de sus narices casi tocándose, su voz bajando hasta convertirse casi en un susurro peligroso.

—Tal vez… tal vez algún día mis impulsos se descontrolen —susurró—Y mientras duermes…

Sus ojos brillaron con una mezcla de desafío y pánico. —…te asesine sensei.

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