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Chapter 45 - ¡Tiempo de relajarse, ¿Meiko tiene tendencias exhibicionistas?!

NOTA: CHAVALES ESPERO LES GUSTE ESTE CAPITULO, ¿LES ESTA GUSTANDO? CIERTAMENTE ESPERO QUE SI, PREPARENSE PARA MUCHO SMUT DE AQUÍ EN ADELANTE XD..... ¡¡¡¡¡¡¡POR CIERTO DEJEN ESAS PIEDRAS DE PODER NO SEAN TACAÑOS CON ESTE JOVEN MAESTRO!!!!!!

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Al escuchar la vibrante voz de Takeshi resonando en el recinto de la piscina, todos los presentes se giraron de inmediato hacia la entrada. La más entusiasmada, sin lugar a dudas, fue Shizuka Marikawa.

—¡Takeshi-kuuuun! ¡Por fin llegaste, te extrañé muchísimo! —exclamó la hermosa enfermera con una alegría desbordante en cuanto divisó la figura del joven.

Sin pensarlo dos veces, Shizuka salió disparada de la piscina, levantando cascadas de agua a su paso, y se abalanzó directamente hacia Takeshi como un tigre hambriento bajando de la montaña.

Takeshi quedó completamente sin palabras ante la escena. Esta mujer era absurdamente descuidada; si corría de esa manera sobre los azulejos mojados, era inevitable que resbalara y se rompiera algún hueso.

Reaccionando con reflejos ágiles y precisos, dejó sobre una mesita las bolsas que llevaba y la parrilla a un lado y la atrapó en el aire, acogiendola firmemente entre sus brazos.

—Shizuka, deberías tener mucho más cuidado... Sería realmente malo que te cayeras y te lastimaras —dijo Takeshi con un tono indefenso, sintiendo de lleno la increíble suavidad de los pechos de Shizuka presionándose contra su pecho.

Shizuka, lejos de asustarse, se acomodó como un gatito mimado y comenzó a frotarse cariñosamente contra su cuello, aspirando su aroma con los ojos entrecerrados.

—Hmmmmm... Lo siento, Takeshi-kun —murmuró con una voz suave y juguetona. Sin embargo, su disculpa sonaba más a un mero formulismo para calmarlo que a un arrepentimiento real.

Takeshi no pudo evitar sentirse impotente. A Shizuka sus advertencias le entraban por un oído y le salían por el otro. Al final, soltando un largo suspiro de resignación, le acarició con ternura el cabello rubio y mojado.

A un lado de la escena, Saya, quien acababa de salir del agua, observaba la interacción con los ojos desorbitados y una expresión sumamente extraña en el rostro. Frunciendo el ceño, no pudo contener su curiosidad sobre lo sucedido anteriormente.

—Sensei... ¿dónde estabas metido? —preguntó a Saya con una mirada cargada de interrogantes, cruzándose de brazos.

—Oh, bueno, estaba limpiando los cadáveres de los zombies en los pisos para despejar el área. Además, siguió todo esto para organizar una pequeña parrillada —explicó Takeshi con una leve sonrisa de satisfacción.

Saya arrugó levemente las cejas y se preparó para decir algo más, probablemente para cuestionar su tardanza.

Sin embargo, las orejas de Shizuka parecieron dar un respingo y levantaron la vista de inmediato del amplio pecho de Takeshi. En cuanto la palabra "comida" cruzó el aire, la actitud de Shizuka cambió rígidamente, volviéndose la más entusiasmada del grupo.

—¿En serio? —preguntó Shizuka con los ojos brillando a tal punto que parecían dos deslumbrantes estrellas.

—Por supuesto —respondió Takeshi, esbozando una sonrisa confiada.

—¡Eso es genial, Takeshi-kun! ¡Tengo muchísimo hambre! —exclamó eufórica, colgándose fuertemente de su cuello y comenzando a besarle las mejillas de manera repetida y efusiva.

—¡B-Bah! ¡Ya basta, Shizuka-sensei! —Saya, al ver semejante demostración pública de afecto, sintió que le estaban dando "comida para perros" en la cara y se sintió extremadamente incómoda.

Llena de celos mal disimulados, sujetó a Shizuka por la cintura y comenzó a tirar de ella hacia atrás, iniciando una absurda competencia de tira y afloja.

—Moooh, Saya, ¿qué haces? ¿Acaso estás celosa? —Shizuka se aferró con más fuerza al cuello de Takeshi, haciendo un puchero y hablando con un tono divertido y burlón.

—¡O-Oye! ¡Claro que no! ¡¿Pero qué cosas dicen, Shizuka-sensei?! —respondió Saya de inmediato, con las mejillas ardiendo en un rojo carmesí y tartamudeando visiblemente—. ¡Es solo que no deja que el sensei haga lo que tiene que hacer! ¿Acaso no tienes hambre?

—Hmmmmmm... —Shizuka se soltó finalmente del cuello de Takeshi, se llevó un dedo a la barbilla y ladeó la cabeza con una mirada algo tonta—. Oh... supongo que tienes razón.

Ante semejante interacción, Takeshi se limitó a contemplar el espectáculo con una sonrisa entretenida. Le parecía una escena sumamente divertida y tierna. Dando una fuerte palmadita con las manos para llamar la atención de ambas, logró que lo miraran.

—En todo caso, déjenme prepararme primero —dijo Takeshi mientras comenzaba a organizar los utensilios.

Cabe destacar que, antes de bajar del piso superior donde estaba con Saeko, Takeshi ya se había cambiado de ropa, poniéndose un traje de baño que había encontrado en la suite de lujo.

Consistía en un short de playa cómodo, unas sandalias blancas y una camisa de manga corta del mismo color, ligera pero ajustada.

Afortunadamente, el área de la piscina del hotel estaba en gran parte techada, pues de lo contrario los rayos del sol les habría quemado la piel a todos en cuestión de minutos.

Sin embargo, debido a lo ajustado de su camisa blanca, la imponente estructura muscular de su pecho y sus marcados abdominales se traslucían con total claridad.

Esa era la verdadera razón por la que Shizuka se había mostrado tan entusiasmada al recibirlo: frotarse contra ese amplio y duro pecho y sentir la firmeza de sus músculos era lo que más le gustaba en el mundo.

Mientras Takeshi encendía el carbón con destreza, Saya lo observaba a un lado con cierto escepticismo implícito en la mirada.

—Sensei... ¿en realidad sabes lo que estás haciendo? —preguntó con cautela.

—Hmmmm, ¿a qué te refieres exactamente, Saya-san? —respondió Takeshi sin apartar la vista de las brasas que comenzaban a chisporrotear.

—Bueno... me refiero a si realmente sabes cocinar —dijo la chica con genuina curiosidad, siguiendo con la mirada atenta a cada uno de sus movimientos.

—Oh, a eso te refieres. Bueno, ciertamente sé defenderme bastante bien. Además, hacer una parrillada no es algo difícil, cualquiera con un poco de práctica puede hacerlo —contestó Takeshi encogiéndose de hombros.

El protagonista no estaba mintiendo en lo absoluto. Siempre había poseído buenas habilidades culinarias. Después de todo, durante la mayor parte de su vida, tanto en su anterior como en esta, había vivido solo, lo que lo obligó a valerse por sí mismo en la cocina.

Con el tiempo, no solo aprendió por necesidad, sino que llegó a inscribirse en varios cursos culinarios por mero pasatiempo. Aunque sus platillos no alcanzaban el nivel de un chef de estrellas Michelin, Takeshi podía decir con orgullo que su sazón era más que suficiente para alimentar a estas chicas.

— ¿Puedo ayudarte en algo, sensei? —una voz suave, profunda y cargada de elegancia resonó en su costado.

Al girar la cabeza, Takeshi se topó de frente con Saeko, y al verla, no pudo evitar tragar saliva con verdadera dificultad.

La razón de su reacción residía por completo en el atuendo que llevaba. Saeko vestía un bikini de playa clásico de un color morado intenso que creaba un contraste deslumbrante con su piel blanca como la porcelana.

Su largo cabello púrpura estaba recogido en una coleta larga con dos mechones de cabello a los costados de su rostro, sumado al leve rubor que había en sus mejillas simplemente todo ello hacían ver a Saeko sencillamente espectacular.

Al notar la mirada fija de Takeshi y cómo este se había quedado congelado sin reaccionar, las mejillas de Saeko se tiñeron de un rojo mucho más intenso.

Aunque sentía una timidez natural, en su interior sentía un profundo orgullo; Después de todo, se había tomado bastante tiempo para elegir meticulosamente ese traje de baño pensando en él.

—Pervertido... —susurró Saya en voz baja al presenciar la descarada reacción de Takeshi.

En ese mismo instante, Saya sintió de muy mal humor. Un sentimiento amargo la invadió al darse cuenta de que Takeshi no había reaccionado de esa manera tan evidente cuando la vio a ella en traje de baño. Por primera vez en su vida, Saya se sintió insegura respecto a su propia apariencia.

Sin embargo, rápidamente sacudió la cabeza negando para sus adentros: «¡Espera, espera! ¿Por qué demonios me siento mal por esto?... ¡A mí no me importa en lo absoluto lo que piense este pervertido!» , se dijo a sí misma en un intento desesperado por proteger su orgullo.

Takeshi tosió falsamente para disipar la vergüenza y recuperar el control de inmediato. Por supuesto, no pasó por alto la evidente cara de engaño que puso Saya por el rabillo del ojo. Decidido a arreglarlo, levantó un pulgar hacia ella y le dirigió una sonrisa cálida.

—Tú también te ves increíble, Saya-san.

Takeshi realmente no mentía. Saya, vestida con ese traje de baño de un color rosado vibrante que resaltaba a la perfección cada curva de su joven figura, sumado a los lentes que nunca se quitaba, lucía deslumbrante.

Tenía ese aire inconfundible de una "chica genio cautivadora" que, combinado con su peculiar peinado de dos bollos a los lados de la cabeza, la hacía verse absurdamente linda e irresistible a la vista.

—¡S-Sensei tonto! ¡¿Quién pidió tu opinión?! —exclamó Saya al ser halagada de forma tan repentina. Apresurándose a refutarlo para ocultar su desconcierto, dio media vuelta a toda prisa y corrió de regreso a la piscina, donde Shizuka se había ido momentos antes para jugar con Mai.

Mientras se alejaba, las mejillas de Saya ardían en un tono sonrosado y su corazón latía locamente en su pecho.

Al ver su reacción, Takeshi se quedó sin palabras, pensando en lo auténticamente tsundere que podía llegar a ser Saya.

—Eres bastante popular, sensei... —comentó Saeko con una leve sonrisa cómplice.

Takeshi no supo exactamente qué respondió para defenderse y prefirió desviar la conversación.

—¿Qué cosas dices?... En todo caso, ya que te ofreciste tan gentilmente a ayudarme, échame una mano sazonando estos cortes de carne.

Al escuchar la petición, Saeko dejó de lado las burlas, acercándose con docilidad y comenzó a seguir meticulosamente cada una de las instrucciones de Takeshi para preparar los alimentos.

Poco después, el humo aromático y el chisporroteo de la carne al contacto con el carbón se expandieron por toda la gran estancia de la piscina.

El exquisito aroma invadió el aire, provocando que los estómagos de todas las chicas presentes rugieran al mismo tiempo. En sus mentes, solo había un pensamiento unánime:

«¡Dios mío, esto huele increíble!».

Aparte de la carne principal, Takeshi preparó salchichas jugosas asadas al carbón, quesadillas doradas y cortes múltiples bien marinados además de por supuesto vegetales para acompañar.

En cuanto todo estuvo listo, Takeshi y Saeko comenzaron a distribuir los platos a las hambrientas chicas.

—¡Increíble! ¡Está absolutamente delicioso! —exclamó Shizuka devorando su porción a grandes bocados.

Saya, quien estaba sentada a su lado, hizo un pequeño puchero al ver la falta de modales de su maestra.

—Shizuka-sensei, deberías comer más despacio, ¿qué va a pasar si te atragantas? —regañó Saya justo antes de probar su propio bocado. Al degustarlo, sus ojos se abrieron ligeramente.

—Ciertamente... tiene muy buen sabor.

—¡Vaya, sensei! Tampoco sabía que tenías habilidades culinarias tan avanzadas —lo elogió Rei Miyamoto con absoluta sinceridad. No estaba exagerando en lo absoluto; la comida estaba tan exquisita que no le envidiaba nada a los restaurantes de alta gama a los que había ido en el pasado.

Sakurajima Mai, a su lado, se acercó con un entusiasmo silencioso pero evidente. Al mismo tiempo, Rei no pudo evitar sentirse profundamente conmovida y maravillada en su corazón.

Takeshi-sensei era verdaderamente como un vehículo 4x4 todo terreno: no importaba la situación ni el desafío que se le presentara, parecía ser capaz de hacer absolutamente cualquier cosa a la perfección.

Takeshi se rascó la mejilla con cierta timidez.

—Jajajaja, para nada, no es para tanto. Solo son unas pequeñas habilidades básicas, nada del otro mundo.

En ese preciso momento, Meiko se acercó en silencio, extendiendo su plato vacío hacia él y se le quedó mirando fijamente.

Al presenciar la escena, Takeshi se quedó completamente sin palabras. Esta rutina se había repetido ya varias veces en los últimos minutos, por lo que entendía a la perfección lo que la chica quería.

Había perdido la cuenta de cuanto había comido Meiko hasta ahora, para ser sincero parecía no tener un fondo en el estómago.

Takeshi se preguntó internamente a dónde demonios se iba todo lo que comía, pues a pesar de consumir cantidades astronómicas, Meiko no parecía ganar ni un solo gramo de grasa.

Luego, como si hubiera comprendido la ley de conservación de la materia, bajó la mirada de manera inevitable hacia su pecho, específicamente hacia esos dos imponentes bollos de carne.

Meiko, al percatarse de hacia dónde se dirigían sus ojos, frunció levemente el ceño y habló con la mirada entrecerrada y peligrosa.

—Sensei... ¿por qué tengo el firme presentimiento de que estás pensando en algo extremadamente grosero y vulgar en este momento?

Cabe destacar que el traje de baño de Meiko era, con diferencia, el más revelador y atrevido de todos los presentes.

De no ser por dos pequeños rectángulos de tela que cubrían lo estrictamente necesario en sus exagerados pechos y un bikini de hilo en la parte de abajo que parecía estar a punto de reventar por la tensión de su gran trasero, Meiko estaría prácticamente desnuda en medio del lugar.

Takeshi llegó a reflexionar internamente si la chica no poseía ciertas tendencias exhibicionistas. Además de esto estaba maravillado, la magnitud de sus pechos en ese traje de baño si es que lo era, eran tan exagerados que en este momento parecían superar incluso a los de Shizuka.

«¡No, no, no! ¿En qué demonios estoy pensando?... ¡Este no es el momento para distraerse con eso!» , se reprendió Takeshi mentalmente.

Recuperando una expresión seria y totalmente normal, Takeshi le respondió con una sonrisa refinada.

—Meiko-san, no sé de qué estás hablando. Simplemente me alegra mucho ver que te ha gustado tanto mi comida.

Mientras respondía, tomó las tenazas y sirvió en su plato un generoso trozo de carne adicional, acompañado de una salchicha bien asada y varias verduras a la parrilla.

—Hmph... Lo que diga, sensei —Meiko dio media vuelta y se alejó del lugar con su plato lleno para reunirse con Saeko. Sin embargo, justo antes de perderse de vista, susurró en un tono casi inaudible.

— En realidad... sabe muy bueno...

Aunque lo dijo casi para sí misma, los agudos sentidos de Takeshi captaron las palabras con claridad, haciendo que una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujara en su rostro.

Entre risas, charlas animadas, excelente comida y bebidas frías, el grupo disfrutó de un momento de paz verdaderamente inolvidable en medio del apocalipsis. Incluso Mai quien estaba algo traumada por todo lo sucedido recuperó el ánimo tras charlar con Shizuka, Rei y las demás chicas.

Pasado un buen rato, todos habían terminado de comer. Takeshi, sintiendo cómo el calor acumulado del ambiente y el humo de la parrilla le pasaban factura, miró el agua cristalina de la piscina y sintió enormes ganas de darse un chapuzón.

Aunque los rayos directos del sol no los golpeaban gracias al techado, la temperatura ambiente seguía siendo bastante alta. Sumado al esfuerzo que había hecho cocinando frente a las brasas, estaba cubierto por una fina capa de sudor.

Meterse al agua en ese estado no sería nada higiénico para los demás, por lo que decidió dirigirse a la zona de duchas y regaderas para asarse rápidamente antes de nadar.

—Voy a lavarme un poco el sudor y volveré enseguida —le dijo Takeshi a Saeko, quien se encontraba reclinada en una tumbona a su lado, luciendo unas elegantes gafas de sol y disfrutando de una naranjada fría.

Saeko bajó ligeramente sus gafas y lo miró con una dulce sonrisa. —De acuerdo, no tardes demasiado, sensei.

Takeshi avanzó levemente se levantó y caminó en dirección a los vestidores y regaderas. Poco después de que la figura del protagonista desapareciera tras el pasillo, Takagi Saya permaneció pensativo durante unos segundos en su tumbona y, finalmente, se puso de pie decidido a seguirlo en secreto.

Shizuka, quien parecía estar al borde del sueño sobre su propia tumbona, reaccionó de inmediato al movimiento y preguntó con voz adormilada y perezosa:

—Eh?... Saya, ¿a dónde vas con tanta prisa?

—Oh, bueno... Shizuka-sensei, solo necesito ir urgentemente al baño —inventó Saya la primera excusa que se le vino a la mente para restarle importancia a sus verdaderas intenciones.

—Oh... entiendo —respondió Shizuka asintiendo lentamente mientras cerraba los ojos de nuevo.

Sin embargo, no fue sino hasta varios segundos después de que Saya se marchara que la lenta mente de Shizuka procesó lo que sucedió: Saya no se había dirigido en absoluto hacia la zona de los sanitarios.

lamentablemente para la distraída mujer, ya era demasiado tarde para decir una sola palabra o detenerla, pues Saya ya se había esfumado por el pasillo directo hacia las duchas.

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