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Chapter 20 - Capítulo 18: El Descenso de los Ángeles Caídos

La gravedad es un juez implacable. A diez mil metros sobre el nivel del Mar Azul, el Castillo de Pangea se veía como una corona rota de mármol blanco, retrocediendo rápidamente mientras Malfurion y Linlin caían al abismo. El viento a esa altura no soplaba; golpeaba como láminas de acero frío, desgarrando los vendajes improvisados y haciendo que la sangre que brotaba de sus heridas se congelara en cristales rojos antes de dispersarse en la niebla.

​Malfurion Stormrage, con sus 3.50 metros de cuerpo herido, mantenía sus dedos de madera de Adam clavados en la cintura de Linlin. Su estómago, atravesado por la estocada final de Garling, supuraba una mezcla de savia dorada y sangre oscura. Su visión se tornaba borrosa, cada parpadeo era una lucha contra la oscuridad total. A través de su Mori Mori no Mi, sentía que su conexión con la tierra se había cortado, dejándolo solo con la energía residual de sus propias células, las cuales se estaban marchitando como hojas en invierno.

​— ¡Linlin! —gritó Malfurion, pero su voz fue devorada por el rugido del viento—. ¡No te duermas! ¡Si pierdes la conciencia, las frutas se perderán en el mar!

​Charlotte Linlin, cuya estatura monumental la hacía caer con la velocidad de un meteoro, tenía el brazo derecho colgando como un peso muerto. La herida en su abdomen era un pozo de dolor que amenazaba con apagar su fuego interior. Sin embargo, en su mano izquierda, apretaba con una fuerza sobrenatural el cofre que contenía la Hie Hie, la Fénix y la Zarpa. Sus ojos, antes llenos de una soberbia infinita, ahora reflejaban un instinto de supervivencia animal.

​— ¡No voy a morir... en este agujero de aire! —rugió ella, aunque sus labios estaban azules por la falta de oxígeno—. ¡Malfurion, haz algo! ¡El impacto nos convertirá en polvo!

​El Sacrificio del Rey Errante

​Malfurion sabía que Linlin tenía razón. A la velocidad que caían, el agua del mar sería tan dura como el concreto. Necesitaban frenar, pero no tenían energía para volar. En un acto de desesperación absoluta, Malfurion utilizó la técnica más peligrosa de su Mori Mori no Mi: la auto-fusión biológica.

​— Mori Mori no Mi: El Capullo de Yggdrasil.

​Ignorando el dolor de su columna fracturada, Malfurion obligó a su cuerpo a expandirse. Sus costillas se alargaron y se curvaron hacia afuera, transformándose en raíces gruesas y flexibles que envolvieron a Linlin. No era una protección común; Malfurion estaba convirtiendo su propia biomasa en un escudo de impacto. Su piel esmeralda se endureció hasta alcanzar la densidad del hierro, y de su espalda brotaron miles de filamentos delgados que intentaron agarrarse al aire, creando una resistencia aerodinámica.

​— ¡Malfurion, te vas a romper! —gritó Linlin desde el interior del capullo de raíces.

​— ¡Aguanta el alma del barco, Linlin! —respondió él, con sus ojos brillando con el último residuo de su Jugo de la Vida—. ¡Llama al Yggdrasil! ¡Usa tu voz!

​El Grito que Sacudió el Océano

​Linlin cerró los ojos y concentró todo el poder de su Soru Soru no Mi. No buscó robar almas, sino proyectar la suya. Emitió un grito de frecuencia espiritual que se expandió por kilómetros sobre la superficie del agua. Fue una orden absoluta de la Reina de las Almas hacia su creación más amada: el Yggdrasil Errante.

​A tres millas de la base de la Red Line, el barco sintió el llamado. La madera de Adam del navío gimió y las velas se tensaron sin viento. Impulsado por la voluntad de su creador y el alma infundida por Linlin, el barco realizó una maniobra suicida, encendiendo sus propulsores de emergencia y dirigiéndose hacia la zona de impacto.

​El Choque contra la Realidad

​El impacto no ocurrió en el agua, sino contra la red de seguridad de lianas que el Yggdrasil Errante extendió frenéticamente en el último segundo. El golpe fue devastador. Se escuchó el sonido de madera rompiéndose y huesos estallando. El capullo de Malfurion se desintegró al absorber la energía cinética, salvando a Linlin de lo peor, pero dejando a Malfurion como un montón de astillas y carne desgarrada sobre la cubierta.

​El barco se inclinó peligrosamente, casi volcando por la fuerza del impacto. El mar alrededor de la Red Line estalló en una columna de agua de cien metros.

​— ¡Malfurion! —Linlin salió de entre los restos de madera, tambaleándose. Vio a su compañero inmóvil, con el pecho apenas subiendo y bajando. Su piel, antes vibrante como un bosque en primavera, era ahora del color de la ceniza—. No te atrevas a dejarme sola con estas frutas, elfo estúpido.

​El Escape por la Puerta de Atrás

​Desde lo alto de la Red Line, los cañones de Mary Geoise empezaron a disparar. El Gobierno no iba a dejar que escaparan tan fácilmente. Las bolas de cañón caían como lluvia negra alrededor del barco.

​— ¡Levántate, Yggdrasil! —ordenó Linlin, golpeando la cubierta con su mano sana. Infundió lo último de su energía en el mástil principal—. ¡Sácanos de aquí!

​El barco, sintiendo el peligro, activó sus raíces motoras y se sumergió parcialmente, utilizando una burbuja de resina creada automáticamente por las reservas que Malfurion había dejado preparadas para emergencias. Se deslizaron bajo las olas justo cuando una ráfaga de luz de un Almirante vaporizaba el lugar donde estaban hace un segundo.

​El Precio del Saqueo

​Horas después, en la profundidad de la noche y lejos del alcance de los radares de la Marina, el Yggdrasil Errante flotaba en silencio. Linlin, vendada y exhausta, estaba sentada junto al cuerpo de Malfurion, quien yacía sumergido en un tanque de Jugo de la Vida puro para regenerar sus órganos internos.

​Sobre la mesa, el cofre estaba abierto. Las tres frutas —Hie Hie, Fénix y Zarpa— brillaban en la penumbra. Nueve frutas en total ahora pertenecían a los Stormrage. Pero el costo había sido su inocencia y su invulnerabilidad.

​Malfurion abrió un ojo, su mirada era débil pero contenía una nueva dureza, una sabiduría nacida del borde de la muerte.

— No somos... lo suficientemente fuertes, Linlin —susurró con voz quebradiza—. Garling... el Almirante... nos habrían matado si no fuera por la caída.

​Linlin asintió, tocando la nueva cicatriz en su abdomen.

— El Nuevo Mundo no nos respetará por nuestras frutas, Malfurion. Nos respetará por nuestro Haki.

​— Wano —dijo Malfurion, cerrando los ojos para dejar que el proceso de curación lo consumiera—. No fundaremos el reino hasta que pueda cortar el diamante con mis ramas. A los 17 años... Wano será nuestro campo de entrenamiento. Nadie volverá a hacernos sangrar así.

​Inventario Final del Saqueo:

​Hie Hie no Mi (Hielo) - Logia.

​Tori Tori no Mi, Modelo Fénix (Fénix) - Zoan Mitológica.

​Nikyu Nikyu no Mi (Zarpa) - Paramecia Especial.

​Estado de la Dinastía:

​Malfurion (16 años): En estado crítico de regeneración. Ha comprendido que la Mori Mori necesita el apoyo del Haki de flujo (Ryou).

​Linlin (16 años): Herida pero funcional. Su voluntad se ha endurecido; ya no juega con sus enemigos, ahora busca eliminarlos.

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