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Chapter 76 - Capítulo 75: Un Nuevo Día - Parte 2

El viento le arrancó el aliento del pecho.

Stelle apenas tuvo tiempo de registrar que estaba cayendo antes de que el vacío la envolviera por completo, empujándola fuera del Horizonte y devolviéndola con violencia al Momento Dorado. A su lado, Dan Heng descendía en silencio con su abrigo sacudiéndose con brusquedad mientras ambos atravesaban el aire como fragmentos expulsados de una grieta invisible.

Stelle alcanzó a alzar su vista mientras el mundo a alrededor comenzaba a girar en medio de su caída libre sin paracaídas.

Arriba, ocupando casi todo el firmamento del sistema estelar Asdana, dos entidades colisionaron.

Una de ellas tenía la forma de una muñeca blanca, inmaculada, demasiado perfecta. Su superficie estaba recorrida por detalles dorados que brillaban como filigranas vivas, de su cuerpo se extendían hilos de oro que se tensaban hacia la nada como si estuvieran anclados a algo que escapaba a la percepción. Entre sus manos, acunado con una delicadeza obscena, reposaba un mundo en miniatura, una esfera donde continentes, mares y luces urbanas se distinguían con aterradora claridad. A su lado flotaba un enorme ojo, abierto de par en par, observándolo todo sin pestañear, fijo en su adversario con una atención absoluta.

El otro ser parecía una negación violenta de cualquier forma armoniosa. Su silueta recordaba al mismo tiempo a un escarabajo, una mosca y un mosquito, como si varias ideas incompatibles hubieran sido forzadas a coexistir en un solo cuerpo. Un exoesqueleto de azul eléctrico recubría su forma oscura, dos enormes cuernos se extendían hacia el frente desde su cabeza, recorridos por tonos púrpura, fucsia y rosa que contrastaban de manera brutal con el resto de su figura. A su alrededor, un enjambre infinito se agitaba como una marea viva.

El espacio mismo pareció retorcerse cuando los hilos dorados se hundieron en la carne quitinosa del insecto gigante durante su colisión. Un chillido atravesó la distancia, tan intenso que incluso desde su caída Stelle sintió cómo le vibraban los dientes. En respuesta, el enjambre reaccionó de inmediato, aferrándose al cuerpo de la muñeca blanca, trepando por los hilos, cubriendo el ojo, y explotando uno tras otro en destellos de energía y fragmentos orgánicos.

"…Esto definitivamente supera cualquier cosa que haya visto antes." Murmuró, más para sí misma que para Dan Heng.

Stelle no tuvo tiempo de procesar nada más mientras veía un nuevo enjambre surgir del cuerpo del insecto gigante.

Dos insectos del enjambre se separaron del caos y descendieron en picada hacia ellos. Antes de que pudiera siquiera gritar, unas extremidades afiladas la sujetaron por los brazos y la cintura. Dan Heng fue atrapado del mismo modo.

"¡No! ¡No, no, no! ¡No pienso morir siendo comida por insectos!" Gritó Stelle, pataleando con desesperación mientras sentía el aire cortarle la piel.

Los insectos descendieron rápidamente mientras ignoraban su lloriqueo y los depositaron sobre una superficie sólida antes de soltarlos sin ceremonia. En el siguiente instante ya se alejaban, batiendo sus alas con fuerza para regresar hacia donde se encontraba su progenitor.

Stelle rodó por el suelo y se incorporó de inmediato, jadeando, mientras intentaba sin mucho éxito calmar los latidos de su corazón. Dan Heng aterrizó de pie a su lado.

Una luz púrpura se incendió a lo lejos en el cielo, seguida por el estruendo seco de un arma siendo disparada. Las estrellas fugaces comenzaron a caer sobre el vasto firmamento del Momento Dorado, surcando el cielo como lanzas encendidas que descendían una tras otra, cada una anunciando la llegada de la caballería.

Antes de que pudiera asimilarlo, un martillo gigantesco de piedra descendió desde lo alto y aplastó a ambos colosos en pleno choque. El impacto sacudió todo el espacio circundante dentro del sistema estelar, la onda expansiva recorrió Penacony como un latido descomunal.

Stelle clavó los pies en el suelo y acomodó el sombrero sobre su cabeza con un gesto deliberadamente despreocupado. Dan Heng avanzó y preparó su lanza para la batalla. Himeko se colocó al frente con su sierra emitiendo un rugido amenazante, mientras Marzo y Welt adoptaban posiciones a ambos lados, cada uno con su arma lista.

El Gran Teatro tembló casi arrojandolos fuera.

Desde el cielo, una masa colosal descendió y se estrelló contra la estructura con un estruendo metálico. El suelo se resquebrajó bajo el impacto mientras un coloso emergía entre polvo y fragmentos. Oro y obsidiana recubrían su cuerpo, placas superpuestas que reflejaban la luz con frialdad. Cuatro brazos se desplegaron con movimientos lentos y calculados, en uno de ellos sostenía una batuta. Una visera dorada ocultaba su mirada.

Sus labios no se movieron.

Aun así, la voz de Sunday resonó en todo el espacio, como si viniera de todas las direcciones posibles.

"…Así que este es el desenlace al que hemos llegado."

La figura permaneció inmóvil por un instante, como si evaluara su propia existencia.

"Fui despojado de mi divinidad." Dijo con calma. "Confieso que por un momento me sentí perdido. Pero si este es el camino que se me impone… entonces lo aceptaré."

El coloso alzó la batuta.

"Contemplaré la Conclusión desde otra perspectiva. ¿Fueron los Dioses quienes trajeron la creación al mundo?" Preguntó, sin esperar realmente una respuesta. "¿Colmaron de amor a sus creaciones... o las ignoraron con fría indiferencia?"

El vendaval que emanaba de su cuerpo obligó al grupo posicionarse de una mejor manera para evitar ser derribados.

"Eso ya no importa." Concluyó. "Su silencio es lo único que dejaron atrás, junto con los vestigios de su imagen."

Un resplandor dorado comenzó a envolver al coloso mientras la energía de la Armonía y el Orden se concentraba a su alrededor, tan intensa que obligaba a entrecerrar los ojos.

"¡Toda la vida crecerá según dicta la naturaleza en curso a su propio final! ¡Un mundo de mortales debe recaer en manos mortales!"

El brillo se intensificó mientras el Coro Armonioso y el Coro del Firmamento entonaban sus alabanzas.

"El Embrión de la Filosofía reconstruirá la realidad para los mortales."

Con un tenor denotando su llegada, se dio la bienvenida a la proclama a aquel que prometía el advenimiento del paraíso.

"En el primer día, se otorgó la realidad."

Sunday avanzó un paso.

"Yo, Rey de la Humanidad, construiré un paraíso sin Dioses que encadenen a la humanidad a dogmas y leyes ajenas."

Welt chasqueó la lengua mientras acomodaba sus lentes, sus manos apretaron el bastón con fuerza.

"Su poder…" Murmuró. "Está regresando, esto es terrible."

El coloso alzó la batuta una vez más.

"En el segundo día, se otorgó el calendario."

Los miembros del Expreso atacaron al unísono, pero el Coro Armonioso y el Coro del Firmamento emergieron como una muralla viviente, bloqueando cada golpe, cada disparo, cada intento de avance mientras la realidad comenzaba a reorganizarse bajo el dictamen de su dirigente.

"El Orden era fundamentalmente defectuoso desde el principio." Proclamó Sunday. "Y por lo tanto, será destruido."

"Esto malo." Murmuro Dan Heng. "Muy malo."

"En el tercer día, se otorgó el lenguaje. ¡La Reminiscencia, efímera e impermanente, será destruida!"

Marzo fue empujada hacia atrás tras resistir el impacto de uno de los integrantes del coro. Un insecto del enjambre se lanzó y la sostuvo antes de que cayera desde el borde del Gran Teatro, solo para ser atravesado y destruido segundos después por el disparo de una flecha celeste.

"En el cuarto día, se otorgaron los valores...¡La Cacería, que solo engendra desesperación, conflicto y miseria, será destruida!"

Dan Heng derribó a tres integrantes del coro en rápida sucesión, solo para verse rodeado por seis más. El enjambre intervino, devorando a varios de ellos y abriendo un respiro momentáneo.

"En el quinto día, se otorgaron las reglas. La Nihilidad que consume toda luz y esperanza ¡Será destruida!"

Welt avanzó con su bastón trazando arcos precisos mientras derribaba enemigos que buscaban sitiar a sus compañeros antes de crear una singularidad gravitacional controlada que los arrojó fuera del teatro.

"Las voluntades de quienes nos precedieron no se han desgarrado, incluso desde el más allá siguen velando por que encontremos el camino correcto." Fruncio el ceño mientras bajo sus lentes observaba con frialdad al coloso. "¿Quién eres tú para arrogarte el derecho de gobernar a la humanidad?"

"En el sexto día, se otorgó el sentido... El Trazacaminos que en medio de su arrogancia busca cambiar un destino imposible ¡Sera destruido!"

Himeko bufó mientras su dron despachaba a varios miembros del coro.

"Si Mikhail creyó en el mañana…" Murmuró. "¿Cómo no hacerlo nosotros quienes elegimos heredar su voluntad?"

Una suave melodía surco el horizonte con notas musicales, los sueños y las esperanzas de quienes aún reposan tomaron forma bajo la melodía entonada por Robin, mientras una entidad memetica con la forma del Expreso Astral se alzó hacia los cielos cargando contra El Embrión de la Filosofía.

"En el séptimo día, se otorgó la dignidad...¡Atestiguen con sus ojos mientras proclamo mi voluntad! ¡Un nuevo mundo nacerá como el paraíso prometido para la humanidad!"

....

Una presencia descendió sobre el Gran Teatro.

Stelle alzó la vista casi por reflejo y el aire se le quedó atascado en la garganta. En lo alto, más allá del choque de coros, del zumbido del enjambre y del estruendo del coloso, una figura se recortaba contra el firmamento del Momento Dorado. Desde los confines del cosmos, una mirada se posó sobre ella y sus ojos se encontraron con aquellas pupilas irisdicientes.

Las piezas armónicas de su pecho se separaron suavemente, flotando unos instantes antes de descender. Stelle permaneció inmóvil, con una expresión torpemente sorprendida, mientras aquella luz se acercaba a ella.

Una pieza cayó sobre el sombrero en su cabeza bañandolo en una estela dorada, los labios de Xipe se movieron pero ningún sonido escapo de su boca mientras sus ojos se entrecerraban con un expresión dulce y amable.

Stelle cerró sus ojos mientras la energía de la Armonía recorria su cuerpo.

"Trazare el camino a la victoria..." Murmuro en voz baja.

Abrió sus ojos una vez más, alzó su mirada hacia el firmamento pero Xipe ya no se encontraba allí, Stelle asintió en su dirección, y con un gesto fluido, lanzó su sombrero al aire trazando un arco perfecto. Proyectiles dorados surgieron del giro y se estrellaron contra el Embrión de la Filosofía, sus ataques perdieron la dirección mientras su rumbo se modificaba en torno a los deseos de Stelle.

El Expreso Fantasmal comenzó a acelerar mientras se preparaba para el impacto siguiendo la ruta trazada por el sombrero.

"¿Qué pueden lograr aquellos armados únicamente con ideales y pasión?" Comentó con desprecio mientras se preparaba para atacar. "Ante la verdadera fuerza, su convicción no es más que algo destinado a romperse, como la efímera baratija que es."

El Coro Armonioso y el Coro del Firmamento alzaron sus voces al unísono. La melodía emergente se superpuso a las notas de la canción de Robin buscando deformarla, y forzarla a desviarse mientras una presión invisible intentaba frenar el avance del Expreso Fantasmal.

El Embrión de la Filosofía agitó su batuta.

El aire se comprimió en un instante y estalló en un vendaval acompañado por un choque cinético que recorrió el Gran Teatro de extremo a extremo arrancando fragmentos del suelo y amenazando con empujar a todos, ya sean aliados o enemigos, al vacío.

Los insectos se lanzaron sin vacilación, interponiéndose entre el impacto y los miembros del Expreso Astral. Sus cuerpos se destrozaron uno tras otro al recibir la descarga, pero cada uno se aseguró de amortiguar una fracción del golpe. Otros descendieron en picada, aferrándose a quienes perdían el equilibrio, sosteniéndolos con patas y mandíbulas antes de reposicionarlos sobre superficies estables.

Stelle sintió cómo el sombrero vibraba al pasar cerca de su cabeza. La trayectoria del vendaval se fragmentó, desviándose en múltiples direcciones, disipándose antes de alcanzar su punto máximo.

"Depender de una aberración como esta para sostenerse…" El Embrión observó la escena con visible desagrado. "¿Acaso hay caída más baja que esa?"

Un zumbido atravesó el aire con aspereza, acompañado por una vibración que hacía temblar el espacio a su alrededor.

Una carcajada burlona emergió desde el vacío.

Desde lo alto, una nueva figura descendió.

Su tamaño rivalizaba con el del Embrión de la Filosofía. Su forma recordaba a una mosca y a un mosquito, tenía un exoesqueleto azul eléctrico, y ojos compuestos de un rojo intenso, que pronto se fijaron en el coloso dorado. Con el batir de sus alas el aire circundante se impregnó en una sensación repugnante mientras las corrientes se tornaban de un color negruzco.

El ser se detuvo en el aire, y de su cuerpo comenzaron a desprenderse masas amorfas.

Cayeron como una lluvia sobre el Coro Armonioso y el Coro del Firmamento incrustandose en sus cuerpos, mientras se colaban en su interior sin que pudieran detenerlos.

Los cuerpos de los miembros del coro se retorcieron mientras los parásitos comenzaban a brotar desde su interior, desgarrando sus cuerpos y multiplicándose mediante una bipartición constante. Pronto un nuevo ejército se alzó en vuelo mientras se alineaban con su progenitor.

"Patético." Fue la sentencia del insecto luego de soltar una carcajada ante la vista. "Tantas proclamas, tantos dictámenes… y ni siquiera pueden defender sus propios cuerpos ¿Son estos los seguidores del Orden en estos tiempos? Verdaderamente ya no poseen la misma calidad que los del pasado."

"¿Quién osa interrumpir mi obra?" Exigió el Embrión mientras se giraba en su dirección.

El insecto hizo una mueca llena de desprecio.

"Mmm ¿Enserio quieres saber? Muy bien. Hay pasado un tiempo desde que tuve que presentarme formalmente. ¡Yo también haré mi propia proclama! En nombre del Señor de las Moscas." Declaró. "Todo este coro será ahora la incubadora de mi ejército, nada mal ¿Verdad? No mueras antes de que empiece la verdadera diversión, me decepcionaria que las cosas acabaran demasiado rápido."

Una oleada de energía estalló desde el cuerpo del Embrión de la Filosofía mientras descargaba un ataque furioso contra la masa de parásitos. Fragmentos de luz, metal y carne se dispersaron por el espacio mientras intentaba erradicar la infestación.

Belcebú chasqueó sus mandíbulas, claramente divertido.

"Crías." Dijo, girando uno de sus ojos hacia el enjambre. "Protéjanlos según la orden del tonto invocador. Ya saben que hacer."

Los insectos se desplazaron en formaciones compactas, creando rutas entre los ataques del Embrión hacia el insecto, elevando a los miembros del Expreso Astral y lanzándolos de un punto a otro del Gran Teatro, acercándolos progresivamente al Embrión mientras este se concentraba en Belcebú.

Himeko decidió poner en marcha sus preparativos.

Desde hacía minutos, su satélite de ataque había sido lanzado en orbita en silencio, alineándose con su objetivo listo para iniciar su ataque. Sin desviar la mirada del campo de batalla, activó el disparador.

Un rayo descendió desde el cielo.

El impacto sacudió al coloso de lleno. El daño producido no había sido tanto como Himeko esperaba, pero al menos había logrado hacer una cantidad bastante decente.

"Más tarde tendré que modificarlo para aumentar su potencia..." Murmuro en voz baja.

Stelle lanzó nuevamente el sombrero al aire, trazando una nueva ruta. El tren espectral aceleró, siguiendo el camino marcado mientras las trayectorias enemigas se desviaban, abriendo un corredor directo hacia el Embrión.

"Nosotros también tenemos nuestra propia declaración. ¡No nos mires por encima del hombro! Mientras aún haya un mañana por el cual valga la pena luchar, permaneceremos en tu contra." Declaró Himeko sin apartar su vista del cada vez más iracundo coloso.

"Si te niegas a verlo." añadió Welt con frialdad. "Entonces te obligaremos, tal y como tú buscas imponer tu propia visión."

Stelle fijó su mirada en el coloso y su estado agrietado tras que sus propios vendavales chocarán con las corrientes producidas por el insecto.

"Los dulces sueños estancados que ofreces no pueden contener los deseos de quienes aún miran hacia el mañana."

El cuerpo del Embrión comenzó a colapsar sobre sí mismo mientras una presión opresiva emergía desde su núcleo. Lágrimas doradas descendieron por el rostro de porcelana de su rostro, cayendo junto con fragmentos de metal mientras la energía se acumulaba a su alrededor.

Movió su batuta preparándose para enviar un ataque concentrado, arcos eléctricos surcaban sus brazos y la batuta trayendo consigo una sensación ominosa.

Welt chasqueó su lengua mientras fruncia el ceño notando como una tercera energía distinta al Orden y la Armonía comenzaba a surgir del coloso.

"..."

Tomando con fuerza su bastón se preparó, la batalla parecía estar por tomar un nuevo rumbo. Ya sea que los vientos se movieran en su favor o en el de su adversario... Sólo quedaría reaccionar en consecuencia.

*********

Las estrellas fugaces tiñeron el firmamento de púrpura.

"Ja."

Boothill alzó la vista, para seguir con el rabillo del ojo los rastros incandescentes que surcaban el cielo del Momento Dorado. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Bajo el ala de su sombrero, mientras el revólver giraba en su mano con un clic seco y familiar, cerró el tambor con el pulgar y luego apuntó el arma hacia atrás.

Una leve corriente de aire movió el sombrero.

"¿Huh? ¿Y bien?" Dijo tranquilamente, sin molestarse en girarse. "¿No vas a presentarte o esperás que me dé la vuelta para dispararme por la espalda, criatura?"

Desde uno de los sectores donde la luz de las estrellas no terminaba de asentarse, una figura avanzó unos cuantos pasos. Boothill alcanzó a ver su figura reflejarse en el metal del revólver. Tenía una tez oscura, cabello negro, largo, recogido hacia atrás. Vestía una túnica blanca atravesada por líneas azules que parecían encenderse y apagarse con un ritmo constante. En sus manos sostenía un arco de diseño limpio, sin adornos superfluos. Dos carcaj blancos colgaban a ambos lados de su cintura. No parecía tener más allá de 20-25 años.

Al cruzarse sus miradas, Boothill se tensó.

Los iris del desconocido eran absolutamente extraños, incluso para alguien como él que a lo largo de los años había vislumbrado incontables rasgos de distintas especies... Definitivamente era su primera vez viendo algo similar.

"...Pareciera como si hubieran juntado diferentes pedazos de botellas de vidrio para crear una nueva." Parecía risible hacer tal comparación, pero no se le ocurría una mejor forma de describir lo que se encontraba en su campo de visión.

Una sensación extraña se extendió por su cuerpo, mientras fruncía el ceño se aseguró de moverse rápidamente en un salto hacia atrás. Fue en ese mismo instante que el espacio que había ocupado se deshizo bajo una descarga de flechas doradas.

El suelo se pulverizó en una explosión, dejando sólo un cráter humeante que reemplazó el lugar donde había estado.

Clavó una rodilla en el suelo, asegurándose de mantenerse estable para poder ponerse de pie mientras el polvo terminaba de levantarse. Chasqueó su lengua mientras desenfundaba el segundo revólver.

"Frejoles…" Masculló, ladeando la cabeza. "Ni siquiera me dejaste ver cuándo tiraste."

Lo único que había logrado registrar había sido el roce mínimo de los dedos del arquero al soltar la cuerda.

"Tch." No pudo evitar chasquear una vez más su lengua al darse cuenta de que sería una batalla problemática.

El hombre soltó un suspiro desganado.

"Hubiera sido más simple si el primer ataque hubiera sido suficiente, pero supongo que ya debería acostumbrarme a que las cosas no terminen de la manera en la que deseo... Al fin y al cabo los tiempos han cambiado en comparación con el pasado distante cuando la Grandiosa seguía en pie. Lamentablemente para ti, esta terquedad tuya sólo prolongará algo que podría haber terminado de una forma más rápida e indolora." Comentó con tranquilidad antes de inclinarse levemente. "¿Pero qué más da? Aún poseo ante todo la educación. Ya que esto ha pasado de una emboscada a un duelo, debo tratarte con el debido respeto y presentarme, mi nombre es Horus."

Boothill mostró los dientes en una sonrisa torcida mientras acomodaba los pies sobre el terreno quebrado, alineando ambos revólveres.

"Ja. Bien, criatura, ¿has decidido mostrar tus dientes ante el viejo Boothill?" Dijo mientras soltaba una carcajada. "Parece que va a ser una conversación más larga de lo que esperaba, no deberías culparme si regresas a casa con un nuevo agujero o dos adornando tu cuerpo ¿verdad?"

El multicolor y el rojo se cruzaron (los iris de Horus son multicolor y los de Boothill el rojo), Horus frunció el ceño mientras se posicionaba para el combate.

"Después de todo, ¿qué dirían mis colegas si ven que te dejo marcharte sin una debida muestra de cortesía luego de que intentaras atacarme por la espalda?"

********

Una sensación de malestar recorrió el cuerpo de Aleph mientras intentaba mover su cuerpo.

Era como si millones de agujas abrieran innumerables hoyos en su cuerpo, o como si un grifo roto estuviese perdiendo agua sin control...

Su vitalidad se estaba agotando.

Pudo sentir el sabor metálico de la sangre en su boca, el peso de sus propios párpados lo abrumó al tratar de abrirlos.

Un toque suave se deslizó sobre su rostro cubriendo sus ojos.

"Shhh."

Aleph comenzó a toser mientras sentía una abrumadora vitalidad reemplazar la pérdida.

"Qué interesante de ver... no son raras ocasiones en las que he vislumbrado a los tuyos, son simples seres que viven por y para la violencia, bañándose en la corrupción con tal de ver un nuevo día mientras consumen todo a su paso. Carentes de toda noción de afecto, razón o pensamiento, incluso de corazón." Benevolente y serena, su toque envió escalofríos por su cuerpo. ¿A quién le pertenecía esta voz? "... Y a pesar de eso posees dos corazones en tu pecho."

Una mano se deslizó para acariciar sus pectorales.

"¿Es este quizás un cambio surgido por la asimilación de aquellos dos componentes en tu ser? ¿O es quizás la obra de la maquinación de aquella Hija Pura que te manchó con su esencia?"

Una imagen invadió su mente mientras una sensación cálida y envolvente surgía de su mano.

"Ah."

Un suspiro adolorido asaltó sus sentidos.

La persona ante sus ojos parpadeaba entre una joven de cabellera gris con coletas en forma de taladro a una joven voluptuosa de cabello rosa.

"Aún en tu estado actual siguen siendo las más hermosas..."

Fue allí donde Aleph finalmente comprendió que era la sensación en su mano...

"¡No! ¿Cómo... cómo? Esto... yo."

Su mano había atravesado por completo su pecho hasta salir por su espalda, llenándolo de calidez mientras el cuerpo de la chica perdía el suyo.

Sangre brotaba de la boca de la chica, pero aún así intentaba mantener una sonrisa en su rostro mientras lágrimas comenzaban a caer sobre el suelo y el cuerpo de su asesino.

"Yo... n-no quería..."

A pesar de sus endebles intentos por justificarse, no recibió ni una mirada de desdén. Aquellos ojos moribundos no contenían ni ira ni odio, para su confusión, solo transmitían pena, tristeza y un afecto desbordante.

"Odiame, por favor odiame..."

"No fue tu culpa, Dante." Murmuró en su oído con sus últimas fuerzas antes de que la vida la abandonara por completo.

"U-Una... buena d-despedida... no de-bería t-terminar con la-as lágrimas de al-guno de los d-dos ¿Verdad~?"

La imagen se desvaneció tan pronto como apareció, dejando tras de sí una sensación de vacío.

"Sea cual sea el caso, ahora no importa mucho." Comentó tranquilamente.

Un escalofrío recorrió su cuerpo nuevamente mientras una segunda, una tercera, una cuarta, una quinta y finalmente sexta mano comenzaron a acariciar su cuerpo.

"Ya ya."

Aleph pudo sentir cómo algunas de esas manos comenzaban a acariciar su cabeza, dándole la misma sensación que sentiría un cachorro al ser acariciado por un humano... tal vez, a los ojos de este ser, él mismo no era muy diferente de un indefenso cachorro.

Una sensación cálida comenzó a emanar desde su cabeza, mientras la sensación húmeda de un beso se acentuaba en su frente.

"En la inmensidad de la noche, oculta en los confines lejanos de la vista, la vida prolifera sin cesar buscando el camino a la permanencia, deseando superar su inevitable conclusión." Murmuró con suavidad mientras lo acunaba en sus brazos. "¿Qué destino te depara a ti que constantemente oscilas entre el ser y el no ser, entre la vida y no vida?"

Un dedo le tocó la nariz mientras las demás manos trazaban algo sobre su cuerpo dejando tras de sí una sensación húmeda.

"¿Es acaso la senda de los destructores, el vacío carente de sentido de la Nihilidad o dar rienda suelta a tu obsesión y perseguirla hasta lo más recóndito del Cosmos como un Cazador rabioso?"

Al tratar de separar sus labios para ofrecerle una respuesta pudo sentir cómo una mano le tapaba la boca.

"Dar una respuesta en el momento sin pensarlo a profundidad es simplemente una acción irresponsable e irrespetuosa hacia quien hace la pregunta. Pequeño Vástago de la Exultación, ¿no crees que deberías ser un poco más educado? No debes preocuparte por responder una pregunta para la que aún no tienes respuesta, simplemente me quedaré en silencio observándote hasta que la encuentres. Aún así... te ofreceré un amable consejo."

Aleph pudo sentir nuevamente la sensación de un beso, a tan sólo unos pocos centímetros de sus labios.

"No camines por la Vía de la Reminiscencia."

Una sensación de ingravidez asaltó sus sentidos mientras los brazos lo liberaban. Sus ojos se entrecerraron mientras intentaba, sin éxito, adaptarse a la fuerte luz... ¿de las farolas?

Ignorando su cuerpo pesado, la sangre que fluía desde su cabeza por su frente y el dolor de sus cuernos rotos, Aleph intentó caminar hacia adelante lo mejor que pudo.

"¿Qué diferencia existe entre mí y un insecto aplastado por una bota?" Una mueca de desprecio adornó su rostro recordando lo fácil que fue despachado tras la caída del martillo sobre su cabeza. "Tengo tanta hambre..."

Forzando a sus débiles piernas a caminar, Aleph continuó intentando seguir hacia adelante mientras se concentraba en dirigir el Enjambre hacia el Gran Teatro. Pero incluso su terquedad tenía límites.

Sin poder dar un solo paso más, sus piernas cedieron. Los ojos de Aleph se abrieron al notar que su cabeza estaba a punto de golpearse contra un hidrante.

"...Qué patético." Murmuró mientras cerraba sus ojos, sabiendo que no podría eludir la caída.

Pero al final...

La caída esperada no sucedió.

Abriendo débilmente sus ojos, púrpura y rosa-dorado chocaron. Sosteniendo su cuerpo completamente sucio, sin importarle mancharse, Acheron evitó su caída.

"No te preocupes, ellos pueden encargarse del resto." Comentó mientras colocaba el brazo de Aleph por encima de sus hombros. "Ahora te toca descansar un poco, ya has hecho suficiente."

Aleph apretó sus dientes con fuerza mientras trataba de reprimirse.

"Por qué... por qué."

Débilmente intentó luchar para apartarse y moverse por su cuenta.

"¿Angie? ¿Qué haces? No te ves en muy buen estado, sólo descansa de una vez."

"No, no puedo. Aún tengo que hacer... algo... ¡Todavía puedo!"

Ni siquiera le quedaban fuerzas para abrir la boca, mucho menos para resistirse al agarre firme sobre su cuerpo. Mientras su conciencia se desvanecía, su vista se alzó y su mirada se cruzó con la de un coloso que se desplomaba desde el Gran Teatro, cayendo también en la inconsciencia.

Un mismo pensamiento perduró en la mente de ambos.

"Soy... tan... inútil."

.....

El gran insecto cayó.

El martillazo de piedra descendió, el impacto recorrió el cuerpo del coloso como una onda de choque. El Rey del Enjambre perdió toda tensión y se desplomó sin resistencia; su forma gigantesca comenzó a colapsar sobre sí misma mientras la energía que lo sostenía se disipaba en motas de luz. A la par, la marioneta dorada fue arrojada hacia el interior del Gran Teatro, arrastrada por la fuerza del golpe final hacia su último enfrentamiento con los Anónimos del Expreso Astral.

Black Swan no siguió el destino del coloso, eligiendo concentrarse en lo que verdaderamente le importaba.

Observó cómo el cuerpo del insecto se encogía durante la caída, cómo las placas y apéndices se retraían hasta devolverle una silueta humana. Cada metro que descendía era un recordatorio incómodo de lo que Aleph se había convertido… y de quiénes habían tenido la audacia de empujarlo hasta ese punto.

"Esto nunca debió suceder." Murmuro.

Sus dedos se cerraron con fuerza en su mano; tal vez si no hubiera tenido guantes, sus uñas habrían perforado su palma, sacando lo más parecido a sangre que su cuerpo podía producir.

La frustración le recorrió el cuerpo con una claridad incómoda. Ese par de idiotas... habían ayudado a Aleph a romper límites que nunca debieron ser tocados, a desatar algo que ni siquiera Burroughs había mencionado en sus informes.

¿Por qué Aleph había sido capaz de usar el poder de la Vía Propagación?

Recordó las palabras de Constanza, dichas con una seguridad que en ese momento le había parecido simplemente arrogancia.

"¿Estás segura de que no eres tú quien no entiende nada, Black Swan? Se han purgado parte de las cadenas que colocaste en su interior."

¿Y si sus palabras no habían sido un farol?

Black Swan apretó los labios.

La idea la inquietó más de lo que estaba dispuesta a admitir. Si Constanza no había mentido, si de verdad había encontrado la forma de anular las restricciones impuestas sobre él, entonces su margen de maniobra se había reducido de forma alarmante.

Tendría que acelerar sus planes.

Rápidamente apartó el pensamiento de su mente; ahora lo único importante era llegar hasta él.

Se movió con rapidez, siguiendo la trayectoria de caída hasta el punto de impacto.

¿Qué tan herido se encontraba? ¿Qué tan grave era su estado? Con esos pensamientos en mente, forzó su cuerpo a moverse más rápido, atravesando el caos hasta el punto de impacto. Pero al llegar se detuvo en seco.

Alguien ya se le había adelantado.

El cuerpo de Aleph colgaba inerte entre sus brazos, cubierto de sangre y polvo, con sus cuernos fracturados; su respiración era apenas perceptible.

Acheron sostenía el cuerpo de Aleph con cuidado, sin mostrar la menor incomodidad por la sangre que manchaba su ropa. Black Swan sintió cómo sus manos se cerraban en puños antes de poder evitarlo.

No le gustaba esa vista, no le gustaba en absoluto.

Respiró hondo, borrando cualquier rastro de hostilidad antes de que pudiera manifestarse. Mientras él estuviera con vida, cualquier incomodidad podía relegarse a un segundo plano.

Acheron levantó la vista al percatarse de su presencia.

"Necesito ayuda, me perdí." Dijo con calma, ajustando el agarre para que Aleph no resbalara. "Ha perdido la consciencia. Hay que moverlo antes de que esto empeore."

Black Swan asintió y se acercó de inmediato, lista para ofrecer su ayuda.

"Déjamelo a mí."

...

No muy lejos de allí, en otro sector del Momento Dorado, Silver Wolf cerró una ventana flotante de datos y dejó escapar un suspiro. Apartó la mirada de su consola lo suficiente como para confirmar lo que ya sabía.

"…Así que ese es el camino que se ha tomado." Murmuró mientras presionaba un botón para enviar un video.

A su lado, Firefly observaba la caída del insecto con las manos entrelazadas sobre el pecho, con una expresión preocupada, cargada de tristeza e ira.

Silver Wolf alzó una ceja al oír el ruido de pisadas cada vez más cercanas.

Figuras humanoides con ojos brillantes surgieron desde distintos accesos, armadas con lanzas, escudos, rifles y martillos de guerra.

"Genial." Comentó con desinterés. "Justo lo que faltaba."

Al girarse, vio cómo Firefly era envuelta por un torrente de llamas mientras la armadura de SAM se materializaba.

Silver Wolf se estiró con pereza, preparándose para intervenir, pero una mano gigantesca se interpuso en su camino.

"Yo me encargo." Dijo Firefly desde el interior de la armadura.

Silver Wolf se encogió de hombros mientras soltaba un bostezo.

"Como quieras."

Explosiones sacudieron el entorno de forma inmediata. Los gritos de dolor y el olor a carne quemada comenzaron a propagarse rápidamente. Silver Wolf desplegó una barrera translúcida sin siquiera mirar atrás, aislándose de las ondas de choque.

"Mucho mejor."

Asintió satisfecha al notar cómo el ruido y el olor quedaban completamente amortiguados. Sacó una consola portátil de su bolsillo y comenzó a jugar con soltura mientras probaba un RPG que había pirateado recientemente de la base de datos de la Corporación.

Una idea cruzó su mente mientras veía a su personaje cortarle la cabeza a una hechicera de cabello púrpura.

"Tal vez debería hackear la nueva computadora de Kafka…"

Esa máquina era una obra de arte. Una auténtica joya para cualquier amante del gaming. Y Kafka ni siquiera la usaba para eso.

"Qué desperdicio."

Un leve fastidio se filtró en su expresión.

Era mezquino hackearla solo por eso; tal vez revisaría sus datos personales y dejaría un virus allí… definitivamente era un tanto cruel.

"Bah."

Decidió hackearla de todos modos.

Una sonrisa maliciosa adornó su rostro mientras sacaba una barra de chicle del bolsillo y se la llevaba a la boca.

.....

El Rey y su séquito de parásitos destrozaron por completo al Coro Armonioso y al Coro del Firmamento. El disparo orbital de Himeko cayó como un juicio final, mientras Marzo desataba una lluvia de flechas de hielo de seis fases que atravesaban lo que quedaba de la formación enemiga.

Un dragón de agua se elevó, envolviendo al coloso metálico y restringiendo sus movimientos.

Stelle lanzó su sombrero al aire, utilizándolo para redirigir sus propios ataques contra el Embrión de la Filosofía.

El Embrión de la Filosofía soltó un gruñido molesto y arrojó su batuta como una lanza directa hacia ella.

"Tch."

Stelle chasqueó su lengua mientras se preparaba para invocar la lanza llameante de la Conservación.

El Expreso Fantasmal descendió desde el cielo, chocando la batuta y arrojándola lejos. Con un giro elegante en el aire, el sombrero regresó a la mano de Stelle.

Un chillido ensordecedor llenó los restos del ahora destrozado Gran Teatro mientras los parásitos sentían el éxtasis de la victoria.

"¿Eso era todo lo que tus esbirros podían ofrecer, pequeño mocoso?" Las mandíbulas de Belcebú chasquearon mientras el insecto estallaba en carcajadas. "¡Qué patético!"

Los insectos comenzaron a reunirse a su alrededor mientras una bruma negra comenzaba a cubrirlos a todos.

El Expreso Fantasmal se alzó una vez más en el aire mientras se coordinaba con los insectos.

Los dedos de Stelle trazaron una vez más el ala de su sombrero mientras lo arrojaba al aire.

"¡Coordenadas fijas, el camino perfecto!" Stelle sonrió mientras miraba al Embrión de la Filosofía. "¡Ya lo he trazado!"

"Ya saben qué hacer, crías." Dijo Belcebú.

Siguiendo su orden, el enjambre apartó a los miembros del Expreso Astral del área de impacto. El Rey y los parásitos se lanzaron en picada junto al Expreso Fantasmal.

Atropellando al Embrión de la Filosofía.

La explosión sacudió el Gran Teatro. Dan Heng y Himeko sujetaron a Stelle y a Marzo para evitar que cayeran, mientras Welt observaba el centro de la detonación con una expresión impasible, con una mano apretando su bastón con fuerza, listo para desatar su ataque más poderoso en caso de que existiera la necesidad de dar un golpe de gracia.

La gran nube de polvo comenzó a disiparse a medida que era arrastrada por el viento, revelando ante sus ojos el resultado final de aquel choque. No quedaban rastros de Belcebú ni de ningún otro insecto.

El Embrión de la Filosofía apenas lograba sostenerse de los bordes destruidos del Gran Teatro. Su cuerpo, antes impecable, estaba completamente deformado y agrietado hasta un punto incomparable a como solía lucir.

Marzo hizo un puchero.

"Hubiera sido lindo quedarme con uno," comentó. "Parecían obedientes y no tan hostiles."

Dan Heng y Himeko le dedicaron miradas extrañas.

"¡Era una broma! Por supuesto que no intentaría hacer tal cosa." Marzo rió incómodamente mientras se pasaba una mano por la nuca. "Pom-Pom me destruiría si ingresara esta clase de pasajeros extra."

Tanto Dan Heng como Himeko simplemente pusieron los ojos en blanco y decidieron ignorarla.

Welt suspiró y acomodó sus lentes, listo para dar el golpe final.

"¿Stelle?" murmuró Welt con desconcierto al ver a Stelle interponerse en su camino, bloqueando su avance con una mano.

Las manos del Embrión de la Filosofía comenzaron a fallar.

Los dedos se crisparon al intentar sostenerse. Las falanges cedieron una tras otra, fragmentándose bajo su propio peso. Grietas recorrieron sus brazos mientras partes de su estructura se desprendían y caían desde lo alto del Gran Teatro.

"¿Por qué dormita la vida?" preguntó, aunque sin dirigirse a nadie en particular.

Sus manos temblaron al aferrarse una última vez, perdiendo cohesión.

Stelle trazó con sus dedos el ala de su sombrero, miró a quienes estaban a su lado mientras sus pensamientos se dirigían hacia todas esas personas que habían unido sus manos olvidando incluso viejos rencores por el bien de conseguir esta victoria que parecía casi imposible.

"Es algo bastante sencillo de comprender."

Stelle lanzó su sombrero al aire una vez más.

Proyectiles dorados descendieron siguiendo su trayectoria, impactando de lleno contra las manos ya deterioradas del Embrión. Los restos se deshicieron en fragmentos luminosos al desprenderse por completo.

"Porque por muy dulces y reconfortantes que sean los sueños." Continuó Stelle, "Todos tienen que despertar..."

Abrazando un nuevo día y esperando un mañana mejor.

.....

Su forma se disipaba mientras descendía, fragmentándose en luz a medida que el cielo claro del amanecer se extendía por el horizonte.

"Si realmente es así…" Murmuró Sunday mientras descendía en caída libre, extendiendo una mano hacia el cada vez más lejano Gran Teatro.

"¿Por qué permitirle a alguien soñar si vas a destruir sus sueños con tus propias manos?"

Sunday cerró sus dedos lentamente.

"Todas las aves nacen con alas… pero no todas vuelan. Algunas, incluso intentándolo, sólo encuentran al final de su camino el duro suelo y la conclusión de sus vidas."

Suspiró suavemente mientras aceptaba su destino; desde el principio ya estaba listo para abrazar la muerte...

"No importa si soy diferente a ellos o no."

Cerró sus ojos mientras se preparaba para el impacto.

Una ráfaga de viento lo sacudió mientras una sensación cálida lo envolvía.

Dos brazos rodearon su cuerpo para sostenerlo con suavidad.

Sunday abrió los ojos con sorpresa.

"Hermano..."

Sobre el techo del Expreso Fantasmal, Robin lo sostenía contra su pecho mientras su mano acariciaba suavemente su cabello.

La consciencia de Sunday comenzó a desvanecerse al mismo tiempo que una ola de cansancio lo asaltaba...

Una sonrisa adornó su rostro mientras escuchaba a Robin cantar una vieja canción de cuna que su madre solía cantarles cuando eran niños.

"Descansa."

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Me tarde bastante, lo sé

¿Como les fue con sus tiradas? El condenado Sunday me skipeo una vez más, al menos todo el prefarmeo que hice para el me servirá para Sparkle y el asegurado que me quedo en el banner de personajes y en el de conos ya quedó para la Yao.

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