El ambiente en la sala de juegos era...raro.
Harry, decidido a recuperar el control, tomó uno de los arcos de madera pulida que descansaban en un soporte de terciopelo. La arquería siempre había sido uno de sus fuertes, y no iba a desaprovechar la oportunidad de lucirse frente a Gwen.
-Empezaremos con algo de puntería *anunció Harry, ajustándose la postura.
En ese momento Nicolás levantó una mano, interrumpiendo el flujo del momento
-Oye, Harry, antes de que empieces con el espectáculo... ¿Dónde queda el baño? *preguntó mientras se limpiaba una miguita de chocolate de la comisura de los labios.
La sirvienta que estaba cerca dio un paso al frente de inmediato, dispuesta a acompañarlo, pero Harry la detuvo con un gesto. Vio en la pregunta de Nicolás la salida perfecta para quitárselo de encima un buen rato.
-No creo que sea necesario escoltarlo, ¿verdad? *dijo Harry con una sonrisa forzada* Es un chico inteligente, seguro que no se pierde con un par de instrucciones.
Dándole entonces una serie de indicaciones rápidas y enredadas, enviándolo a un baño que quedaba prácticamente en el otro ala de la mansión, cruzando pasillos que se bifurcaban. Su intención era clara: que Nicolás terminara deambulando por la casa media hora antes de encontrar el camino de vuelta.
La sirvienta miró a Harry con duda, sabiendo que el camino era confuso, pero el joven se limitó a asentir con la cabeza, metiéndose las manos en los bolsillos.
-Me las arreglaré. Estaré de vuelta en un rato *dijo antes de salir de la sala con paso tranquilo.
Gwen observó la puerta por la que se fue y luego miró a Harry, algo preocupada.
-Harry, tu casa es enorme. Es fácil perderse si es la primera vez que vienes
-Estará bien, no te preocupes *le restó importancia Harry, volviendo a centrarse en el arco.
Se colocó en posición, tensando la cuerda con elegancia. Harry miró de reojo a Gwen, esperando verla deslumbrada, pero la notó distraída, susurrándole algo a Peter al oído mientras ambos miraban la diana. Harry carraspeó con fuerza para llamar su atención.
-Gwen, fíjate bien en la postura. Es lo más importante para que la flecha no se desvíe *le dijo, esperando que se concentrara solo en él.
Los tres jóvenes se quedaron mirando mientras Harry soltaba la cuerda.
La flecha salió disparada con una fuerza y trayectoria impecables. Parecía destinada a clavarse justo en el círculo rojo central, pero, inexplicablemente, a pocos metros de llegar al objetivo, la flecha hizo un movimiento extraño en el aire, curvándose hacia un lado de forma brusca.
Terminó clavándose en el borde exterior de la madera, fallando por completo el centro.
Harry se quedó con el arco extendido, con la boca ligeramente abierta, sin entender qué había pasado.
Peter y Gwen intercambiaron una mirada rápida, igual de confundidos. Peter, tratando de suavizar la humillación de su amigo, habló primero.
-Seguro fue una ráfaga de viento, Harry *comentó Peter* Iba perfecta, se notaba que el tiro era bueno.
Gwen y Liz asintieron para apoyarlo.
Harry se recompuso, tragándose el orgullo herido, y miró a la sirvienta con el rostro tenso.
-Cierra las ventanas. Ahora mismo *le ordenó.
La mujer asintió con rapidez. Solo había un par de ventanas pequeñas abiertas al fondo del salón, pero se apresuró a sellarlas mientras Harry tomaba otra flecha, convencido de que aquello no podía volver a pasar.
Se tomó su tiempo para el segundo intento. Se acomodó el flequillo, ajustó la posición de sus pies y tensó la cuerda con lentitud. Estaba decidido a no dejar espacio para el error. Tras unos segundos de concentración absoluta, soltó la flecha.
El resultado fue un calco del anterior: el proyectil salió con una potencia envidiable y parecía destinado al éxito, pero, justo al final, se desvió de forma inexplicable hacia un costado de la diana
El silencio que siguió fue sepulcral. Peter, Gwen y Liz se miraron entre sí, sin saber muy bien qué decir para no empeorar el humor de Harry, quien contemplaba la flecha clavada en la madera con una mezcla de horror e incredulidad.
-¿Tal vez sea el arco? *sugirió Gwen con suavidad, tratando de romper el hielo* Quizás tenga alguna pequeña fisura o imperfección que desvía el tiro.
Harry asintió de inmediato, aferrándose a esa explicación
-Sí, debe ser eso. Este arco está defectuoso *sentenció, entregándoselo a la sirvienta con un gesto de desprecio* Deshazte de esto. Quémalo luego.
Tomó un arco nuevo del soporte y su última flecha.
Esta vez no se apresuró. Pasó un minuto entero revisando cada centímetro de la madera, la tensión de la cuerda y la rectitud de la flecha. Midió su respiración y se aseguró de que su postura fuera de manual. No había margen para fallas, esta vez daría en el blanco.
Disparó.
La flecha surcó el aire en una línea recta tan perfecta que los cuatro jóvenes sonrieron al unísono, dando por hecho que el centro estaba asegurado.
Pero, en el último suspiro, el proyectil cambió de curso de forma violenta, pasando de largo la diana por completo y terminando por chocar contra la pared del fondo con un golpe seco.
Harry se quedó petrificado, con la boca abierta y los nudillos blancos de tanto apretar el arco. La frustración le quemaba por dentro y por un segundo tuvo el impulso de estampar el arma contra el suelo, pero se contuvo. Sabía que tenía una imagen que mantener, aunque su orgullo ya estuviera por los suelos tras fallar tres tiros seguidos de esa manera tan absurda.
Forzando una sonrisa que parecía más una mueca de dolor, levantó las manos y miró a Liz.
-Lo siento, Liz. Parece que hoy simplemente no es mi día *se disculpó, tratando de sonar relajado mientras le pasaba el arco "fallado" a Peter. En el fondo, Harry esperaba que su amigo hiciera un ridículo todavía mayor para que sus propios fallos no resaltaran tanto.
Liz soltó una risita y le restó importancia al asunto con un gesto de suficiencia.
-No te preocupes, Harry *dijo ella con una chispa competitiva en los ojos* Recuerda que yo soy la deportista de élite aquí. Ellos dos son unos cerebritos que apenas han tocado un balón en su vida. Déjenmelo a mí, que yo arreglo esto.
Peter tomó el arco con torpeza, sus dedos se enredaban con la cuerda y, al intentar colocar la primera flecha, esta se le resbaló un par de veces, quedando en una posición totalmente inútil para disparar.
Liz no pudo evitar soltar una carcajada al ver la escena.
-Ay, Petie... eres el chico más inteligente que conozco, pero los deportes definitivamente no son lo tuyo *comentó entre risas.
Gwen también sonrió, recordando algo de hace tiempo.
-Una vez, cuando éramos más chicos, intentó patear una pelota de fútbol y terminó aterrizando de cara en el barro *contó ella, haciendo que Liz soltara otra carcajada.
-¡Me resbalé! El suelo estaba mojado, eso no cuenta *se defendió Peter riendo, aunque por dentro agradecía que el ambiente se hubiera relajado un poco.
Harry, sin embargo, no compartía la gracia. No le gustaba nada que la supuesta "incapacidad" de Peter le hiciera parecer tierno o divertido ante las chicas.
-Si disparas así, Peter, no vas a llegar ni a la pared *comentó Gwen con un tono burlón pero cariñoso.
Harry vio su oportunidad para quedar como el experto generoso y recuperar algo de terreno. Se acercó a Peter con un aire de superioridad técnica.
-Mira, aunque estemos en equipos diferentes, no puedo dejar que dispares así. Te vas a lastimar o vas a romper algo *dijo, colocándose detrás de él. Con mucha paciencia, le corrigió la posición de los pies, le acomodó los brazos y le explicó lo básico para tensar la cuerda, esforzándose por sonar como un instructor profesional frente a Gwen.
Cuando terminó, Peter parecía estar en mejor postura, aunque seguía poniendo cara de no tener mucha confianza en sí mismo.
-¡Tú puedes, Peter! *lo animó Liz* Solo tira de la cuerda y suéltala.
Peter inspiró hondo, tensó el arco con cierta duda y disparó.
Todos vieron cómo la flecha salía con una trayectoria difusa, tambaleándose en el aire de una forma que no prometía nada bueno. Harry ya estaba preparando un comentario condescendiente sobre la falta de práctica, pero entonces ocurrió algo que desafiaba la lógica, a mitad de camino, la flecha pareció corregirse sola, enderezando su trayectoria en una línea recta impecable que terminó clavándose justo en el centro de la diana con un golpe seco.
Se hizo un silencio de absoluta sorpresa.
-Vaya... creo que ese fue mi tiro de suerte de toda la vida *soltó Peter, rascándose la nuca mientras miraba la diana.
-¡Eso fue increíble, Peter! *exclamó Gwen, saltando de la emoción. Liz se unió a ella de inmediato, llenándolo de halagos.
Peter, visiblemente avergonzado por tanta atención, se rascó la parte trasera de la cabeza con una sonrisa tímida. Harry, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no perder los estribos, se acercó y le pasó otra flecha.
-Sí, definitivamente fue suerte *sentenció con voz tensa* Pero no te confundas, Peter. Se necesitan años de práctica continua, esfuerzo y un talento real para replicar un resultado así. No es algo que se logre solo con...
No terminó la frase. Mientras Harry hablaba, Peter simplemente acomodó la flecha y disparó. El fenómeno se repitió exactamente igual, la flecha salió algo floja, se enderezó mágicamente en el aire y ¡pum!, otra vez en el centro.
Peter se quedó mirando la diana con sorpresa mientras Liz y Gwen volvían a celebrar a gritos. En medio del festejo, Liz se detuvo en seco.
-¡Esperen! ¿Por qué estoy festejando yo, si soy del equipo rival? *preguntó Liz, haciendo que Gwen y Peter se largaran a reír. Aun así, no pudo evitar halagarlo* En serio, Petie, tal vez tengas un talento innato para la arquería y no lo sabías.
Harry se quedó allí de pie, con la mano aún extendida hacia el carcaj, mirando las dos flechas en el centro de la diana como si fueran un insulto personal.
El no estaba dispuesto a dejar que Peter se llevara todo el crédito. Aprovechando que los tres estaban distraídos celebrando y riendo, tomó la última flecha con rapidez. Con un movimiento disimulado, estropeó las plumas de la parte trasera, doblándolas para que el aire las desviara sin remedio. Esta vez, estaba seguro de que la física haría su trabajo y Peter quedaría en ridículo.
-Toma, Peter. La última *dijo Harry con una sonrisa, pasándole el proyectil dañado.
Las chicas se quedaron expectantes, preguntándose si el "milagro" se repetiría por tercera vez.
Peter acomodó la flecha y disparó. El efecto del sabotaje se notó al instante, la flecha salió de forma errática, tambaleándose con violencia y perdiendo altura apenas a mitad de camino.
Parecía que iba a terminar directamente en el suelo, pero, como si una mano invisible la hubiera agarrado en el aire, la trayectoria se corrigió de golpe. En una línea recta perfecta y con una fuerza inaudita, el proyectil voló hacia el blanco.
El impacto fue seco y preciso. La flecha no solo dio en el centro, sino que atravesó una de las anteriores, partiéndola limpiamente a la mitad antes de quedar clavada en el corazón de la diana.
El silencio fue absoluto por un segundo. Harry sentía que los ojos se le salían de las órbitas, aquello ya no era suerte, era algo que no podía explicar. Peter estaba igual de perplejo, mirando sus propias manos como si no le pertenecieran.
-¡No puede ser! *gritó Liz, rompiendo el hielo.
Ella y Gwen se lanzaron sobre Peter para abrazarlo, festejando los tres disparos imposibles.
En medio del alboroto y los saltos, los rostros de Gwen y Peter quedaron frente a frente, a escasos centímetros. El tiempo pareció detenerse por un instante. Podían sentir el aliento del otro y el calor de la cercanía; un sonrojo intenso les tiñó las mejillas a ambos y, como si se hubieran quemado, se separaron bruscamente.
Liz, que no se había percatado de la tensión eléctrica entre sus amigos, se soltó también, riendo entusiasmada.
-¡Vaya, Petie! Parece que no eres solo un chico con un gran cerebro *exclamó, dándole una palmada en el hombro.
Peter sonrió, tratando de ocultar su nerviosismo y evitando a toda costa mirar a Gwen, quien hacía exactamente lo mismo, acomodándose el pelo con la vista fija en el suelo.
Harry, por el contrario, sí lo había visto todo. Estaba de pie, inmóvil, con los nudillos blancos de tanto apretar el arco. Su plan no solo había fracasado, sino que había servido para que Peter fuera el centro de atención y, para colmo, tuviera ese momento de intimidad con Gwen. La frustración le quemaba la garganta, pero Liz interrumpió sus pensamientos antes de que dijera algo de lo que pudiera arrepentirse.
-¡Bueno, ya basta de alardear, Parker! *dijo Liz con un tono competitivo* Harry, pásame un arco. Ahora es mi turno de salvar el honor del equipo.
El resumen de las dos rondas siguientes continuó con Liz tomando el relevo. Como era de esperar, demostró que su título de atleta no era solo de nombre, aunque no logró clavar ninguna flecha en el centro exacto, sus tres tiros fueron consistentes y quedaron agrupados muy cerca del blanco, demostrando una técnica sólida
Gwen, por su parte, no tuvo la misma suerte. Entre risas y algo de frustración, realizó sus tres disparos, uno de ellos logró impactar en la diana, aunque lejos del centro, mientras que los otros dos ni siquiera llegaron al objetivo, perdiendo fuerza antes de llegar.
Harry, que normalmente habría aprovechado para bromear o dar consejos, ni siquiera estaba de humor para intentarlo. Se mantuvo en un silencio tenso durante el resto del juego, con la mirada perdida en algún punto de la sala
El resultado final fue claro, el equipo azul se llevó la victoria. Harry, intentando mantener la compostura, le hizo una señal a la sirvienta. La mujer se acercó y entregó a los ganadores un pequeño anillo de tiro metálico.
-Guarden eso *explicó Harry con voz plana* Les servirá para el final
Peter y Gwen asintieron, chocando los cinco con entusiasmo por su primera victoria. Al darse la vuelta, se toparon con Nicolás, que ya estaba de regreso y los observaba apoyado contra el marco de la puerta con una sonrisa enigmática. Miró primero a Harry y luego a Peter, como si supiera algo que los demás no.
-Parece que Peter tiene un talento natural para la arquería, ¿verdad?
-¡Fue increíble! *coincidió Liz, mientras Gwen asentía con una sonrisa que aún delataba algo de timidez.
Peter y Nicolás intercambiaron una mirada rápida. El joven le dedicó un leve asentimiento de cabeza que Peter le devolvió por reflejo, sin saber muy bien de que trataba la cosa en realidad
Harry pasó por el lado de ellos a paso rápido, sin detenerse.
-No importa *soltó Harry sin mirar atrás* Todavía quedan tres juegos. Tenemos tiempo de sobra para remontar.
Los cuatro jóvenes se quedaron un segundo atrás, intercambiando miradas de extrañeza ante la repentina y agresiva competitividad de Harry, pero finalmente se encogieron de hombros y lo siguieron hacia la siguiente estancia.
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Harry, decidido a no dejarse vencer por la "suerte" de Peter, guio al grupo hacia una mesa de cristal donde esperaba un set de Jenga de acrílico. Las piezas brillaban bajo las luces, pareciendo bloques de hielo perfectamente pulidos.
-Esto es cuestión de pulso y nervios de acero *anunció, recuperando un poco de su aire de suficiencia* Vamos a ver quién tiene la mano más firme.
Jugaron dos rondas y, en ambas, ocurrió algo que desafiaba cualquier ley física.
Cuando Peter o Gwen sacaban un bloque, la torre parecía estar hecha de granito, sólida y firme.
Pero en cuanto Harry estiraba los dedos para rozar una pieza, la estructura empezaba a tambalearse de forma exagerada, como si un pequeño sismo afectara solo a su lado de la mesa.
En la primera ronda, apenas Harry intentó extraer un bloque central, la torre colapsó. En la segunda, no llegó ni a tocarla, el simple movimiento de su mano cerca de la base hizo que todo se viniera abajo.
Harry se quedó mirando sus propias manos, incrédulo, mientras Peter y Gwen intercambiaban una mirada de sorpresa.
Sin darse por vencido, Harry pasó al siguiente juego: el castillo de naipes.
El reto era simple, la pareja que armara la estructura más alta en el menor tiempo posible ganaría el punto.
Harry tomó las cartas con movimientos rápidos y expertos, pero lo que debería haber sido una tarea sencilla para él se convirtió en una pesadilla. Cada vez que intentaba apoyar las dos primeras cartas para formar la base, estas se deslizaban como si estuvieran enceradas.
Probó con diferentes naipes de la baraja, cambió la presión de sus dedos, incluso aguantó la respiración, pero no hubo caso, las cartas simplemente no se sostenían.
-¡No puede ser! *exclamó Harry, viendo cómo Peter y Gwen ya llevaban tres niveles de un castillo perfectamente estable.
Liz, por el contrario, decidió que no valía la pena amargarse. Al ver que Harry estaba atrapado en un bucle de fallos inexplicables, soltó una carcajada y se dedicó a bromear con Peter y Gwen.
-Parece que hoy las cartas te odian, Harry *dijo Liz con una sonrisa, aceptando la derrota sin problemas* ¡Miren ese castillo, chicos! Va a llegar al techo a este paso.
Liz terminó divirtiéndose con ellos, celebrando la habilidad de la pareja ganadora y ayudando a recoger las cartas que Harry, en un arranque de frustración, había dejado desparramadas por la mesa.
Mientras los tres reían por una anécdota que contó Liz sobre sus entrenamientos, Harry permanecía a un lado, con la mirada fija en el suelo y el rostro tenso. No entendía cómo todo lo que solía dominar le estaba fallando de manera tan estrepitosa frente a Gwen.
A medida que avanzaba la tarde, el patrón se repetía. En cada transición entre juegos, Nicolás soltaba alguna excusa poco elegante para ausentarse.
-Uf, creo que ese chocolate estaba rancio, Harry *decía Nicolás apretándose el estómago con una mueca fingida* Me cayó como una piedra. Necesito volver al baño.
A Harry se le marcaba una vena en la frente cada vez que oía el comentario.
No solo estaba perdiendo en su propia casa, sino que ese invitado no invitado estaba sugiriendo que el catering de los Osborn era de mala calidad.
Sin embargo, Nicolás siempre reaparecía justo a tiempo para ver el colapso final de Harry en los naipes o el Jenga, soltando alguna frase mordaz sobre la "mala suerte" del anfitrión antes de volver a su rincón.
La derrota técnica de Harry ya era un hecho, pero su orgullo le impedía detenerse. Necesitaba, al menos, ganar el evento principal.
-Bien *dijo Harry, tratando de que su voz no temblara de irritación* El último juego: la búsqueda del tesoro. Hay huevos de porcelana escondidos por toda la mansión. Algunos son fáciles de ver, otros requieren... más ingenio.
Harry entregó un cronómetro a cada equipo. La idea de dejar a Peter y Gwen solos por los pasillos de la mansión le revolvía el estómago, pero no tenía otra opción; las reglas que él mismo había diseñado lo obligaban a ir con Liz.
-Tienen treinta minutos *sentenció Harry* A la cuenta de tres, el tiempo empieza a correr. Quien traiga más huevos a esta sala antes de que suene la alarma, gana el juego final.
Liz asintió con entusiasmo deportivo, mientras Gwen y Peter intercambiaban una mirada de complicidad.
A la señal de Harry, todos presionaron el botón de sus dispositivos y el juego comenzó.
Las parejas se separaron rápidamente, desapareciendo por los distintos pasillos de la enorme propiedad.
Nicolás, por su parte, no se movió de inmediato. Se quedó en el vestíbulo hasta que el eco de los pasos se desvaneció.
Con una sonrisa tranquila y los bolsillos llenos de los chocolates que supuestamente "le habían sentado mal", decidió seguir de lejos a Peter y Gwen.
Se movía con una ligereza, manteniéndose en las sombras y las esquinas, observando cómo la pareja se adentraba en la mansión, ajenos a que su "ángel de la guarda" los vigilaba desde la distancia.
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La mansión de los Osborn parecía un laberinto mientras Peter y Gwen se adentraban en una de las habitaciones de invitados del segundo piso. El cuarto era inmenso, decorado con un lujo que se sentía frío, muy alejado de la calidez de sus hogares.
-¿No te pareció todo muy... extraño? *preguntó Gwen mientras revisaba detrás de unas cortinas de terciopelo* Digo, Harry estaba muy raro hoy. Parecía que el mundo se iba a acabar cada vez que perdía un juego.
Peter, que estaba agachado mirando bajo una cómoda tallada, asintió con una mueca.
-Sí, estaba muy intenso. Supongo que quería que todo fuera perfecto, ya sabes cómo es él. Pero, quitando su humor, los juegos estuvieron divertidos. Nunca imaginé que ganaría en tiro con arco.
Gwen soltó una risita suave que resonó en el cuarto.
-Fue increíble, Peter. Casi pareció magia.
Siguieron conversando sobre trivialidades, riendo por la forma en que Liz se tomaba las cosas, hasta que Gwen señaló hacia arriba, sobre un armario de caoba que casi llegaba al techo. Allí, brillando entre las molduras, estaba uno de los huevos de porcelana.
-Está altísimo *dijo Gwen* No llego ni saltando.
-Súbete a mis hombros *propuso Peter, colocándose de espaldas contra el armario* Yo te sostengo.
Gwen dudó un segundo, pero terminó aceptando. Mientras Peter la ayudaba a subir y la sostenía con firmeza por las piernas para que no cayera, la charla tomó un rumbo más personal.
-Sabes... Liz parece estar muy interesada en ti *comentó Gwen, tratando de sonar casual mientras se estiraba hacia el huevo.
-No lo sé *respondió Peter con voz un poco ahogada* Quizás solo está agradecida. La he ayudado mucho con las clases de química y esas cosas.
Gwen negó con la cabeza, aunque él no pudiera verla.
-Siempre igual, Peter. Siempre te menosprecias, como si no tuvieras nada bueno por lo que alguien pudiera interesarse en ti.
-Es que soy solo un nerd, Gwen *suspiró él* No tengo nada de atractivo para las mujeres. No soy guapo, no soy atlético como los chicos del equipo, ni siquiera soy gracioso. Solo tengo... mi cerebro. Y a las chicas no les atrae eso.
Gwen se estiró aún más, con las yemas de los dedos rozando la porcelana fría.
-Eso no es cierto *dijo ella en voz baja pero firme* Eres un chico de gran corazón, amable, adorable... un poco cabeza hueca a veces, pero siempre con las mejores intenciones. Y aunque no lo creas, sí eres alguien atractivo. Eres diferente a los demás, que solo ven el físico. Tú te preocupas por conocer a la gente de verdad... y eso te hace muy especial.
En ese momento, Gwen logró cerrar los dedos sobre el huevo. Sin embargo, una brisa repentina la tomo por sorpresa, agitando las cortinas con tal fuerza que la hizo perder el equilibrio.
-¡Gwen! *gritó Peter.
Él reaccionó por instinto. En lugar de dejarla caer al suelo, puso su propio cuerpo para amortiguar el golpe. Cayeron con un estruendo sordo y Peter rodó sobre la alfombra para absorber el impacto, terminando el movimiento con Gwen debajo de él.
Ambos quedaron en silencio, solo roto por la respiración agitada de ambos. Estaban muy juntos, tanto que Peter podía ver las pequeñas motas de color en los ojos de Gwen. Él se quedó paralizado, con el corazón martilleándole en el pecho, y cuando intentó balbucear una disculpa y separarse, sintió que las manos de Gwen lo sujetaban con suavidad por los hombros.
Ella estaba completamente sonrojada, pero no apartó la mirada.
-Nunca he conocido a un chico como tú, Peter *susurró ella, esforzándose por mantener la voz firme* Y si yo fuera Liz... yo no te dejaría ir.
La tensión en el aire se volvió casi tangible. Peter no sabía qué decir, estaba atrapado en su mirada, hasta que Gwen acortó la distancia, puso una mano en su mejilla y lo besó. Fue un beso breve, suave, pero que para Peter se sintió como si el mundo entero se detuviera.
A los pocos segundos, Gwen pareció darse cuenta de lo que acababa de hacer. Sus ojos se agrandaron por la sorpresa de su propia audacia. Lo apartó con rapidez, se puso en pie de un salto y, sin mirar atrás, salió corriendo de la habitación, dejando a Peter solo en el suelo, tocándose los labios con una mano y sin poder procesar lo que acababa de ocurrir.
Tenía la mente en blanco, el pulso a mil y la sensación del beso todavía quemándole los labios. Estaba completamente tieso, procesando las palabras de Gwen y el hecho de que su realidad acababa de dar un giro de 180°.
De la nada, una sombra se proyectó sobre él.
-¿Te vas a quedar ahí parado como mona china en un anime o vas a ir detrás de la chica que se te acaba de declarar? *la voz de Nicolás cortó sus desvaríos
Peter dio un brinco del susto, casi golpeándose la cabeza contra el armario que antes intentaban alcanzar. Se giró hacia Nicolás, que lo miraba con una mezcla de aburrimiento y profunda decepción
-¡Y-yo...! ¡Yo...! *Peter empezó a tartamudear, con la cara roja como un tomate* ¿Qué? Espera... ¿Desde cuándo estás aquí? ¿Nos estabas espiando?
En lugar de responder, Nicolás se acercó a paso rápido y, sin mediar palabra, le soltó una cachetada que hizo que a Peter le pitara el oído.
-¡Auch! ¿Por qué hiciste eso? *exclamo, llevándose la mano a la mejilla.
-¿De verdad estás más preocupado por dónde estaba yo que por Gwen? *le espetó Nicolás, agarrándolo de los hombros y dándole la vuelta con fuerza* ¡Mueve el trasero, Parker!
Nicolás le dio un empujón violento hacia la puerta, casi haciéndolo tropezar de nuevo.
-¡Ve por la chica, demonios! ¡No dejes que se encierre en el baño a llorar de la vergüenza por tu culpa! *le gritó Nicolás desde el centro de la habitación, haciendo gestos exagerados para que saliera.
El empujón pareció ser el interruptor que Peter necesitaba para reaccionar. El shock se transformó en adrenalina. Sin decir una palabra más, Peter salió disparado de la habitación de invitados, sus pies golpeando la alfombra del pasillo mientras empezaba a correr desesperadamente, buscando el rastro de Gwen entre los interminables corredores de la mansión.
Nicolás se quedó solo en el cuarto, soltó un suspiro y se guardó las manos en los bolsillos, negando con la cabeza.
-Qué difícil es ser Cupido en este universo... *murmuró para sí mismo, mientras sacaba otro chocolate del bolsillo.
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Gwen corría sin rumbo fijo, con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escapar.
Sus pies la llevaron por pasillos flanqueados por retratos antiguos de los Osborn que parecían juzgarla con la mirada. Finalmente se detuvo en una intersección de corredores, dándose cuenta de que, en su pánico y vergüenza, no tenía la menor idea de dónde estaba.
Se cubrió la cara con las manos, sintiendo el calor abrasador en sus mejillas.
-¿En qué estaba pensando? *susurró para sí misma* Esto no se supone que tendría que ser así.
No había un plan, no había una estrategia. Simplemente se había dejado llevar por la tensión, por la cercanía de Peter y por ese sentimiento que llevaba guardado tanto tiempo que ya le pesaba en el alma. Ahora, la sola idea de volver a mirarlo a los ojos la hacía querer desaparecer.
De repente, una voz rompió el silencio del pasillo.
-¡Gwen! ¡Gwen, espera!
Ella se dio la vuelta lentamente y vio a Peter al final del largo corredor. Venía corriendo, despeinado y con la respiración entrecortada. Gwen juntó sus manos tras su espalda, entrelazando los dedos con nerviosismo, y clavó la vista en la alfombra, esperando que la tierra se la tragara antes de que él llegara.
Peter se detuvo frente a ella, jadeando un poco.
-Gwen... *dijo él al mismo tiempo que ella decía su nombre.
Ambos se callaron de inmediato, sumidos en una incomodidad adorable.
-Tú... tú ve primero *murmuró Gwen, sin levantar la vista.
Peter se rascó la cabeza, buscando las palabras en algún rincón de su cerebro que no estuviera frito por los nervios. Tras unos segundos, finalmente habló.
-Bueno... nos conocemos desde hace mucho tiempo. Y yo... te he considerado mi mejor amiga de toda la vida. A veces incluso más que a Harry. Siempre me has ayudado, me has apoyado... no sé qué habría hecho si no estuvieras conmigo en tantos momentos.
Peter empezó a divagar, perdiéndose en agradecimientos, hasta que sacudió la cabeza para centrarse.
-Yendo al punto... te aprecio mucho. Desde hace mucho tiempo. Y nunca creí que alguien tan asombrosa y... y hermosa como tú... pudiera estar interesada en alguien como yo. Y... bueno...
Se quedó sin palabras, atrapado en la inmensidad de los ojos de Gwen, que ahora lo miraba con una ternura infinita.
En ese instante, las palabras de Nicolás resonaron en su cabeza.
¿Podrías soportar verla con otro hombre sin haber sido sincero?
Esa fue la chispa que necesitaba. Peter dio un paso adelante, acortando la distancia, y tomó la mejilla de Gwen con delicadeza. Sin darle tiempo a pensar, la besó.
Ella soltó un pequeño jadeo de sorpresa y el huevo de porcelana que aún sostenía se le resbaló de las manos, estrellándose contra el suelo en mil pedazos. Pero no le importó.
Se derritió en el beso casi al instante, pasando sus manos tras la nuca de Peter para acercarlo más, mientras él envolvía su cintura con seguridad, como si temiera que ella fuera a desaparecer si la soltaba.
Se quedaron así un tiempo, disfrutando del calor del otro y del silencio que ahora era perfecto. Cuando finalmente se separaron, no se alejaron del todo, sus rostros seguían a centímetros, compartiendo el mismo aire.
-Vaya... hace un poco de calor de repente, ¿no? *comentó Gwen con una sonrisa traviesa, notando el intenso sonrojo en la cara de Peter.
Ambos se largaron a reír, todavía abrazados, olvidándose por completo del juego, de los huevos de porcelana y cualquier otra cosa que no sea este momento
El abrazo se prolongó unos minutos más. Sin embargo, la burbuja estalló cuando el sonido estridente de la alarma de sus dispositivos retumbó en el pasillo, indicando que los treinta minutos habían terminado.
Se miraron un segundo, aún con las mejillas encendidas. Gwen, con una chispa nueva en los ojos, se acercó para darle un último beso rápido y suave antes de tomarlo de la mano con firmeza.
-No podemos hacerlos esperar *dijo ella con una sonrisa cómplice
Al bajar las escaleras y entrar en la sala principal, ambos intentaron recuperar la compostura, actuando como si nada hubiera pasado.
-Supongo que perdimos este juego *comentó Peter en voz alta, rascándose la nuca con fingida distracción.
-Sí *le siguió el juego Gwen, mirándolo de reojo* Alguien olvidó la cesta con todos los huevos que recolectamos.
-¡Oye! *Peter fingió estar ofendido* Tenía que perseguir a una jovencita que salió corriendo, estaba algo ocupado.
Gwen se acercó un poco más, chocando su hombro con el de él de forma juguetona.
-¿Ah, sí? Debiste estar muy preocupado entonces.
-Lo estaba *respondió Peter, bajando la voz y sosteniéndole la mirada* Después de todo, no podía dejar que se escapara de entre mis brazos.
Sus rostros comenzaron a acortar la distancia de nuevo, pero se separaron bruscamente cuando las puertas se abrieron de par en par. Liz entró triunfante junto a Harry, sosteniendo una cesta rebosante de huevos de porcelana.
-¡Hola, equipo azul! *exclamó Liz con energía. Peter y Gwen le devolvieron el saludo, tratando de no parecer sospechosos.
Liz comenzó a contar con entusiasmo: uno, cinco, diez... quince huevos en total. Al terminar, notó que Peter y Gwen tenían las manos vacías.
-¿Y su cesta? *preguntó Liz arqueando una ceja* ¿No me digan que el gran Petie Parker no encontró ni uno?
-En el apuro por volver a tiempo... se nos olvidó en alguna habitación *explicó Peter, evitando mirar a Harry.
Harry, sin embargo, no les quitaba la vista de encima. Había algo en la energía de ambos, en cómo se paraban el uno junto al otro, que lo hacía sospechar. Sentía que algo había cambiado en esos treinta minutos y la idea le revolvía el estómago.
-Bueno *dijo Liz con una sonrisa de oreja a oreja* supongo que al fin el equipo rojo ha ganado, ¿no es así, Harry?
Justo en ese momento, Nicolás entró en la habitación, balanceando una cesta en su mano derecha.
-¿Encontré esto tirado de camino hacia aquí? *dijo con su habitual tono despreocupado* Por casualidad... ¿es de alguno de ustedes?
Gwen abrió los ojos de par en par, reconociendo la cesta.
-¡Sí! Es la nuestra. Pero... ¿cómo? Si la dejamos en...
-Pura casualidad *la interrumpió Nicolás con una sonrisa enigmática* Me perdí un poco buscando el salón. Por cierto, Harry, los baños de esta mansión son increíbles, podría literalmente vivir en uno de ellos.
Gwen tomó la cesta rápidamente y empezó a contar junto a Peter.
-Dieciséis, diecisiete... ¡dieciocho! *exclamó Gwen emocionada.
Se miraron y, sin poder evitarlo, se fundieron en un abrazo mientras Gwen saltaba de alegría por la victoria inesperada. Liz hizo un puchero dramático, cruzándose de brazos.
-¡No es justo! ¡No ganamos ni una sola ronda! *se quejó, aunque pronto se relajó* En fin, supongo que ustedes dos hacen un buen equipo después de todo.
Liz dejó de fingir su molestia y sonrió, aceptando que, a pesar de todo, se había divertido.
Harry, por el contrario, permanecía mudo. Su mirada oscilaba entre el brillo en los ojos de Gwen y la seguridad con la que Peter la sostenía. Definitivamente, algo había pasado.
Entonces, notó que alguien lo observaba. Al girar la cabeza, se encontró con Nicolás.
El invitado lo miraba con una ligera sonrisa y una expresión de superioridad, como si hubiera estado moviendo los hilos de un teatro de marionetas durante todo el día y el acabara de darse cuenta de que solo era una de las piezas del tablero.
Harry suspiró, tratando de mantener el papel de anfitrión generoso a pesar de que por dentro sentía que el día había sido un desastre total. Metió la mano en el bolsillo de su saco y extrajo un sobre elegante.
-Bueno *dijo con voz apagada* había preparado diferentes premios en base a la cantidad de anillos de victoria que consiguieran, pero viendo que los ganaron todos ustedes... supongo que esto les pertenece.
Le entregó a Gwen un boleto doblado por la mitad. Peter y Liz se asomaron con curiosidad mientras ella lo abría. Eran dos entradas VIP para el concierto de Katy Perry.
Gwen y Peter intercambiaron una mirada rápida; se notaba que no eran precisamente el tipo de público que se vuelve loco por el pop comercial. Sin embargo, Liz soltó un grito que casi los deja sordos.
-¡No puede ser! ¡Entradas VIP para Katy Perry! *exclamó con los ojos brillando* ¡Es imposible conseguirlas!
Pero, casi al instante, sus hombros cayeron y su expresión se ensombreció al recordar que ella no había ganado el juego. Gwen, notando la decepción de su amiga y sabiendo que aquello no era lo suyo, le extendió las entradas con una sonrisa amable.
-Sabes, Liz... no soy una gran fanática de su música *confesó* ¿Por qué no te las quedas tú y vas con tu hermana menor? Estoy segura de que ustedes lo disfrutaran mucho más que nosotros.
Liz se quedó de piedra, mirando el boleto como si fuera un tesoro sagrado.
-¿Lo dices en serio, Gwen? ¿De verdad?
Gwen asintió, y en un segundo, Liz se le abalanzó encima en un abrazo sofocante, llenándola de agradecimientos y repitiendo una y otra vez que era la mejor amiga del mundo.
Peter sonreía ante la escena, pero su mirada se cruzó accidentalmente con la de Harry. Su amigo ya ni siquiera parecía enojado, simplemente se veía desanimado, como si toda la energía se le hubiera escapado del cuerpo al ver que incluso su gran "premio final" terminaba siendo regalado.
Nicolás se acercó al grupo, aplaudiendo perezosamente.
-Felicidades a todos *dijo, mirando a Liz* Tienes suerte, esas entradas son difíciles de conseguir y cuestan una pequeña fortuna.
-¿A ti también te gusta Katy Perry? *preguntó Liz, todavía eufórica.
Nicolás simplemente se encogió de hombros con indiferencia.
-Na, la verdad es que nunca he escuchado ni un solo tema de ella.
El resto de la tarde transcurrió de forma más tranquila.
Se sentaron a comer algunos bocadillos mientras Liz, intrigada por el invitado, bombardeaba a Nicolás con preguntas.
Quería saber cómo había conocido a Peter, a qué escuela iba o de dónde venía, pero Nicolás era un experto en el arte de no decir nada. Sus respuestas eran siempre ambiguas, llenas de ironía y medias verdades que dejaban a Liz entretenida pero sin ninguna información real.
Para todos fue una charla amena, excepto para Harry, que permanecía en un silencio sepulcral, observando cómo Peter y Gwen compartían sonrisas rápidas y roces de manos casi imperceptibles bajo la mesa.
Finalmente, el sol empezó a ponerse, tiñendo de naranja los grandes ventanales de la mansión. Harry se levantó, indicando que el día había terminado.
-Las limosinas ya están listas afuera *anunció con voz monótona* Los llevarán a sus casas.
=====
Frente a la imponente fachada de la mansión, dos limusinas negras aguardaban con los motores en marcha.
Harry permanecía de pie en la escalinata de entrada, cumpliendo con su papel de anfitrión hasta el último segundo mientras se despedía de sus invitados.
Cuando llegó el turno de Nicolás, este le ofreció un apretón de manos con naturalidad. Harry lo miró con desconfianza un segundo antes de aceptar el gesto, pero cuando intentó retirar su mano, descubrió que no podía.
El agarre de Nicolás se volvió férreo
-Normalmente no me metería en algo tan privado *murmuró Nicolás, inclinándose ligeramente hacia él para que nadie más lo escuchara* pero viendo cuánto empeño has puesto en intentar conquistar a una chica que ni siquiera te gusta, solo por el capricho de "ganarle" en algo a Peter... bueno, no pude simplemente quedarme de brazos cruzados.
Harry intentó hacerse el desentendido, apretando los dientes mientras forcejeaba sutilmente por soltarse, pero era inútil.
-Es una pena que tu plan te diera un tiro por la culata, ¿no crees? *continuó Nicolás, acercándolo un poco más y bajando el tono* Qué mal amigo debes ser para intentar algo así.
La mención de su deslealtad hizo que Harry se encendiera de rabia. Sostuvo la mirada de Nicolás con furia, pero antes de que pudiera soltar la réplica que le quemaba en la lengua, Nicolás lo soltó de golpe. Con una sonrisa radiante y despreocupada, el chico se despidió como si nada hubiera pasado.
-¡Espero volver a verte pronto, Harry! *exclamó Nicolás mientras se alejaba* Dale mis saludos a tu padre.
Harry se quedó atrás, frotándose la mano dolorida y observando la espalda de Nicolás con un odio visceral. En ese momento, se hizo una promesa silenciosa, descubriría quién era ese tipo y se aseguraría de que lamentara haberle puesto una mano encima.
A unos metros, la despedida era mucho más cálida.
Gwen y Liz se fundieron en un abrazo, con Liz repitiendo una vez más lo agradecida que estaba por las entradas VIP. Luego llegó el turno de Peter. Liz lo rodeó con los brazos, pegando su boca a su oído de una forma que hizo que Peter se pusiera rígido por la vergüenza.
-Es una pena, Petie... en serio te quería para mí *le susurró Liz, con un deje de honestidad que lo tomó por sorpresa* Pero soy una chica a la que le gustan los romances clásicos. ¿Cómo podría interponerse alguien en un amor de la infancia?
Liz se separó un poco, mirándolo a los ojos con ternura
-Cuida de Gwen, ¿sí? Y cuídate tú también... Y si por alguna razón lo suyo no funciona y yo sigo soltera... no me importaría pasar más tiempo contigo, ¿sabes? *le dijo con una sonrisa pícara.
Peter, conmovido por su sinceridad, sonrió y asintió, agradeciéndole de corazón. Liz le devolvió un suave beso en la mejilla antes de verlo subir a la limusina junto a Gwen.
Finalmente, Nicolás se acercó a Liz para despedirse. Ella lo abrazó ligeramente, mencionando que había sido un verdadero placer conocerlo.
-Igualmente Liz *respondió Nicolás* Y gracias por ser tan comprensiva.
Liz parpadeó confundida, sin entender a qué se refería, hasta que vio a Nicolás señalar con la cabeza hacia el interior de la limusina, donde Peter y Gwen ya estaban sentados muy juntos. Liz abrió mucho los ojos y una sonrisa cómplice iluminó su rostro.
-¿Tú también te habías dado cuenta? *le preguntó en voz baja.
-Solo necesité una mirada *respondió Nicolás, devolviéndole la sonrisa.
Compartieron un último gesto de entendimiento mutuo y se separaron, entrando en sus respectivos vehículos
=====
Dentro de la limusina, el ambiente era mucho más cálido que el frío lujo de la mansión Osborn.
Peter y Gwen estaban sentados uno junto al otro, pero sus miradas no dejaban de encontrarse. En el asiento de enfrente, Nicolás los observaba con una sonrisa de absoluta satisfacción, una expresión de "misión cumplida" que no intentaba ocultar.
-¿Por qué nos miras así? *preguntó Peter con una sonrisa tímida.
-Porque al fin veo que mis esfuerzos han tenido resultado *respondió Nicolás, abriendo los brazos hacia ellos como si estuviera presentando un gran acto* Al final del día, se ha formado una feliz pareja y, sinceramente, no podría estar más contento por ustedes.
Gwen y Peter se miraron, sorprendidos por la franqueza del chico.
-¿Tan obvios somos? *preguntó Gwen, soltando una pequeña risa.
Nicolás buscó instintivamente un chocolate en sus bolsillos, pero al darse cuenta de que solo le quedaba uno, decidió guardarlo para después con un gesto de resignación.
-Bueno... el cariño que se tienen se les derrama por los ojos *respondió él, volviendo a mirarlos* Sinceramente, me sorprende que hayan aguantado tanto tiempo sin darse cuenta.
Gwen y Peter compartieron una mirada llena de complicidad y, sin pensarlo, se tomaron de la mano.
-La espera valió la pena *murmuró Gwen, apretando los dedos de Peter.
-¡Más vale! *celebró Nicolás con una carcajada* En este punto, verlos juntos es como ganar la Copa del Mundo.
En ese momento, el teléfono de Nicolás vibró. Lo sacó del bolsillo, leyó el mensaje y levantó una ceja, soltando una risa corta mientras negaba con la cabeza.
-¿Qué pasa? *preguntó Gwen con curiosidad* ¿Alguien consiguió su propio San Valentín?
-¡Ohhh! *exclamó Peter, siguiéndole el juego con tono burlón.
-¡Cállense, ustedes dos no pueden hablar! *los mandó a callar Nicolás, fingiendo indignación* No sé si un "San Valentín", pero alguien parece haber preparado algo y me daría pena negarme, así que...
Nicolás guardó el teléfono y los miró con una expresión más suave.
-En fin, me alegro mucho por ustedes. Espero volver a verlos pronto, y más les vale que para entonces estén todavía más felices.
Ambos sonrieron y asintieron con firmeza. Nicolás dio un par de toques en el vidrio que lo separaba del conductor.
-Para aquí, por favor. Aquí me bajo *ordenó.
-¿Estás seguro? *preguntó Peter* Olivia seguramente espera que llegues a casa...
-Dile que tenía algo que hacer *lo interrumpió Nicolás, abriendo la puerta* Además, sé cuidarme solo, no se preocupen por mí.
El coche se detuvo y Nicolás bajó a la calle. Antes de cerrar, echó una última mirada al interior.
-Feliz San Valentín *dijo con un guiño.
La puerta se cerró y la limusina volvió a arrancar. El silencio regresó al vehículo, pero esta vez no era incómodo. Gwen miró a Peter y luego el reloj de la consola.
-Aún faltan varios minutos para llegar a casa de May... *comentó ella con voz sugestiva.
Peter levantó una ceja, intrigado, pero antes de que pudiera responder, Gwen se movió con agilidad y se sentó sobre sus piernas, atrapándolo en un beso sorpresa que lo dejó sin aliento. Cuando se separaron apenas unos milímetros, ella lo miró fijamente a los ojos.
-Mientras tanto... ¿por qué no recuperamos todo este tiempo perdido?
Peter sonrió, puso sus manos en la cintura de Gwen para acercarla más y, justo antes de acortar la distancia final, le susurró
-Nada me gustaría más.
Entonces, ambos se fundieron en un beso apasionado, dejando atrás los nervios, las dudas y la sombra de los Osborn, disfrutando finalmente de su propio momento.
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El patio trasero de la mansión de los X-Men estaba sumido en una calma inusual, apenas interrumpida por el suave zumbido de los grillos.
Sobre el césped, un mantel perfectamente extendido y asegurado con piedras en las esquinas servía de escenario para una cita improvisada.Había vasos listos, bebidas frescas y una selección de aperitivos, destacando unos sándwiches de miga cortados con forma de corazón, ubicados con prolijidad
Jubilee miraba su teléfono con insistencia, jugueteando con un mechón de su pelo. No quería admitirlo, pero estaba un poco nerviosa. Le había enviado ese mensaje a Legion invitándolo a "pasar el rato", una excusa simple para ocultar que realmente quería verlo, pero el tiempo pasaba y la duda crecía.
-Tal vez debí preguntarle con más tiempo *suspiró ella, levantando la vista hacia la luna* Es un héroe que recorre todo el planeta salvando a mucha gente. Quizás ahora mismo esté deteniendo a un supervillano, o ayudando tras un terremoto... o deteniendo un tsunami...
-O simplemente en el patio trasero de una mansión con jóvenes superdotados *intervino una voz a sus espaldas.
Jubilee dio un brinco, soltando un pequeño grito mientras se daba la vuelta con el corazón en la garganta.
Allí estaba él. Legion vestía ropa de civil, sin su armadura pero conservando su característico casco.
-¡Casi me das un susto de muerte! *exclamó ella, tratando de recuperar el aliento* Podrías haber avisado.
-No tienes de qué preocuparte *respondió él mientras se acercaba con una risita* Conmigo aquí, en un parpadeo ya estarías en la sala médica de la mansión.
Jubilee arqueó una ceja y soltó una risa burlona.
-Eso sonó muy engreído para ser un héroe, ¿sabes?
-¡Hey, yo solo decía! *se defendió él alzando las manos con falsa inocencia.
Ambos compartieron una carcajada y Legion se sentó en el otro extremo del mantel. Al bajar la mirada, notó los sándwiches de miga con forma de corazón, arqueando las cejas mientras una sonrisa involuntaria asomaba en su rostro.
-¿Sándwiches de miga? *preguntó con curiosidad* Y con esa forma...
-Bueno... mencionaste que te gustaban *dijo Jubilee, desviando la mirada con timidez* Como me sobraba algo de tiempo, busqué cómo hacerlos. Espero que te gusten.
Legion tomó uno, asintiendo con agradecimiento.
-Están deliciosos...sinceramente, me tomó por sorpresa el mensaje *admitió* Hoy planeaba terminar la noche viendo algunas películas...
-¡Eso es mentira! *la voz de Sid resonó desde el casco* Planeaba exactamente en una hora empezar a recorrer el mundo en busca de algo que hacer
-¡SID! *exclamó Legion, fingiendo enojo hacia su compañera mientras Jubilee estallaba en risas* Ignórala. El punto es que...aprecio tu invitación...y la comida jeje
Ella tomó su vaso y lo levantó ligeramente hacia él, disfrutando de la brisa nocturna.
-Bueno, al menos alguien aquí aprecia mi cocina *bromeó ella* Feliz San Valentín, Legion.
El heroe levantó su vaso, chocándolo suavemente con el de ella antes de darle un sorbo.
-Feliz San Valentín, Jubilee
La noche continuó entre risas y confesiones mientras el aire fresco del jardín los rodeaba. Con la curiosidad brillando en sus ojos, Jubilee se inclinó un poco hacia adelante.
-Y bien, Señor Heroe... ¿Qué hiciste hoy además de salvar el día? *preguntó ella con tono bromista.
-Bueno, lo usual, ya sabes, pero si tendría que destacar algo, salvé a alguien... de su propia torpeza digamos *respondió Legion, soltando una risita* Me tocó hacer de Cupido para unos jóvenes que se gustaban pero que no se daban cuenta de lo que tenían enfrente. Tuve que transformarme en XLR8 varias veces para mover los hilos, "ajustar" algunas situaciones y lograr que pasaran lindos momentos sin que se dieran cuenta de mi presencia.
Jubilee arqueó las cejas, divertida por la imagen del velocista alienígena jugando a ser el ángel del amor.
-¿Y al final funcionó? *preguntó ella, interesada.
-¡Por supuesto! *afirmó Legion con orgullo* Me he graduado de Cupido con honores. Ahora hay una feliz pareja de jóvenes que experimentarán las maravillas del amor gracias a mi sutil intervención.
Ambos estallaron en risas, imaginando la escena.
-Vaya, parece que hoy los dos tuvimos la misma idea *comentó Jubilee una vez que recuperó el aliento* Illyana y yo estuvimos haciendo algo muy similar con Kitty y Piotr. Lamentablemente, el es tan cabeza dura que no logró declararse a pesar de todas nuestras señales. Pero bueno, al menos conseguimos que pasaran momentos muy lindos juntos.
Jubilee hizo una mueca de determinación juguetona.
-Aunque Illyana y yo todavía no nos hemos rendido. La próxima vez seremos más directas.
-Pobre Piotr, no sabe lo que le espera con ustedes dos *bromeó Legion.
Siguieron hablando durante horas, disfrutando de los sándwiches de corazón y de la compañía mutua. Entre anécdotas de misiones locas y conspiraciones románticas dentro de la mansión, el tiempo pareció detenerse, dejando que el resto del mundo desapareciera mientras ellos simplemente disfrutaban del momento bajo el cielo estrellado.
En un punto de la noche, Legion apartó la mirada de los sándwiches y la fijó en el horizonte del jardín, dudando un segundo antes de romper la calma.
-Jubilee... *la llamó en voz baja. Ella dejó su vaso de lado, intrigada por el cambio de tono* Esto... esto que está pasando ahora, con nosotros dos aquí... me hace pensar. Tú, en realidad, no sabes quién soy. No sabes quién está detrás del casco, no sabes nada de mi vida ni de mi pasado. ¿Estás segura de... de verdad mostrar este interés en mí?
Ella se quedó observándolo un largo rato. Era extraño verlo dudar. Sin embargo, en lugar de enojarse por su duda, una sonrisa leve y comprensiva apareció en su rostro.
-Así que era eso... *murmuró ella* Tienes razón, no te conozco. Y curiosamente parece que tú sí sabes bastante de mí. Así que... ¿Qué te parece si nos tomamos nuestro tiempo? ¿Qué tal si me permites conocerte?
Se encogió de hombros, restándole peso a la situación para que él se relajara.
-No tiene por qué ser algo serio desde ya. Somos jóvenes, y están las hormonas y todo ese tema del que Scott siempre habla para que tengamos cuidado. No tenemos que ponerle una etiqueta ahora mismo. ¿Qué tal si empezamos por ser... amigos y un poco más? Y vamos viendo hacia dónde va todo. ¿Qué dices? Sin compromisos
Legion la observó en silencio, procesando la honestidad de sus palabras. Tras unos segundos, asintió lentamente
-Se oye bien *respondió con una sonrisa más relajada* Sí... conocernos y... ver qué tal.
Jubilee asintió satisfecha y ambos se quedaron mirándose un momento más, disfrutando de la nueva complicidad que se había formado.
En ese instante, Legion pareció recordar algo importante. Metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño chocolate —el último que le quedaba y que había guardado con celo— para ofrecérselo.
-No es tan bueno como lo que tú preparaste, pero... *dijo él, extendiéndoselo.
Jubilee lo tomó con una sonrisa, lo desenvolvió y le dio un mordisco, cerrando los ojos mientras lo degustaba con calma.
-Es perfecto *sentenció ella.
Legion soltó un suspiro de alivio y sonrió.
La noche continuó así, entre charlas pausadas y risas suaves, mientras dos jóvenes —un héroe con demasiados secretos y una chica que lanzaba fuegos artificiales con los dedos— comenzaban, muy despacio, el camino de conocerse de verdad.
Feliz San Valentin
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MUCHACHOS, MUCHACHOS, NO SABEN CUANTO HE TRABAJADO, MAS DE 8.200 PALABRAS...PUF, Y ESO QUE LO HAGO GRATIS EH JAJAJA
BUENO CHICOS Y CHICAS, CON ESTE CAPITULO, TERMINAMOS EL ESPECIAL DE SAN VALENTIN
AL FIN, PETER Y GWEN FUERON SINCEROS UNO CON EL OTRO, DECLARANDOSE SU AMOR...Y DECIDIENDO RETOMAR EL TIEMPO PERDIDO
LAMENTABLEMENTE PARA HARRY, SUS PLANES FUERON UN FRACASO, SIN OBTENER NADA MAS QUE VERGUENZA Y HUMILLACION, EN CUANDO A LIZ, PARECE QUE ESTA MUCHACHA A MADURADO MUCHO DESDE SU ROMPIMIENTO CON FLASH, A PESAR DE QUE LE GUSTABA MUCHO PETER, COMPRENDIO LA SITUACION Y ACEPTO SU DESICION, DESEANDOLE FELICIDAD A LA PAREJA...Y CLARO, SI LA COSA NO FUNCIONABA, ELLA AUN ESTARIA INTERESADA JAJA
EN CUANTO A NUESTRO PROTAGONISTA, PARA SU SORPRESA, TAMBIEN A TENIDO SU SAN VALENTIN, NO A ENCONTRADO UN COMPROMISO, PERO JUNTO A JUBILEE, HAN LLEGADO A UN PACTO DE CONOCERSE MEJOR, SIN COMPROMISOS, PARA SABER SI UNA POSIBLE RELACION PODRIA NACER ENTRE ELLOS DOS
EN CUANTO A MI, BUENO...MI SAN VALENTIN DIRE QUE FUERON TODOS USTEDES JAJA, ASI ES, ESTAN ATRAPADOS AQUI CONMIGO JAJA...DEJANDO TONTERIAS DE LADO, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO Y SE HAYAN ENTRETENIDO, LAMENTABLEMENTE ESTE ESPECIAL TENDRIA QUE HABER SIDO DESPUES DE FINALIZAR POR COMPLETO EL ARCO DE LOS JOVENES X MEN PERO...NO SE PUDO
COMO SIEMPRE, LES AGRADEZCO TODOS SUS COMENTARIOS Y SU APOYO, EN VERDAD LO APRECIO
SE ME CUIDAN SHAVALES, UN BESITO 😘
