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Chapter 52 - Especial San Valentín parte 2

POV PETER PARKER

Eran las diez de la mañana y el sol entraba de lleno por la ventana de la cocina.

Estaba sentado a la mesa junto a Gwen, intentando prestar atención a lo que pasaba en la televisión, pero la verdad es que tenía la cabeza en otra parte.

Tía May andaba de un lado a otro, moviendo sartenes y preparando bocadillos

-¿Entonces van a pasar el día en lo de Harry? *preguntó May sin dejar de untar mantequilla.

-Sí *le contesté, mientras jugaba con una migaja de pan en la mesa* Volveré a eso de las ocho de la noche.

May dejó el cuchillo y se giró para vernos. Se quedó un momento en silencio, simplemente observándonos.

-¿Y cómo van a volver? No quiero que anden por la calle tarde, Peter. La zona de la mansión de Harry es tranquila, pero el trayecto hasta aquí no tanto.

Gwen dejó su taza de café y le contestó antes de que yo pudiera abrir la boca.

-No te preocupes, May. Harry nos prometió que nos traería en coche a cada uno. Nos va a dejar en la puerta de nuestras casas

May asintió, pareciendo más conforme, y volvió a lo suyo.

-Está bien. Son jóvenes y tienen que disfrutar de San Valentín. Pero por favor, nada de alcohol. No quiero llamadas raras a medianoche.

Sentí que las orejas me empezaban a arder.

-May, en serio... nosotros no tomamos.

Ella soltó una risita seca y se apoyó en la encimera, mirándonos como si fuéramos niños

-Peter, aún que no lo creas, yo también tuve tu edad. Y le dije exactamente lo mismo a mis padres antes de irme a una fiesta.

Gwen soltó una carcajada suave negando con la cabeza.

-De verdad, May. No vamos a tocar ni una gota.

-Confío en ustedes *dijo mí tia, dándome un golpecito cariñoso en el hombro* Solo tengan cuidado.

Me quedé mirando cómo ella terminaba de poner un mantel limpio y acomodaba con cuidado dos tazas de porcelana junto a la bandeja de bocadillos. No era el despliegue típico de un desayuno rápido.

-¿Esperas a alguien? *le pregunté, extrañado.

May sonrió sin dejar de retocar el borde del mantel.

-Sí, a una vieja gruñona que viene a presumir que por fin tiene un "nieto"

Levanté una ceja y traté de repasar mentalmente la lista de amigas de mi tía. No tardé mucho en caer.

-¿Olivia?

May asintió.

Me quedé pensando un momento y luego añadí

-Pero... ¿cómo va a tener un nieto si ella nunca tuvo hijos?

-Por eso mismo viene hoy *contestó May con un tono misterioso que no me ayudó a aclarar nada.

Gwen, que había estado escuchando atenta, dejó su mochila en la silla y se metió en la conversación.

-¿Quizás es una adopción? *sugirió* O tal vez se está haciendo cargo del hijo de algún vecino al que le ha tomado cariño.

May se quedó pensativa un segundo, sopesando la idea.

-Sí, puede ser algo así *murmuró.

En ese momento, el timbre de la puerta principal resono en toda la casa.

-Hablando del diablo *dijo May con una sonrisa, mientras se limpiaba las manos en el delantal y caminaba hacia la entrada para abrir.

Gwen y yo nos quedamos un momento en la cocina mientras terminábamos de organizar las mochilas.

-Me alegra verla así *me dijo ella, y yo simplemente asentí.

Luego de perder al tío Ben, nos llevo tiempo acostumbrarnos a su ausencia, el siempre estaba arreglando algo, o gastandonos bromas cuando menos lo esperábamos...

Ella es una mujer fuerte y se hizo cargo de todo en la casa sin rechistar, sin derramar una sola lágrima.

Pero al mirarla a los ojos, podía verlo, su dolor...y cuánta falta el le hacía a ella día a día...

Pero con el tiempo, a pesar que no desapareció su pena, pudo sobrellevar el dolor con amigas como Olivia visitándola, distrayendola.

Hoy en día, esos momentos ya son extraños, saliendo a pasear y comer con sus amigas o ayudando a los necesitados, me alegra ver cómo May a podido seguir adelante a pesar de todo.

Voces de la entrada empezaron a colarse por el pasillo,cortando mis pensamientos

-¿Cómo has estado, vieja bruja? *soltó una mujer con una carcajada ronca.

-Mucho mejor que tú, anciana *le devolvió May al instante.

Las dos se pusieron a reír con esas ganas que solo tienen las amigas de toda la vida.

May le preguntó algo sobre Daisy, y la otra voz explicó que la perra estaba en el parque con otros perros, pero que hoy no venía sola.

-He traído a alguien más *anunció la mujer.

-Ah, ¿es el nieto del que me hablaste? *preguntó May.

-Sí, este jovencito me ayuda con la casa y los recados. May, te presento a Nicolás.

Ahí fue cuando escuché a un chico, bastante joven, saludando a mi tía con mucho respeto.

Pero lo que me dio risa fue oírlo susurrarle a Olivia: "No sabía que ahora era tu nieto..."

-¡Cállate! Tengo que presumir *le cortó ella de inmediato.

May le agradeció al chico que ayudara a su amiga y los invitó a pasar.

Se escucharon los pasos viniendo hacia nosotros mientras el chico pedía permiso para entrar.

-Qué chico tan educado *comentó May* Pasen, por favor.

-Es que yo lo eduqué bien *presumió la mujer.

-¿De qué hablas? Si solo me tienes haciendo mandados y limpiando *bromeó el chico, aunque ella lo mandó a callar antes de que terminara la frase.

Gwen y yo nos levantamos justo cuando May y Olivia entraban en la cocina.

Olivia se veía un poco más encorvada que la última vez, pero mantenía esa misma mirada afilada y la sonrisa arrogante de siempre. En cuanto me vio, sus ojos brillaron.

-Pequeño mocoso, ¿cómo has estado? *soltó mientras se me venía encima* Veo que creciste un montón, ya estás hecho todo un hombrecito, ¿eh? ¿Ya no le pides a May que te limpie el trasero?

Antes de que pudiera reaccionar, me agarró las mejillas con fuerza y empezó a apretarlas y sacudirlas.

Intenté decir algo, pero con la cara deformada por sus manos solo me salieron ruidos inentendibles

Gwen no aguantó más y se tapó la boca con una mano, soltando una risita por lo bajo que no pasó desapercibida. Olivia soltó mis mejillas y se giró hacia ella, entrecerrando los ojos para verla mejor.

-¿Y tú eres esa niñita sabelotodo? ¿Cómo era...? ¿Gwen? *preguntó, analizándola de arriba abajo.

-Hola, Olivia. Ha pasado un tiempo *saludó, todavía con una sonrisa

Olivia le palmeó la cabeza con brusquedad, pero con una especie de cariño rudo.

-Casi ni te reconozco. Ahora eres una jovencita hermosa, nada que ver a cuando eras pequeña y no parabas de molestar hablando de dinosaurios y datos científicos.

Gwen sonrió y asintio.

Justo cuando Olivia parecía que iba a seguir sacando trapos sucios del pasado, May intervino.

-Deja en paz a los chicos *dijo con un tono divertido* No tienen por qué aguantar los desvaríos de una vieja gruñona.

Olivia chasqueó la lengua, haciendo un gesto de desdén

-Me alegra ver qué no es así solo conmigo *comentó una voz desde la entrada.

Gwen y yo nos quedamos mudos cuando lo vimos pasar.

Era el mismo tipo de la heladería, el que nos había pagado el postre aquella noche. Se veía mucho mejor, con la cara despejada y ropa más prolija, nada que ver con la última vez.

Entró con una sonrisa relajada y nos saludó con un gesto de cabeza.

-Vaya, la feliz pareja *dijo mientras nos miraba a los dos* ¿Qué tal el Banana Split? Espero que les haya gustado.

May nos miró de uno en uno, totalmente perdida.

-¿Ustedes ya se conocen?

-Sí, Peter me dio una mano hace un tiempo cuando tuve... un problemita *explicó el chico, restándole importancia al asunto.

Olivia levantó una ceja y se cruzó de brazos, barriéndolo con la mirada

-¿Problemita? Pero si apenas sales de tu apartamento, niño. ¿Qué te pudo pasar a ti? ¿Se te tapó el baño o qué?

Nicolás abrió los ojos de par en par, exagerando una mueca de ofensa como si estuviera burlándose de ella.

-¿Y a ti qué te importa, metiche?

Olivia no se quedó atrás. Se le acercó en un segundo y le plantó un pellizco en el brazo que lo hizo saltar.

-¿Así es como le hablas a tu abuela? ¿Eh? *le recriminó, mientras él se frotaba el lugar del golpe.

-¡Ay! *se quejó, alejándose un poco* No paras, ¿verdad?

Olivia lo fulminó con la mirada y le dio un empujón suave en el hombro.

-Preséntate como corresponde, no seas maleducado *le ordenó.

Nicolás resopló, pero no discutió.

Se acercó a nosotros y me tendió la mano

-Nicolás Keller, un placer *dijo con una media sonrisa.

-Peter Parker *respondí, aceptando el apretón de manos

Después se giró hacia Gwen y le ofreció la mano también. Ella se la estrechó sin dudarlo, devolviéndole el gesto de forma amable.

-Gwen Stacy. Un placer conocerte formalmente

Nicolás solo asintió con un gesto amistoso, sin decir mucho más, pero manteniendo esa actitud tranquila

-No sabía que Olivia tuviera un nieto *solté, mirando a los dos.

Olivia ya estaba abriendo la boca para responder, pero Nicolás se le adelantó con un suspiro.

-No lo tiene *aclaró* Pero ahora le dio por decirle a todo el mundo que soy su nieto.

Olivia lo mandó a callar con un gesto rápido y miró a May.

-No estaba en mis planes, pero me crucé con este chico en la calle y decidí adoptarlo *dijo ella tan tranquila.

Nicolás levantó una ceja, incrédulo.

-Eso no fue lo que pasó.

-Bueno, así es como yo lo recuerdo *zanjó ella, restándole importancia con la mano.

May negó con la cabeza mientras le acercaba una silla a su amiga para que se sentara. Se acomodó frente a ella y miró a Nicolás con una sonrisa resignada.

-No le hagas caso, jovencito. Ha sido así toda la vida.

Gwen y yo asentimos por puro reflejo; conocíamos bien el carácter de Olivia.

De pronto, un claxon sono desde la calle.

-Ese debe ser nuestro coche *dije, señalando hacia la puerta.

Olivia miró a May buscando una explicación, y mi tía le contó que íbamos a pasar el día en casa de un amigo con otros chicos de la escuela. Olivia aplaudió, entusiasmada, y se giró hacia Nicolás.

-¡Es la oportunidad perfecta! ¿Por qué no vas con ellos?

El joven tomo una de las galletas de la bandeja y, mientras le daba un mordisco, la miró con cara de pocos amigos.

-¿Qué te pasa? ¿Crees que tengo nueve años? No puedo caer en un grupo así porque sí, ni siquiera me invitaron.

-No seas antisocial *le replicó Olivia* Por cosas así es que no tienes amigos.

May me miró entonces y me levantó una ceja, como dándome a entender que no estaría mal que lo lleváramos. Miré a Gwen, que se encogió de hombros con una media sonrisa.

-No creo que a Harry le importe... ¿mucho? *comentó ella, no muy segura.

-Bueno, si quieres venir, por nosotros no hay problema *añadí, tratando de ser amable.

Nicolás se quedó callado un momento, como si estuviera procesando la oferta. Pero Olivia no le dio tiempo de pensar: le lanzó una galleta directo a la cabeza.

-¡Anda, ve! *le ordenó.

El soltó un suspiro largo y negó con la cabeza mientras miraba a Olivia. Se veía que ya estaba acostumbrado a su caracter.

Se volvió hacia nosotros y se encogió de hombros.

-Bueno, si de verdad no les molesta, acepto con gusto

Gwen y yo asentimos.

May nos acompañó a la puerta, repitiendo que la llamáramos si pasaba cualquier cosa, mientras Olivia le gritaba a Nicolás que no fuera raro y que buscara a alguna chica linda para invitarla a cenar.

El se llevó una mano a la cara mientras caminábamos hacia la calle mientras Gwen y yo nos reímos por lo bajo.

Afuera, la limosina ocupaba casi toda la cuadra. El chófer nos saludó y abrió la puerta trasera.

-El joven Harry los espera *dijo.

Cuando Nicolás intentó subir detrás de nosotros, el hombre le puso una mano en el camino.

-Disculpe, solo se me informó que recogería a dos personas.

-Es un amigo *intervino Gwen de inmediato* Nosotros lo invitamos. No creo que a Harry le moleste uno más, ¿verdad?

El chófer miró a Nicolás y él le sostuvo la mirada sin inmutarse.

Al final, el hombre asintió y se hizo a un lado. El entró y se sentó frente a nosotros. En cuanto el coche arrancó, se puso a mirar todo el interior.

-Su amigo sí que tiene dinero *comentó.

-Su padre, más bien *corrigió Gwen.

-¿Y quién es?

-Norman Osborn *le contesté.

Nicolás asintió, reconociendo el apellido.

-Tener un amigo rico tiene sus ventajas, ¿no?

-No es tan común como crees *le dije* El señor Osborn es muy exigente y no le gusta que Harry ande desperdiciando el dinero. La verdad, ni yo sé cómo lo convenció para hacer esta "juntada".

Nicolás notó algo en mi voz y me miró con curiosidad.

-¿Por qué lo dices así?

-Bueno *Gwen tomó la palabra* por cómo fue ayer San Valentín. Harry quería hacer algo especial y propuso una cita doble en su mansión.

-Ya veo *asintió Nicolás* ¿Y con quién es la cita de él?

Nos quedamos callados. El silencio duró varios segundos hasta que Gwen habló en voz baja.

-Conmigo.

Nicolás levantó una ceja. Se nos quedó viendo como si no pudiera creer lo que acababa de oír.

-Esa es una broma muy mala *dijo al final.

-No es una broma *murmuré

Nicolás puso una mueca de asco y me miró directo a los ojos.

-No te hacía de esos tipos a los que les gusta ver a su novia con alguien más.

Gwen y yo casi saltamos del asiento.

Empecé a mover las manos desesperadamente, tratando de frenar lo que estaba pensando. Me sentía morir de la vergüenza; lo último que quería era que alguien pensara eso de mí.

-¡No, no! ¡Para nada! No es lo que piensas, a mí eso no me va *le dije rápido.

-Es que nosotros dos no somos pareja *añadió Gwen.

Nicolás se quedó callado otra vez, mirándonos a los dos alternadamente.

-Deben estar bromeando

Gwen solo se encogió de hombros y bajó la mirada, avergonzada.

Nicolás nos miró un par de segundos más. Al final, simplemente soltó un suspiro y estiró el brazo para agarrar una botella de agua de uno de los compartimentos laterales de la limosina.

-Parece que va a ser un largo dia *comentó con una mueca

Abrió la botella y bebió un largo trago mientras se recostaba en el asiento de cuero mirando por la ventana

El resto del camino transcurrió en un silencio total. Gwen no volvió a levantar la vista de sus manos y yo me dediqué a mirar las calles de Manhattan pasar a toda velocidad

=====

POV GENERAL

La limosina se detuvo frente a la entrada principal de la mansión.

Un mayordomo se adelantó para abrir la puerta y recibir al grupo con una inclinación. Peter y Gwen bajaron primero, agradeciendo el gesto con un saludo rápido, pero Nicolás se tomó su tiempo.

Al pasar junto al hombre, sacó un billete de diez dólares de su bolsillo, se lo puso en la chaqueta y le dio una palmadita amistosa.

El mayordomo se quedó quieto, mirándolo sin decir una palabra mientras Nicolás seguía de largo. Gwen se le acercó un poco, extrañada.

-Sabes que esta gente tiene sueldos de cinco dígitos, ¿verdad? *le susurró.

Nicolás asintió con una sonrisa de suficiencia.

-Sí, pero siempre quise hacer eso.

Las puertas de la mansión se abrieron y Harry salió con las manos en los bolsillos, luciendo confianza que su apellido le brindaba

-¡Hey! Por fin llegan *dijo Harry sonriendo, pero su expresión cambió al ver a Nicolás* ¿Y él es...?

-Harry, él es Nicolás *dijo Peter rápidamente* El nieto de una amiga de la tía May.

-Mucho gusto, Nicolás Keller *se presentó, extendiendo la mano

Harry miró a Peter y a Gwen buscando una explicación. Ellos solo subieron y bajaron los hombros, dándole a entender que no había quedado de otra.

Harry negó con la cabeza, le estrechó la mano de mala gana y se presentó.

-Harry Osborn. No sé si te dijeron, pero se supone que esto era una cita doble.

-No te preocupes por eso *contestó Nicolás sonriendo* Ni me vas a notar. Seré como una leve brisa en medio del ambiente romántico.

Harry no pareció muy convencido, pero les hizo un gesto para que entraran.

Una vez en el vestíbulo, Harry se acercó a una mesita donde reposaba un ramo de rosas rojas y una caja con forma de corazón. Se paró frente a Gwen y se los ofreció.

-Feliz San Valentín, Gwen *dijo con una sonrisa.

-Harry... no debiste, de verdad *murmuró ella, agarrando el ramo con algo de incomodidad.

-Es lo mínimo que podía hacer. Pruébalos, son chocolates de los más finos en todo el mundo

Luego llamó a una de las empleadas para que guardara las flores.

-Llevate esto, no quiero que Gwen tenga que cargarlo todo el día.

Peter y Nicolás observaban desde un costado.

Parker notó que el joven lo miraba de reojo con una mueca de decepción.

Peter le devolvió la mirada, preguntándole qué pasaba, pero Nicolás solo negó con la cabeza, como si Peter estuviera cometiendo un error imperdonable al quedarse ahí parado sin hacer nada.

Gwen abrió la caja y vio los chocolates perfectamente acomodados en sus envoltorios. Tomó uno y lo probó.

-Está delicioso, gracias *dijo ella.

Antes de que la empleada pudiera cerrar la caja para llevársela, Nicolás se adelantó. Metió la mano y, de un solo movimiento, agarró prácticamente la mitad de los chocolates mientras ya se metía uno en la boca.

-Me encantan los chocolates. Este está buenísimo *soltó mientras masticaba* ¿No te importa, verdad, Gwen?

Harry se puso tenso de inmediato.

-En realidad, es un regalo personal para ella *hablo, con la voz cargada de molestia.

Nicolás simplemente arqueó una ceja mirando a Gwen. Ella, nerviosa por el ambiente que se estaba armando, tartamudeó un poco.

-No, no me importa compartir. Son muchos de todas formas.

Nicolás se metió otro chocolate en la boca mientras se guardaba el puñado que le sobraba en los bolsillos del pantalón. Miró a Harry fijamente y, hablando con la boca llena, soltó:

-Ya oíste a la dama, no le importa.

Harry apretó la mandíbula, tratando de no perder los papeles frente a sus invitados.

De repente, el sonido de otra puerta abriéndose llamó la atención de todos. Liz entró al vestíbulo con una energía que llenó el espacio al instante.

-¡Hola, chicos! *exclamó con una sonrisa radiante.

Se fue directa hacia Peter y lo rodeó con un abrazo efusivo, apretándolo contra ella.

-Hola, Petie. Feliz San Valentín *le dijo con tono cariñoso.

Peter se puso tenso y le devolvió el saludo con una sonrisa algo forzada, claramente avergonzado por el contacto físico frente a los demás.

Al lado de Gwen, Nicolás observaba la escena con atención, viendo como la joven rubia bajaba la mirada hacia sus propios pies por un momento.

La sirvienta seguía ahí parada con la caja de chocolates. Cuando hizo el ademán de retirarse, Nicolás, sin decir una palabra, le extendió uno de los bombones que había "rescatado".

La mujer miró el dulce y luego a Harry, que estaba distraído saludando a Liz; aprovechó el descuido, aceptó el chocolate con un asentimiento rápido y le dedicó a Nicolás una sonrisa de agradecimiento antes de irse.

Liz se soltó un poco de Peter, pero se quedó muy cerca, mirándolo con expectación.

-¿Y bien? ¿Qué me trajiste, Peter? *preguntó con curiosidad.

Peter se quedó helado. Se frotó la nuca con una mano, mirando a cualquier parte menos a los ojos de Liz.

-Lo siento mucho, Liz... me olvidé por completo de comprar algo *balbuceó, sintiéndose fatal* De verdad, lo siento.

Liz soltó una risita y le restó importancia con un gesto de la mano.

-No te preocupes, Petie. No pasa nada, ya me darás algo más tarde *dijo con un tono que a Peter lo puso todavía más nervioso.

Harry decidió que ya era suficiente charla y tomó el control de la situación.

-Bueno, para hoy tengo preparados varios juegos y entretenimientos pensados para parejas *explicó, lanzándole una mirada de reojo a Nicolás* Es una pena, pero no vas a poder participar si no tienes una compañera.

Nicolás ni se inmutó

-Está bien, no te hagas drama. Puedo mirar.

Recién en ese momento Liz pareció notar la presencia del extraño.

-Pensé que hoy solo íbamos a estar nosotros cuatro *comentó Liz, extrañada.

-Yo también lo pensaba *soltó Harry, mirando directamente a Peter* pero parece que alguien trajo a un invitado sorpresa.

Peter hizo una mueca de disculpa, sin saber muy bien qué decir. Liz, que seguía pegada al brazo de Peter, se presentó de forma amistosa. Nicolás le devolvió el saludo y, con un movimiento fluido, le ofreció uno de los chocolates que tenía en el bolsillo.

-¿Quieres?

-¡Ay, gracias! *Liz aceptó el dulce emocionada, lo probó y cerró los ojos un segundo* ¡Qué rico está!

Harry sintió que la ceja le daba un pequeño espasmo al ver cómo el regalo que él había comprado para Gwen terminaba en manos de Liz por cortesía de un desconocido.

Nicolás, dándose cuenta perfectamente de la rabia de Harry, le dedicó una sonrisa descarada mientras seguía saboreando su propio chocolate.

El joven Osborn cerró los ojos un segundo, tomando una bocanada de aire para recuperar la compostura. Cuando los abrió, forzó una sonrisa perfecta

-Bueno *anunció, extendiendo los brazos* Bienvenidos formalmente a la mansión Osborn. Como les dije ayer, ideé todo esto para que hoy sea un día especial. Vamos a pasar por diferentes juegos donde podrán divertirse y, por supuesto, competir un poco.

Empezó a guiarlos por un pasillo inmenso hacia una sala todavía más grande. Mientras Harry seguía explicando las reglas de los desafíos y las sorpresas que tenía preparadas, Peter caminaba un paso atrás. Tenía a Liz todavía colgada de su brazo, pero se las arregló para acercarse a Nicolás y susurrarle

-Algo me dice que Harry no te cae muy bien *hablo Peter en voz baja.

Nicolás sonrió sin dejar de mirar hacia el frente, caminando con las manos en los bolsillos.

-No, para nada. Es solo cosa tuya *respondió con un tono que dejaba claro todo lo contrario.

Peter frunció el ceño, dudando.

-¿De verdad lo crees?

Nicolás se giró un poco para mirarlo de costado, con una expresión más seria.

-Solo necesité una mirada para saber lo que tú y Gwen sienten el uno por el otro, Parker. Dudo mucho que Harry no esté al tanto de eso. El hecho de que ignore sus sentimientos y trate de forzar las cosas... bueno, eso me irrita un poco.

Peter negó con la cabeza de inmediato, sintiendo ese calorcito de nervios subirle por el cuello.

-N-no, no, es que Gwen y yo solo somos... mejores amigos desde hace mucho tiempo. Yo no creo que ella esté interesada en mí... de esa forma.

Nicolás giro su cabeza y clavó su mirada fijamente en Peter, obligándolo a sostenerle el contacto visual mientras seguían avanzando al ritmo de los demás.

-Sabes, tú también me irritas. Me irrita tu cobardía para aceptar lo que sientes y tu ceguera por no ver cómo esa chica se derrite por ti.

Peter se quedó sin palabras, abriendo la boca pero sin que saliera nada. Nicolás volvió a mirar al frente, recuperando su aire despreocupado.

-Esta es la última vez que te ayudo, así que más vale que te pongas los pantalones de niño grande y tomes cartas en el asunto. A menos, claro, que te guste la idea de ver a la chica que amas con otro hombre. Piénsalo, ¿podrías soportar esa imagen sabiendo que nunca tuviste el valor de ser sincero con ella?

Las palabras de Nicolás tocaron algo en Peter. Se quedó callado, procesando la pregunta, mientras la imagen de Gwen con alguien más le revolvía el estómago de una forma que no podía ignorar.

En ese momento, Liz se giró hacia ellos con curiosidad, notando el cuchicheo.

-¿De qué están hablando tanto ustedes dos? *preguntó con una sonrisa*¿Son cosas de chicos?

Nicolás soltó una carcajada ligera y asintió.

-Exactamente. Son cosas de chicos, así que no te lo puedo decir. Lo siento, Liz.

-Está bien, no pasa nada *respondió ella restándole importancia* También hay cosas de chicas que ustedes no deben saber.

Harry se detuvo frente a unas puertas dobles y las abrió de par en par, revelando un salón lleno de mesas de juego, dianas de tiro con arco y una serie de estaciones preparadas para la competencia.

Camino hasta el centro del salón y señaló un elegante jarrón de cristal que descansaba sobre un pedestal. Dentro, asomaban varios lazos de seda de distintos colores, perfectamente peinados para que solo se vieran los extremos.

-Bien, para que nadie diga que hay favoritismos, el azar decidirá *anunció Harry con una sonrisa que no llegaba a sus ojos* Cada uno tomará un lazo. Los que tengan el mismo color serán pareja para los desafíos de hoy.

Peter notó que Harry movía los dedos de forma sospechosa, acomodando los hilos.

Era obvio que tenía marcada la posición de cada color para asegurar su jugada. Pero justo cuando Harry invitaba a los demás a acercarse, Nicolás soltó un estornudo estrepitoso que resonó en la sala.

-¡Achus! *exclamó, tambaleándose y chocando "accidentalmente" contra el brazo de Harry.

El jarrón se tambaleó peligrosamente pero Nicolás lo sostuvo justo a tiempo sacudiendo el recipiente y revolviendo todos los lazos como si fuera una ensalada en el proceso

-¡Cuidado! *espetó Harry, visiblemente irritado mientras intentaba estabilizar el jarrón.

-Perdona, es el polen de esas flores de afuera, me tiene mal *se disculpó el no invitado, dejando el jarrón de vuelta en su sitio.

Harry miró el interior del cristal. Ahora era imposible saber qué hilo llevaba a qué color a simple vista. Gwen, queriendo romper el hielo, se adelantó y tiró de un extremo.

-Azul *dijo ella, mostrando el lazo de seda brillante.

Harry se preparó para meter la mano, concentrándose al máximo para intentar deducir la posición del otro azul, pero Nicolás se le plantó justo enfrente, bloqueándole el paso.

-Oye, Harry, una duda rápida *soltó Nicolás con tono distraído* ¿Este jarrón es de la dinastía Ming? Se ve carísimo.

-¿Qué? No es momento para... *Harry intentó esquivarlo, pero Nicolás se movió con él, estorbándole el paso cada vez que Harry intentaba pasar

En un parpadeo, Nicolás agarró a Peter por el hombro y lo empujó suavemente hacia el jarrón.

-Oye, Peter, siempre quise ver cómo sacan un lazo en estos juegos de ricos. No te importa que saque uno por ti, ¿verdad? *dijo sin esperar respuesta.

Metió la mano con velocidad y extrajo un lazo. Al levantarlo, el color azul brilló bajo las luces del salón.

-Ja, mira eso *dijo Nicolás, entregándole el lazo a un Peter sorprendido* El destino es caprichoso, ¿no crees, Harry?

Peter y Gwen se miraron de inmediato.

Una pequeña sonrisa, mezcla de alivio y timidez, cruzó el rostro de ambos.

Liz, al ver que se había quedado sin su "Petie" para el juego, soltó un suspiro dramático y fingió un puchero.

-¡Oh, qué mal! Quería ser equipo contigo, Peter *se lamentó, aunque pronto cambió el tono y le guiñó un ojo* Pero no importa, prepárate porque te voy a patear el trasero en los juegos.

Gwen y Peter soltaron una carcajada ante la competitividad de Liz, lo que solo sirvió para que Harry apretara más los puños.

La furia en su cara era evidente; el plan de la cita perfecta se estaba hundiendo por culpa de un invitado que ni siquiera debería estar allí.

Nicolás, notando la mirada asesina de Harry, metió la mano en su bolsillo y sacó uno de los chocolates que le quedaban. Se lo extendió a Harry con una expresión de inocencia.

-¿Quieres uno? Te veo un poco tenso, el azúcar ayuda.

Harry simplemente se dio la vuelta, ignorando el chocolate, mientras Nicolás se lo metía a la boca con una sonrisa de victoria.

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BUENAS MUCHACHADA, COMO ANDAN? ESPERO QUE BIEN

EL ESPECIAL SE A COMPLICADO BASTANTE, ALGUNAS COSAS NO ME ESTAN QUEDANDO COMO QUERIA, PERO HE CONSEGUIDO QUE AL MENOS, A MI PARECER, SEA DECENTE, DISCULPEN SI LA CALIDAD PUEDA LLEGAR A BAJAR 😓

DE TODAS FORMAS, HASTA AQUI LLEGAMOS CON LA SEGUNDA PARTE DE SAN VALENTIN, LA CITA DOBLE SE A VISTO INTERRUMPIDA POR LA PRECENCIA DE UN QUINTO EN DISCORDIA.

HARRY, EN UN INTENTO DE "DISIMULAR" SU INTERES, PROPUSO UN JUEGO AL AZAR PARA EL PRIMER JUEGO, SIN CONTAR QUE UN MUCHACHITO ENTROMETIDO SE METERIA EN MEDIO, PERDIENDO SU VENTAJA

EL PROXIMO CAPITULO YA SERA EL FINAL DE ESTE ESPECIAL, VEREMOS COMO SIGUE LA COSA

COMO SIEMPRE, AGRADEZCO MUCHO SUS COMENTARIOS Y TODO SU APOYO

CON TODO DICHO. UN BESITO 😘

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