LightReader

Chapter 11 - Capítulo 10: El sello que respira

El silencio en el apartamento de Naruto nunca era total.

Siempre había ruidos: el goteo de la tubería oxidada, el viento colándose por las ventanas mal selladas, el zumbido de la nevera vieja. 

Naruto, a sus siete años, había aprendido a catalogar cada sonido para saber si estaba seguro.

Pero esa noche, mientras la fiebre de un resfriado común intentaba (y fallaba) instalarse en su cuerpo, Naruto escuchó algo que no estaba en la habitación.

No venía de fuera. 

Venía de debajo.

Naruto estaba tumbado boca arriba, mirando las grietas del techo. 

Su frente estaba caliente, pero no sudaba. 

Su sangre, eficiente y brutal, ya estaba desmantelando el virus de la gripe con una velocidad pasmosa.

El niño cerró los ojos, esperando dormirse.

Thum...

Naruto los abrió de golpe. 

El sonido había sido grave, profundo, casi tectónico. 

Como si un mueble muy pesado hubiera sido arrastrado por el suelo del piso de abajo.

—¿Vecinos? —susurró.

Esperó.

...Thum...

El sonido se repitió. 

Era rítmico. 

Lento. 

Demasiado lento para ser pasos. 

Demasiado orgánico para ser una máquina.

Naruto se puso la mano en el pecho. 

Su corazón latía rápido y ligero, como el de un pájaro: tun-tun-tun-tun. 

El sonido misterioso iba a otro compás. 

Uno inmenso, pausado, que hacía vibrar sus costillas desde dentro hacia fuera.

No era un ruido auditivo. 

Era una resonancia.

Dentro del espacio mental, Kurama estaba despierto, observando la estructura de su prisión con un interés renovado.

Durante años, el Kyūbi había visto el Sello de los Ocho Trigramas como una puerta cerrada. 

Pero Minato Namikaze había añadido esa capa extra: el supresor biológico para la sangre Uzumaki.

Kurama se acercó a las rejas gigantescas. 

El sello principal estaba intacto. 

Pero el sello secundario... el que regulaba las emociones y la sangre de Naruto... estaba vibrando.

—Interesante —pensó la bestia.

Para que el sello secundario funcionara, tenía que estar en contacto constante con el sistema nervioso y circulatorio del niño. 

Tenía que "leer" la sangre para saber cuándo calmarla.

Kurama se dio cuenta de que ese contacto constante había creado un desgaste. 

Un surco. 

No era una grieta en la seguridad. 

Era un tubo de ventilación.

El aire viciado de su jaula, cargado con su inmensa presencia, se estaba filtrando por ese sistema de regulación hacia el cuerpo del niño.

Minato había diseñado una esclusa para detener el agua, pero había olvidado que el aire (y el sonido) pasan por donde el agua no puede.

Naruto se sentó en la cama, abrazándose las rodillas. 

El sonido persistía.

Era como estar al lado de una cueva inmensa donde el viento sopla. 

No había palabras. 

No había una voz malvada diciéndole que matara a nadie. 

Solo había una presencia. Un peso.

Y, a veces, un sonido que se parecía sospechosamente a un respiro.

—¿Hola? —preguntó Naruto a la habitación vacía.

...Grrrrmmm...

El sonido vibró en su estómago, no en sus oídos. 

Fue un gruñido bajo, no de amenaza, sino de existencia. 

Como el ronroneo de un gato del tamaño de una montaña.

Naruto no sintió miedo. 

Curiosamente, sintió... compañía. 

El sonido era constante. 

Sólido. 

Más real que las sonrisas falsas de la aldea.

—No eres mi tripa —decidió el niño, volviendo a acostarse—. Eres lo otro.

Naruto sabía que tenía un "monstruo" dentro. 

Los aldeanos se lo habían gritado suficientes veces. 

Pero siempre imaginó que el monstruo estaba dormido o muerto.

Ahora sabía que el monstruo respiraba. 

Y que respiraba al ritmo de su propia sangre.

Kurama dejó de exhalar con fuerza intencionalmente. 

Había sentido la reacción del chico. Naruto lo había oído.

El Kyūbi retrajo sus garras.

—Me puedes oír —analizó el zorro—. No mis pensamientos. No mi voz. Pero sientes mi existencia física.

Esto cambiaba los cálculos. 

Kurama había estimado que el contacto directo tardaría años, quizás hasta la adolescencia, cuando el sello se debilitara naturalmente.

Pero este "canal interno" creado por la mutación sanguínea había acelerado el proceso. 

La barrera entre la mente del niño y la jaula de la bestia era porosa.

Kurama miró hacia la oscuridad de arriba, hacia donde estaría la consciencia de Naruto.

Si el niño podía escuchar su respiración ahora... pronto escucharía sus susurros. 

Y si podía escuchar sus susurros, Kurama no tendría que gritar para manipularlo.

—Duerme, cachorro —pensó el Kyūbi, acomodándose en las sombras—. Acostúmbrate al sonido. Haz que mi respiración sea tu canción de cuna.

En la cama, Naruto finalmente se relajó. 

El sonido grave y rítmico continuaba.

Inhalar... Exhalar...

Naruto, inconscientemente, acompasó su propia respiración pequeña con la inmensa marea que sentía en su interior. 

El ritmo lento lo calmó. 

La fiebre desapareció, devorada por su sangre, pero el eco se quedó.

Por primera vez en siete años, Naruto no se sintió solo en el apartamento. 

Había alguien más allí. 

Alguien que no le pedía nada. 

Alguien que solo respiraba.

Y con ese consuelo extraño y peligroso, el niño de cabello rojo se durmió, acunado por los pulmones de la bestia que algún día destruiría el mundo.

More Chapters