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Chapter 27 - Capítulo 26: La Carretera Silenciosa

Salir de las puertas de Konoha por primera vez debería sentirse como libertad. 

El aire es diferente cuando no está filtrado por la barrera de detección de la aldea. 

Es más salvaje, más sucio.

Para Sakura Haruno, era una excursión. —¡Vaya! ¡Nunca había estado tan lejos! —exclamaba, admirando el paisaje—. ¿Cree que veremos mercaderes del País del Té, Kakashi-sensei?

Para Sasuke Uchiha, era un campo de entrenamiento extendido. 

Caminaba con las manos en los bolsillos, pero sus ojos negros se movían de lado a lado, buscando amenazas dignas de su tiempo.

Para Naruto Uzumaki, era un escaneo de perímetro continuo.

—¡Mira ese árbol! ¡Es enorme! —gritó Naruto, corriendo hacia un roble viejo y golpeándolo con la palma abierta—. ¡Dattebayo!

Parecía el entusiasmo de un niño de ciudad viendo la naturaleza. 

En realidad, Naruto estaba usando el impacto en el tronco para sentir las vibraciones del suelo a través de las raíces.

Nada, registró. 

Suelo estable. 

Sin túneles. 

Sin pisadas pesadas en un radio de cincuenta metros.

Volvió al camino con una sonrisa estúpida, colocándose de nuevo a la izquierda de Tazuna.

Kakashi caminaba detrás del grupo, con su libro Icha Icha abierto. 

Aparentemente, estaba absorto en la literatura erótica. 

En realidad, estaba observando a sus alumnos.

Tazuna estaba nervioso. 

Bebía de su petaca cada diez minutos. Sudaba. Miraba hacia atrás.

Kakashi decidió lanzar una pequeña prueba. Quería ver quién estaba prestando atención a la misión y quién estaba de paseo.

—Por cierto, Tazuna-san —dijo Kakashi sin levantar la vista del libro—. Mencionó que en su país no hay ninjas. ¿Eso significa que no deberíamos esperar ningún combate de nivel shinobi, verdad?

Era una pregunta trampa. Si Tazuna decía "sí", confirmaba la seguridad. Si dudaba, confirmaba el peligro.

Tazuna se tensó visiblemente. Su paso vaciló. —Eh... sí. Claro. Solo pandilleros. Gente con espadas oxidadas, nada que ver con ustedes.

Sasuke resopló, decepcionado. Sakura suspiró aliviada.

Kakashi miró la nuca de Naruto. El chico rubio no había reaccionado. Seguía caminando con las manos detrás de la cabeza, silbando una canción desafinada.

¿No lo has notado, Naruto?, pensó Kakashi, decepcionado. El cliente acaba de tartamudear. Su ritmo ha cambiado.

Sin embargo, Kakashi se equivocaba. 

Naruto no había reaccionado visiblemente porque reaccionar habría delatado que sospechaba. 

Naruto había oído el tartamudeo. 

Había olido el pico de miedo en el sudor del viejo. 

Para Naruto, la pregunta de Kakashi no había sido para obtener información, sino para ver si Tazuna se rompía.

Buen intento, Sensei, pensó Naruto. Pero yo ya sabía que mentía antes de salir de la aldea.

Llevaban dos horas de caminata. 

El sol estaba alto. 

El camino era seco y polvoriento. 

Hacía días que no llovía en la Nación del Fuego.

Naruto caminaba en el flanco ciego de Tazuna. 

Hacía ruido a propósito —pateando piedras, tarareando— para que cualquier bandido oculto se fijara en él primero. Mírenme a mí, proyectaba mentalmente. Soy el idiota ruidoso. Soy el eslabón débil. Atacadme.

Pero su sangre estaba fría y tranquila, fluyendo lenta para maximizar su percepción sensorial.

De repente, Kurama se agitó.

—Agua —dijo la voz grave en su mente.

Naruto se detuvo un microsegundo en su tarareo. —¿Agua? —preguntó internamente—. No hay ríos cerca. El mapa dice que el próximo arroyo está a tres kilómetros.

—No es agua corriente. Es agua estancada. Y tiene chakra.

Naruto agudizó sus sentidos. 

Su piel sintió un cambio en la humedad del aire. 

Muy sutil. 

Algo que solo un sensor o un animal notaría. 

Había una fuente de humedad antinatural delante de ellos.

Naruto miró al frente. 

El camino estaba despejado. 

Solo tierra, polvo y arbustos.

Esperó. 

Dio diez pasos más.

Entonces, lo vio. Un charco.

Era un charco de agua lodosa, situado perfectamente en medio del camino de tierra seca. 

El sol brillaba con fuerza. 

Ese charco no debería existir. 

Debería haberse evaporado hace horas.

Sasuke pasó junto al charco sin mirarlo. 

Sakura lo esquivó para no mancharse las sandalias. 

Tazuna ni siquiera lo notó, demasiado ocupado temblando.

Kakashi... Kakashi tampoco hizo nada visible. 

Siguió leyendo.

Naruto sintió una presión en su pecho. 

Su sangre reaccionó. 

No era solo agua. 

Había dos presencias dentro. 

Dos corazones latiendo muy lento, suprimidos por técnicas de sigilo, pero audibles para alguien cuya propia sangre resonaba con la vida.

Están ahí, pensó Naruto.

Sintió la Intención Hostil. 

Era una aguja fría clavándose en su nuca. 

No estaban allí para robar. 

Estaban allí para matar. 

La intención era afilada, dirigida específicamente a la garganta del viejo borracho.

Naruto tuvo que tomar una decisión en una fracción de segundo.

Si gritaba "¡Trampa!", los enemigos atacarían inmediatamente, quizás antes de que Sasuke o Sakura estuvieran listos. Si atacaba el charco él mismo, revelaría su nivel de percepción y su velocidad real.

Tenía que alertar a Kakashi sin alertar a los enemigos. O confiar en que Kakashi ya lo sabía.

Naruto optó por la estupidez táctica.

Se detuvo justo al lado del charco. Se agachó, como si se le hubiera desatado la sandalia.

—¡Ay, mi cordón! —gritó.

Al agacharse, su mano derecha rozó el suelo, muy cerca del agua. No tocó el charco. Pero soltó una pequeñísima cantidad de su propia intención asesina. Solo una gota. Un pulso dirigido directamente al agua.

Sé que estáis ahí, dijo su chakra al agua.

El charco tembló imperceptiblemente. Una onda minúscula. Naruto sonrió para sus adentros. Bingo. Tienen miedo.

Se levantó rápidamente y corrió para alcanzar al grupo. —¡Esperadme! ¡No me dejéis solo!

Kakashi, que había visto a Naruto agacharse junto al charco, cerró su libro por un instante. Había notado la onda en el agua. Y había notado que no había viento.

El chico..., pensó Kakashi, con el ojo visible estrechándose. ¿Los provocó? ¿O fue casualidad?

—Ya vienen —advirtió Kurama, sintiendo cómo el chakra en el charco se comprimía para saltar. —Prepárate, socio. La sangre va a correr.

Naruto se ajustó la mochila. Su mano izquierda, oculta por su cuerpo, soltó el seguro de la funda de sus kunais.

La carretera estaba silenciosa. Pero para Naruto, el ruido de la masacre inminente ya era ensordecedor.

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