En el jardín donde el silencio reposa,
crecen promesas,
cual sangre en la rosa.
Allí juramos amor sin medida,
sin ver que el tiempo nos cobra la vida.
Tus manos temblaron sobre la mía,
como la aurora que muere en su día.
Y entre las flores,
un beso fugaz
selló nuestro pacto...
efímero y audaz.
Hoy vuelvo al jardín,
marchito y cansado,
buscando el perfume que el viento ha robado.
Solo quedan hojas,
y el eco,
quizás,
de un
"te amo"
que el destino borrará.
