AETHERIUS
El salón de entrenamiento del gremio era mucho más grande de lo que recordaba.
Las paredes estaban reforzadas con gruesas placas de piedra y metal, mientras que el suelo de la arena mostraba las marcas de incontables combates realizados allí a lo largo de los años.
Habían colocado varias bancas alrededor del campo, y todos se habían acomodado en ellas para observar el enfrentamiento.
Fredic, Nora, Sara, Valentina, Layra, Atheria, Otto y mis padres, permanecían atentos, algunos con curiosidad y otros con una evidente preocupación por lo que pudiera ocurrir. Trevor y yo nos encontrábamos en extremos opuestos de la arena, separados por varios metros. Él flexionó los dedos y adoptó una postura de combate, mientras yo hacía lo mismo, intentando controlar los nervios que comenzaban a recorrer mi cuerpo.
Trevor me observó durante unos segundos antes de sonreír.
"No te presiones demasiado, Aetherius. Después de todo lo que pasó, no espero que recuperes de golpe todo lo que sabías hacer. Pero sí tengo curiosidad por descubrir cuánto de tus habilidades sigue ahí después de perder tus recuerdos."
Me acomodé en guardia y mantuve los ojos sobre él.
"No esperes demasiado de mí. Todavía hay muchas cosas que no recuerdo."
Hice una breve pausa mientras sentía cómo mi cuerpo comenzaba a relajarse.
"Pero intentaré no decepcionarte."
Trevor sonrió.
"Eso es todo lo que quería escuchar."
No hubo cuenta regresiva.
Trevor simplemente desapareció de mi campo de visión.
Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar.
Mis sentidos mágicos, aquellos que había comenzado a recuperar lentamente durante los últimos meses, se encendieron de inmediato. Percibí el movimiento de Trevor antes de verlo con claridad. El aire se desplazó frente a mí y escuché el sonido de sus pasos aproximándose a una velocidad increíble.
Giré el cuerpo hacia un lado.
Su puño pasó rozando mi rostro.
El movimiento fue tan rápido que apenas tuve tiempo de procesarlo, pero mi cuerpo ya había respondido. Aproveché el espacio que había dejado abierto y lancé un golpe ascendente directamente hacia su pecho.
Trevor alcanzó a reaccionar.
Su mano interceptó mi puño justo antes de que pudiera impactarlo.
El choque produjo un sonido seco que resonó por toda la arena.
Trevor sonrió mientras sostenía mi puño con una sola mano.
"Buena reacción."
Intenté retirar el brazo, pero Trevor no lo soltó inmediatamente.
"¿Qué tal si usamos magia?"
"Me parece una buena idea."
En ese instante sentí que el mana comenzaba a acumularse en mi brazo. Mi puño, todavía atrapado dentro de la palma de Trevor, comenzó a llenarse de energía. La electricidad recorrió mis dedos y se extendió por mi mano hasta cubrirla con un resplandor blanco.
Trevor abrió ligeramente los ojos.
"¿Ya puedes hacerlo?"
No respondí.
Una pequeña descarga recorrió mi brazo y pasó directamente hacia la mano de Trevor.
"¡Tch!"
Trevor reaccionó de inmediato y se apartó antes de que pudiera aumentar la intensidad de la descarga. Dio varios pasos hacia atrás mientras sacudía la mano, y algunas chispas blancas todavía recorrían sus dedos.
Yo observé mi propia mano durante un instante.
La electricidad seguía crepitando alrededor de mis dedos.
No había necesitado pensar demasiado.
Mi cuerpo simplemente había sabido qué hacer.
Trevor levantó la mirada y sonrió de nuevo.
"Así que todavía puedes hacer eso."
El mana comenzó a concentrarse a su alrededor.
Primero sentí el aumento de temperatura.
Después aparecieron pequeñas llamas alrededor de sus brazos.
El fuego comenzó a expandirse rápidamente, envolviendo su cuerpo mientras una presión mágica cada vez mayor llenaba el salón. El color de las llamas se volvió más intenso a medida que Trevor liberaba su poder.
Reconocí aquella sensación.
No era simplemente fuego.
Trevor estaba utilizando su magia de fuego superior.
Incineración.
Las llamas rugieron alrededor de su cuerpo y comenzaron a elevarse como si respondieran a su voluntad.
Trevor levantó uno de sus brazos y las llamas se concentraron alrededor de su puño.
"Entonces..."
Su sonrisa se ensanchó.
"...hay que comenzar a luchar como se debe."
La temperatura del salón aumentó de golpe.
Apreté los puños mientras la electricidad blanca comenzaba a recorrer mis brazos y mis piernas.
Trevor fue el primero en moverse. Las llamas que cubrían su cuerpo se comprimieron durante un instante alrededor de sus piernas y, al siguiente, salió disparado hacia mí. El suelo bajo sus pies se agrietó por la fuerza de su impulso y una estela de fuego quedó suspendida detrás de él. Su velocidad era muy superior a la que había mostrado durante nuestro intercambio físico anterior, y aunque mis sentidos mágicos reaccionaron de inmediato, esta vez no tuve la misma facilidad para esquivarlo. Trevor apareció frente a mí con el puño derecho envuelto en una masa de fuego que parecía querer devorar el aire a su alrededor. Giré el torso y levanté ambos brazos para protegerme justo cuando su golpe llegó.
El impacto me hizo retroceder varios metros.
Sentí el calor atravesar la electricidad que cubría mis brazos y una punzada recorrió mis músculos. Mis pies rasparon el suelo hasta que conseguí detenerme, pero Trevor ya estaba encima de mí nuevamente. Lanzó otro golpe, esta vez hacia mi rostro. Incliné la cabeza y el puño pasó junto a mi mejilla. Respondí con una patada dirigida a sus costillas, pero Trevor giró sobre su propio eje y dejó que mi pierna pasara frente a él. Aprovechó el movimiento para lanzar una patada descendente hacia mi hombro.
Levanté el brazo.
El golpe impactó.
La fuerza me hizo doblar ligeramente las rodillas.
"¡No está mal!" gritó Trevor mientras se alejaba de un salto. "¡Pero estás reaccionando demasiado tarde!"
No respondí. Respiré profundamente y dejé que el mana recorriera mi núcleo. La electricidad blanca apareció alrededor de mis brazos y piernas, extendiéndose como venas luminosas sobre mi piel. Las pequeñas marcas oscuras que había visto durante el entrenamiento con Otto comenzaron a aparecer nuevamente, y mis sentidos se agudizaron.
Trevor volvió a lanzarse hacia mí.
Esta vez fui yo quien avanzó.
Nos encontramos en el centro de la arena.
Su puño derecho y el mío chocaron al mismo tiempo, provocando una explosión de fuego y electricidad que nos obligó a separarnos. Antes de que Trevor pudiera recuperar completamente el equilibrio, desaparecí de su campo de visión y aparecí a su costado.
Mi cuerpo se había movido por sí solo.
No tuve que pensar en el siguiente movimiento.
Giré sobre mi pierna izquierda y lancé una patada hacia su abdomen.
Trevor cruzó ambos brazos y recibió el impacto.
"¡Eso sí fue rápido!"
La patada lo hizo retroceder, pero no cayó. Sus pies dejaron dos marcas sobre el suelo mientras frenaba su desplazamiento. Una sonrisa apareció en su rostro.
"Así que esto es lo que tu cuerpo recuerda."
No tuve tiempo de responder.
Una oleada de fuego salió disparada hacia mí.
Salté.
Las llamas pasaron debajo de mis pies y chocaron contra la pared de protección del salón, provocando un estruendo. En el aire, sentí cómo varias corrientes de mana se concentraban debajo de mí. Trevor estaba preparando otro ataque.
Extendí ambas manos.
Las esferas de electricidad blanca aparecieron a mi alrededor.
Una.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Se movieron siguiendo el ritmo de mis brazos y comenzaron a girar alrededor de mi cuerpo. Trevor levantó la mirada.
"¿Qué demonios...?"
No esperé a que terminara.
Moví ambas manos hacia él.
Las cuatro esferas dispararon rayos blancos simultáneamente.
Trevor cruzó los brazos y una enorme barrera de fuego apareció frente a él. Los rayos impactaron contra ella uno después de otro, haciendo que la barrera se deformara con cada descarga. El fuego y la electricidad chocaron violentamente, llenando la arena de humo, chispas y calor.
"¡Aetherius!"
Escuché la voz de Otto desde las bancas.
"¡No pierdas el control!"
Apreté los dientes.
El mana estaba comenzando a acumularse demasiado rápido.
La electricidad recorrió mis brazos y sentí aquella sensación de presión dentro del cuerpo. Era similar a lo que había experimentado durante mis entrenamientos en Shira. Si seguía aumentando la cantidad de mana sin controlarlo, la asimilación comenzaría a extenderse nuevamente.
Pero Trevor todavía estaba detrás de su barrera.
Necesitaba avanzar.
Comprimí las esferas.
Las cuatro comenzaron a reducir su tamaño hasta convertirse en pequeñas masas de electricidad blanca.
Entonces desaparecí.
Aparecí frente a Trevor.
Su barrera de fuego todavía estaba levantada, pero lancé el puño directamente contra ella.
La electricidad atravesó mi brazo.
El fuego explotó.
La barrera se quebró en múltiples fragmentos de llamas que se dispersaron por la arena.
Trevor abrió los ojos sorprendido.
Mi puño continuó avanzando.
Él logró levantar el brazo y bloquearlo.
El impacto provocó una onda expansiva que hizo vibrar las bancas.
Trevor sonrió.
"Ahora sí."
Su fuego aumentó de intensidad.
Una llama se extendió desde su brazo hasta envolver todo su cuerpo.
"¡Incineración!"
El calor explotó frente a mí.
Salté hacia atrás, pero una parte de las llamas alcanzó mi pierna y me hizo perder el equilibrio. Caí sobre una rodilla y rodé hacia un costado mientras Trevor avanzaba detrás de mí.
Levanté la mirada.
Su silueta estaba completamente cubierta por fuego.
Por un instante, mis sentidos volvieron a cambiar. El sonido desapareció. El movimiento de Trevor pareció ralentizarse. Podía ver el desplazamiento de cada llama, la posición de sus pies, el movimiento de sus hombros y la trayectoria de sus brazos. Entonces lo vi. Una pequeña abertura en su defensa, apenas un espacio entre sus movimientos que probablemente habría desaparecido en menos de un segundo.
No pensé.
No decidí atacar.
Mi cuerpo simplemente se movió.
Sentí algo dentro de mí cambiar en el mismo instante en que lancé el puño. No fue como cuando concentraba mi maná para formar electricidad. No hubo preparación, ni siquiera tuve tiempo de intentar recordar cómo hacerlo. Fue una sensación mucho más profunda, como si algo que llevaba demasiado tiempo dormido hubiera reaccionado por su propia cuenta.
Mi puño alcanzó a Trevor.
El impacto fue brutal.
Su cuerpo salió disparado hacia atrás y chocó contra la pared con una fuerza que hizo temblar el suelo bajo mis pies. Yo me quedé inmóvil, con el brazo todavía extendido, sin entender realmente qué acababa de pasar.
Entonces lo vi.
La electricidad blanca que normalmente recorría mi brazo había desaparecido.
En su lugar, una energía negra y mucho más pesada se retorcía alrededor de mi puño y ascendía lentamente por mi brazo, como si fueran sombras mezcladas con relámpagos. No parecía obedecer a mi concentración. Simplemente estaba allí.
Miré mi mano sin comprender.
Aquello...
Aquello eran mis sombras.
Las mismas de las que mis padres me habían hablado. El poder que, según ellos, había utilizado antes de perder la memoria y que yo había intentado recuperar sin éxito durante todo este tiempo.
Pero entonces recordé algo más.
Las sombras no utilizaban maná.
Utilizaban mi fuerza mental y física.
Y yo acababa de olvidarlo.
Un dolor repentino atravesó mi cabeza. Apreté los dientes y bajé ligeramente el brazo. Lo sentía pesado, agotado, como si hubiera estado sosteniendo algo mucho más grande que mi propio cuerpo.
No había decidido utilizar las sombras.
Ni siquiera había sabido que lo estaba haciendo.
Habían aparecido solas.
Como si una parte de mí todavía recordara algo que mi mente había olvidado.
Vi cómo el color negro comenzó a desaparecer poco a poco de mi brazo. Aquella energía pesada se deshizo entre pequeñas partículas oscuras hasta que, debajo de ellas, volvió a aparecer la electricidad blanca que conocía. La observé durante unos segundos, todavía confundido por lo que acababa de suceder, y entonces intenté apagar mi magia.
La electricidad recorrió mi brazo una última vez antes de desaparecer. Sentí cómo la tensión abandonaba mis músculos y finalmente pude bajar el brazo. Mi respiración seguía algo agitada, y el dolor de cabeza todavía permanecía, aunque empezaba a disminuir lentamente.
No tuve mucho tiempo para pensar.
Escuché pasos acercándose rápidamente y, cuando levanté la mirada, vi a mi madre aproximándose casi corriendo. Su expresión había cambiado por completo. Parecía asustada, pero al mismo tiempo estaba alerta, como si estuviera intentando asegurarse de que yo no hubiera sufrido alguna herida.
"¿Qué sucedió?"
Parpadeé un par de veces.
"No lo sé."
Mi madre se detuvo frente a mí y comenzó a observarme, primero el rostro y después el brazo que había utilizado para golpear a Trevor.
"¿No lo sabes?"
Negué con la cabeza.
"Simplemente sucedió. Vi una abertura y... ataqué. No pensé en utilizar nada. Ni siquiera intenté cambiar mi magia."
Mi madre guardó silencio durante unos segundos.
Entonces mi padre se acercó lentamente desde el otro lado del campo de entrenamiento. A diferencia de mi madre, no parecía sorprendido de la misma manera, aunque su expresión era bastante seria mientras observaba el lugar donde Trevor había impactado contra la pared.
"Después de tantos meses..." dijo finalmente. "Tu magia de sombras por fin apareció."
Lo miré con desconcierto.
"¿Esa era la magia de sombras?"
Mi padre asintió.
"Aunque parece que todavía te cuesta mucho utilizarla."
Fruncí ligeramente el ceño.
"¿A qué te refieres?"
Antes de que mi padre pudiera responder, Layra se acercó con Calafell en brazos. La pequeña estaba tranquila, apoyada contra ella, y observaba la escena con curiosidad.
"Cuando obtuviste tu magia de sombras, también pasaste bastante tiempo intentando descubrir cómo utilizarla", explicó Layra. "Al principio no entendías cómo funcionaba. Tuviste que entrenar durante mucho tiempo hasta conseguir dominarla."
Miré mi brazo.
"¿Y lo logré?"
"Sí", respondió Layra. "Pero descubriste algo importante mientras lo hacías."
Layra acomodó a Calafell entre sus brazos antes de continuar.
"Las sombras no funcionan como la magia normal. No dependen del maná de la misma manera. Te consumen fuerza física y mental. Cada vez que las utilizabas, tu cuerpo terminaba agotado y tu mente también. La diferencia es que, con el tiempo, aprendiste a controlarlas mucho mejor y a utilizarlas sin desgastarte tanto."
Me quedé mirando mi mano.
"Entonces... ¿por eso me duele la cabeza?"
"Probablemente", respondió mi padre.
Layra asintió.
"Y ahora que perdiste tus recuerdos y retrocediste en el dominio de tu propia magia, tendrás que volver a aprender a controlarla."
Bajé la mirada.
"¿Y pueden ayudarme?"
La pregunta hizo que Layra, mi padre y mi madre intercambiaran una mirada.
Finalmente, Layra negó lentamente con la cabeza.
"Lastimosamente, ya te habíamos dicho que no sabemos cómo."
Aquello me sorprendió.
"¿No saben?"
"No", respondió ella. "El funcionamiento de tus sombras lo descubriste tú mismo. Nosotros sabemos lo que nos contaste y hemos visto lo que puedes hacer, pero nunca llegamos a comprenderlas completamente. No podemos enseñarte algo que ni siquiera sabemos cómo funciona."
Sentí una pequeña frustración.
Así que había vuelto a encontrar una parte de mi poder, pero nadie podía decirme cómo utilizarlo.
Y lo peor era que yo tampoco recordaba cómo lo había aprendido la primera vez.
Antes de que pudiera seguir pensando en ello, escuché unos pasos detrás de nosotros.
Trevor apareció caminando desde el otro extremo de la sala.
Por un instante me preocupé al verlo, pero rápidamente noté que caminaba con absoluta normalidad. Solo llevaba una mano apoyada sobre su pecho y hacía una ligera mueca de dolor.
"Estoy bien", dijo antes de que pudiera preguntarle.
Lo miré sorprendido.
"¿Seguro?"
Trevor soltó una pequeña risa.
"Gracias a todo el entrenamiento que he tenido, mi fuerza física aumentó bastante. Ese golpe fue fuerte, pero no me hizo ningún daño importante."
Se quitó la mano del pecho y movió un poco el hombro, comprobando que podía hacerlo sin problemas.
"Solo me dejó un poco adolorido."
Suspiré aliviado.
Trevor entonces me miró directamente y sonrió.
"Pero bueno..."
Señaló mi brazo.
"Con este descubrimiento significa que tendrás que volver a entrenar."
Miré nuevamente mi mano.
La electricidad blanca ya había desaparecido por completo.
No quedaba ninguna señal de las sombras.
