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Chapter 146 - Capítulo 134: Miedos.

TREVOR.

Después de la pelea, nos trasladamos a uno de los salones privados del gremio que Atheria nos había prestado para que pudiéramos descansar y hablar con tranquilidad. El ambiente era mucho más silencioso que el salón de entrenamiento, aunque todavía podía sentir cierta tensión en el aire.

Aetherius estaba sentado frente a nosotros, con uno de sus brazos completamente envuelto en vendas. Mamá le había aplicado varios ungüentos para relajar los músculos después del esfuerzo y, además, había utilizado magia curativa para aliviar el dolor que había quedado después de utilizar aquella extraña energía. También le había dado unas píldoras para el dolor de cabeza que había aparecido después de que sus sombras se manifestaran.

"¿Te sientes mal?", preguntó mamá mientras revisaba nuevamente las vendas de su brazo.

Aetherius movió ligeramente los dedos y después hizo una pequeña mueca.

"Un poco."

Mamá lo miró con una expresión que dejaba bastante claro que no estaba de acuerdo con su respuesta.

"Por eso no quería que ustedes dos lucharan."

Aetherius levantó la mirada.

"Pero no fue tan malo."

Mamá entrecerró los ojos.

"¿No fue tan malo?"

"Estoy bien", respondió Aetherius. "Además, logré utilizar mis sombras otra vez."

Mamá no respondió inmediatamente.

Se mordió ligeramente el labio mientras bajaba la mirada hacia el brazo vendado de Aetherius. Pude notar que aquella noticia no la tranquilizaba en absoluto.

A mí tampoco me agradaba demasiado ese poder.

Había algo extraño en ellas, algo que incluso nosotros seguíamos sin comprender por completo. Y cada vez que pensaba en lo que había ocurrido meses atrás, sentía una incomodidad difícil de ignorar.

Recordé la batalla contra el Discípulo Altur.

Aetherius había llevado sus sombras hasta el límite. Había utilizado aquella fuerza una y otra vez, obligando a su cuerpo a soportar algo que parecía estar mucho más allá de sus propios límites. Yo había visto cómo continuaba luchando incluso cuando su cuerpo ya no debería haber podido responder.

Y después ocurrió lo que ninguno de nosotros esperaba.

Aetherius murió.

Al menos eso fue lo que creímos.

Pero, por alguna razón que todavía no terminábamos de comprender, volvió a la vida. No fue un regreso inmediato ni algo sencillo. Permaneció en coma durante varios meses, mientras todos esperábamos sin saber si algún día volvería a despertar.

Y cuando finalmente abrió los ojos...

Ya no recordaba nada.

Miré a mi hermano sentado frente a nosotros. Ahora estaba allí, respirando con normalidad, hablando con nosotros y preocupado por haber utilizado nuevamente sus sombras sin siquiera comprender cómo lo había hecho.

Pero no podía evitar pensar en todo lo que había ocurrido para llegar hasta ese momento.

"Trevor."

La voz de Aetherius me sacó de mis pensamientos.

Lo miré.

"¿Qué pasa?"

"Estás muy callado."

Negué con la cabeza.

"Nada."

No quería preocuparlo.

Aetherius bajó la mirada hacia su brazo vendado y comenzó a mover lentamente los dedos.

"Entonces... ¿realmente creen que podré volver a controlarlas?"

Mamá suspiró suavemente.

"Eso espero."

Se sentó cerca de él y acomodó una de las vendas.

"Pero no vuelvas a intentar llevarlas al límite."

Aetherius permaneció en silencio.

Yo tampoco dije nada.

Porque, aunque todos queríamos creer que aquella vez había sido diferente, yo sabía algo que no podía ignorar.

La última vez que Aetherius llevó sus sombras demasiado lejos, terminó muerto.

Y esta vez ni siquiera recordaba cómo había logrado dominarlas.

Después de un rato en silencio, Aetherius levantó la cabeza y miró a papá.

"¿Cuándo dijo la directora que podría regresar a la academia?"

Papá, que estaba sentado cerca de una de las ventanas del salón, cruzó los brazos antes de responder.

"En unos días más. La academia necesita unos días para volver a acomodar las clases después de las vacaciones."

Aetherius asintió lentamente.

"Entiendo."

Papá se quedó mirándolo durante unos segundos antes de continuar.

"Además, tienes bastante trabajo por delante. Te fuiste durante medio año después de haber pasado varios meses en coma. Aunque la directora permitió que te ausentaras debido a tu amnesia, ahora que has recuperado una parte de tus recuerdos tendrás que estudiar bastante para recuperar todo el tiempo perdido."

Aetherius dejó escapar un suspiro.

"Supongo que no será fácil."

"No lo será", respondió papá con una pequeña sonrisa. "Pero tampoco es imposible. Hay que agradecer que la directora haya aceptado tu situación y no te haya obligado a abandonar la academia."

Aetherius permaneció unos segundos pensando en ello.

"Creo que estoy listo."

"¿Para estudiar?" preguntó mamá.

Aetherius negó ligeramente con la cabeza.

"También. Pero me refiero a regresar."

Su expresión cambió un poco. Por primera vez desde que habíamos entrado al salón, parecía realmente emocionado.

"Quiero volver a ver a mis amigos. Seguramente todavía me están esperando."

No pude evitar sonreír.

Aunque Aetherius había recuperado muy poco de sus recuerdos, todavía parecía conservar algo de aquella necesidad de regresar junto a las personas que habían formado parte de su vida antes de perder la memoria.

Layra, que estaba sentada en otro sillón mientras jugaba con Calafell, levantó la mirada al escucharlo.

"Si quieres verlos, no tendrás que esperar demasiado."

Aetherius la miró.

"¿Por qué?"

"Volter, Amaranta, Max e Iesel suelen venir al gremio durante las vacaciones."

Aetherius abrió un poco los ojos.

"¿De verdad?"

Layra asintió mientras Calafell intentaba agarrarle uno de los dedos.

"Sí. Vienen a entrenar y algunas veces incluso nos acompañan durante algunas misiones del gremio. Claro, la directora tiene que permitirlo antes."

Aetherius sonrió ligeramente.

"Entonces probablemente los veré antes de regresar."

"Probablemente", respondió Layra.

Calafell soltó una pequeña risa mientras Layra volvía a jugar con ella.

Entonces Layra pareció recordar algo más.

"Y hablando de Iesel..."

Aetherius levantó la mirada inmediatamente.

"¿Qué pasa con ella?"

Layra sonrió de una manera un tanto divertida.

"Sigue recibiendo bastante atención desde que ganó aquel evento académico en la capital central."

Aquello me hizo recordar el evento.

Habían participado alumnos de las academias del norte, sur, este y oeste. Aetherius y Layra también habían participado, aunque después de aquello Layra terminó graduándose. Iesel, por su parte, había conseguido ganar el evento y desde entonces su popularidad había aumentado todavía más.

"Ahora tiene muchos admiradores", continuó Layra. "Sobre todo dentro de la academia."

Aetherius parecía un poco confundido.

"¿Tantos?"

"Muchísimos."

Layra soltó una pequeña risa.

"Y no solamente estudiantes. También hay varios que están constantemente alrededor de ella. La ayudan con cualquier cosa, intentan acompañarla a todas partes y, en más de una ocasión, han intentado conquistarla."

Aetherius permaneció callado durante unos segundos.

"¿Y lo consiguieron?"

Layra soltó una carcajada.

"No. Ninguno."

Mamá sonrió al escuchar aquello, mientras papá simplemente negó con la cabeza.

"Al parecer, Iesel sigue teniendo paciencia con ellos", comentó papá.

"Demasiada", respondió Layra.

Yo me quedé observando a Aetherius.

Su expresión era difícil de interpretar. No parecía recordar completamente todo lo relacionado con Iesel, pero sí había algo en la forma en que reaccionaba cada vez que escuchaba su nombre.

Aetherius bajó la mirada durante unos segundos y después sonrió.

"Entonces... supongo que será interesante volver."

"¿A la academia o a ver a Iesel?" preguntó Layra con una sonrisa burlona.

Aetherius se quedó completamente quieto.

"¡A la academia!"

Layra volvió a reír mientras Calafell la miraba sin entender qué estaba sucediendo.

Yo también terminé riéndome.

Por un momento, el ambiente del salón se sintió mucho más ligero. Y aunque Aetherius todavía tenía mucho que recuperar, tanto de sus estudios como de sus recuerdos, al menos había algo que parecía estar esperando con verdadera ilusión.

Su regreso a la academia.

Elowen había permanecido bastante callada desde que entramos al salón. Había observando la conversación sin intervenir demasiado, pero entonces levantó la mirada hacia Aetherius.

"No olvides tus aretes."

Aetherius parpadeó y la miró.

"¿Mis aretes?"

"Sí. Si vas a ver a Max y a Iesel, deberías llevarlos contigo."

Aetherius frunció ligeramente el ceño.

"¿Por qué?"

Elowen lo observó unos segundos antes de responder.

"Porque al menos deberías ir con la intención de recordar. Sobre todo lo relacionado con ese supuesto juramento de sangre."

Aetherius permaneció pensativo.

Entonces llevó una mano hasta uno de los bolsillos de su pantalón y sacó algo que había estado guardando allí.

Era un pequeño par de aretes con forma de rombo.

Los observé desde donde estaba sentado. Cada uno tenía cuatro piedras colocadas en sus extremos. En la parte superior había una piedra amarilla; en el lado izquierdo, una piedra morada; en el derecho, una piedra verde; y en la parte inferior, una piedra gris.

Recordaba perfectamente lo que representaban.

La piedra amarilla simbolizaba los ojos dorados de Iesel. Las piedras morada y verde representaban los ojos de Aetherius, mientras que la piedra gris representaba los ojos grises de Max.

Aetherius sostuvo los aretes entre sus dedos y los observó durante unos segundos.

"Siempre los veía cuando estaba solo."

Todos guardamos silencio.

"Los sacaba de mi bolsillo y trataba de recordar", continuó. "Pensaba que, si los miraba suficiente tiempo, algo aparecería en mi cabeza."

Giró lentamente uno de los aretes entre sus dedos.

"Pero nunca funcionó."

Su voz se volvió un poco más baja.

"Solo sentía cosas extrañas cuando los veía. No eran recuerdos exactamente. Era como si reconociera algo, pero al mismo tiempo no pudiera entender qué era."

Mamá se acercó un poco a él y habló con tranquilidad.

"No te fuerces."

Aetherius levantó la mirada.

"¿Pero si no intento recordar...?"

"Tus recuerdos llegarán en algún momento", lo interrumpió mamá suavemente. "No puedes obligarlos a aparecer. Mientras más intentes presionarte, más difícil puede resultar."

Aetherius bajó nuevamente la mirada hacia los aretes.

"Entonces, ¿qué debería hacer?"

"Ten paciencia."

Mamá sonrió ligeramente.

"Quizá estar en un ambiente que te resulte familiar te ayude. La academia, tus amigos, las clases, los lugares donde pasabas tu tiempo... volver a tu antigua rutina puede despertar recuerdos que ahora mismo no puedes alcanzar."

Aetherius permaneció callado.

"Tal vez cuando estés con Max e Iesel recuerdes algo de ese juramento de sangre. O tal vez no. No importa. Lo importante es que no intentes obligarte."

Elowen asintió ligeramente.

"Solo llévalos contigo."

Aetherius cerró la mano alrededor de los aretes.

"De acuerdo."

Mamá volvió a acomodarse en su lugar.

"Solo recuerda algo, Aetherius."

Él la miró.

"Siempre paciencia."

Aetherius permaneció unos segundos en silencio antes de asentir.

"Paciencia."

Volví a mirar a mi hermano.

Quizá mamá tuviera razón. Después de todo, había pasado meses inconsciente y había despertado con una vida entera prácticamente borrada de su cabeza. Pretender recuperar todo en unas pocas semanas era absurdo.

Pero ahora tenía algo que antes no tenía.

Un lugar al que regresar.

Una rutina que recuperar.

Y personas que todavía lo estaban esperando.

Tal vez la academia pudiera devolverle algo más que sus estudios perdidos.

****

MAXWELL.

Escuché el retumbar dentro de la sala de entrenamiento mientras caminaba con calma por el pasillo, con las manos metidas en los bolsillos de la gabardina de la academia. El sonido hizo vibrar ligeramente las paredes y me detuve por un instante, mirando la puerta que tenía delante.

Otro retumbar.

Y después otro.

"Vaya... parece que está bastante energética hoy", dije en voz alta mientras llegaba frente a la puerta.

La abrí con calma.

En cuanto entré, sentí cómo el maná llenaba toda la habitación. La cantidad de hechizos que habían sido lanzados allí era suficiente para dejar una concentración considerable en el aire. Cristales blancos estaban esparcidos por todas partes; algunos habían quedado completamente destrozados sobre el suelo, otros sobresalían desde el mismo piso como si hubieran crecido desde debajo de la piedra, mientras que varios estaban enterrados en las paredes debido a la fuerza de los impactos.

También había polvo por todas partes.

Avancé unos pasos, hasta que finalmente pude verla entre el humo y el polvo.

Iesel.

Llevaba unos pantalones de entrenamiento holgados y una camisa de tirantes especial para entrenar, parte de aquella ropa que habíamos conseguido tiempo atrás. Estaba completamente sudada, y su cabello blanco estaba perfectamente recogido para evitar que le estorbara durante el entrenamiento.

Con la punta de mi vota moví uno de los cristales que había frente a mí mientras caminaba hacia ella.

"Te saltaste la comida."

Iesel dejó escapar una pequeña respiración mientras recuperaba el aliento.

"¿Qué?"

"Amaranta te estaba esperando para repasar el contenido de las clases."

Iesel se quedó quieta unos segundos.

"Ah..."

La miré.

"¿Ah?"

"Se me olvidó."

Suspiré.

"Últimamente se te olvidan demasiadas cosas por estar encerrada todo el día en esta sala de entrenamiento."

Iesel tomó una pequeña toalla que había dejado cerca y se secó el rostro.

"En algo tengo que aprovechar mi tiempo."

"Podrías aprovecharlo comiendo."

"Eso también es importante."

"Acabas de decir que se te olvidó."

Iesel sonrió ligeramente.

"Bueno, no puedo acordarme de todo."

Negué con la cabeza.

"Y luego dices que yo soy el que holgazanea."

"Porque lo eres."

"No holgazaneo."

"Claro que sí."

"Simplemente estoy viviendo mi experiencia académica."

Iesel soltó una pequeña risa.

"Eso es exactamente lo que diría alguien que holgazanea."

La miré con incredulidad.

"¿Y tú qué haces? ¿Quieres conseguir músculos como los de Otto?"

Iesel levantó una ceja.

"No exactamente."

"Menos mal. Porque si sigues entrenando así, pronto vas a terminar rompiendo las paredes de la academia."

Ella miró alrededor de la sala.

"Creo que ya lo hice un poco."

Observé uno de los cristales incrustados en la pared.

"Un poco."

Ambos permanecimos en silencio durante unos segundos.

Entonces mi expresión cambió.

Había algo que tenía que decirle.

"Por cierto..."

Iesel me miró.

"¿Qué?"

"Él llegó a la capital ayer."

La sonrisa de Iesel desapareció.

"Está en el gremio."

No respondió.

Su cuerpo se tensó ligeramente y pude notar cómo sus dedos se cerraban alrededor de la toalla que sostenía. Permaneció así durante unos segundos, mirando hacia otro lado.

Finalmente habló.

"Entonces solo tenemos que esperar algunos días antes de que regrese."

La observé.

"¿No vas a verlo?"

Iesel negó lentamente con la cabeza.

"No."

"¿Por qué?"

Iesel permaneció unos instantes en silencio antes de responder.

"Al final, cuando regrese a la academia, lo veremos todos los días."

Bajó ligeramente la mirada.

"Así que no hay necesidad."

"Podrías ir a verlo."

Iesel no respondió. Seguía de pie entre los cristales rotos, con la toalla entre las manos y la respiración todavía algo agitada por el entrenamiento. La observé durante unos segundos, esperando alguna respuesta, pero permaneció completamente quieta, como si aquellas palabras hubieran quedado suspendidas en el aire sin encontrar dónde caer.

"Iesel."

"No."

La respuesta fue inmediata, casi demasiado rápida.

"Ni siquiera sabes cómo está."

"Está con su familia."

"Eso no significa que no puedas ir."

"Max, no voy a ir."

Su voz fue más firme esta vez. Sus dedos se cerraron un poco más alrededor de la toalla mientras apartaba la mirada, y yo suspiré antes de volver a meter las manos en los bolsillos de mi gabardina.

"Tarde o temprano tendrás que verlo."

"Lo sé."

"Entonces, ¿por qué no ahora?"

Iesel apretó la toalla entre sus manos y permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

"Porque no quiero."

La miré fijamente. Aquello no era simple terquedad. Conocía a Iesel lo suficiente como para saber cuándo estaba evitando algo, y aquella vez era evidente que había algo detrás de sus palabras. No estaba molesta conmigo ni intentaba simplemente terminar la conversación. Había una tensión en su rostro que no había visto durante todo el entrenamiento.

"¿Tienes miedo?"

Iesel levantó la mirada. Durante unos segundos no respondió y, cuando finalmente lo hizo, su voz fue mucho más baja de lo habitual.

"Sí."

La respuesta me sorprendió por su sinceridad. Iesel apartó nuevamente la mirada y respiró profundamente antes de continuar.

"Tengo miedo de verlo y descubrir que no me recuerda."

Me quedé en silencio. Aquello lo entendía perfectamente. Yo también había estado allí cuando nos dijeron que Aetherius había muerto. Después lo vimos regresar de una manera que todavía no comprendíamos del todo. Su cuerpo había salido disparado hacia el este y fuimos tras él. Iesel también estuvo allí. Volter, Amaranta y muchos más nos unimos a la búsqueda hasta que finalmente conseguimos encontrarlo y traerlo de regreso. Después esperamos. Esperamos durante meses a que despertara, y cuando finalmente abrió los ojos, no sabía quiénes éramos.

Aquello había sido difícil para todos, aunque para mí quizá incluso más de lo que quería admitir. Aetherius, Iesel, Volter y Amaranta se habían convertido en mi familia. Yo era huérfano, y aunque nos habíamos conocido apenas durante el examen de admisión y después habíamos compartido meses de nuestras vidas hasta el evento académico, en ese tiempo habían conseguido ocupar un lugar que nadie más había tenido. Aetherius había sido mi amigo, uno de los primeros amigos que realmente sentí que podía considerar familia. Y ahora estaba vivo, pero había despertado sin recordar prácticamente nada.

Miré nuevamente a Iesel.

"También me cuesta."

Ella volvió a mirarme.

"¿Entonces entiendes?"

"Sí."

"Cuando lo vi después de que despertara..." Iesel bajó la voz. "No sabía quién era."

Hizo una pequeña pausa antes de continuar.

"Yo sabía quién era él. Recordaba todo lo que habíamos pasado. Recordaba cómo nos conocimos, cómo entrenábamos, las veces que discutíamos, las cosas que hizo por mí... pero él no recordaba nada de eso."

La observé en silencio. No había necesidad de apresurarla. Iesel parecía estar diciendo cosas que probablemente llevaba mucho tiempo guardándose.

"¿Sabes lo que más me preocupa?"

"¿Qué?"

"Que quizá nunca vuelva a recordarlo."

Su voz tembló ligeramente, aunque intentó ocultarlo.

"No me refiero solamente a mí."

Iesel negó con la cabeza.

"Me refiero a todos nosotros."

La entendí. Aetherius había ayudado a Iesel a superar cosas que durante mucho tiempo la habían atormentado. La había ayudado a enfrentarse a sus propios padres, a dejar de sentirse obligada a vivir bajo la sombra de ellos y a encontrar la fuerza para construir su propio camino. Para ella, perder esos recuerdos no significaba simplemente que Aetherius hubiera olvidado algunas conversaciones o determinados momentos. Significaba que quizá también había olvidado una parte de la persona que había conseguido ayudarla a convertirse en quien era.

"Él me ayudó a cambiar", dijo Iesel mientras miraba hacia uno de los cristales destruidos que se encontraban a sus pies. "Me ayudó cuando no sabía cómo enfrentarme a mis padres. Cuando sentía que nunca podría salir de su sombra. Cuando pensaba que siempre tendría que ser lo que ellos esperaban de mí."

Su expresión se volvió más seria.

"Y ahora ni siquiera recuerda haberlo hecho."

No supe qué responder. Iesel guardó silencio durante unos instantes antes de volver a hablar.

"Quiero verlo."

La miré sorprendido.

"Entonces..."

"Pero no puedo."

La firmeza regresó a su voz.

"¿Por qué?"

"Porque si voy ahora, tendría que hablar con él como si nada hubiera ocurrido."

Negó lentamente con la cabeza.

"Y no puedo hacer eso."

Se llevó una mano al pecho y respiró profundamente.

"¿Qué voy a decirle? ¿'Hola, Aetherius, soy Iesel, tu amiga'? ¿Y después qué? ¿Le cuento todo? ¿Le digo todo lo que vivimos? ¿Le cuento cómo nos conocimos? ¿Le recuerdo cada cosa que hizo por mí?"

Su voz comenzó a quebrarse ligeramente.

"¿Y si me mira y no siente absolutamente nada de reconocimiento?"

No dije nada. No tenía una respuesta que pudiera aliviar aquello.

"¿Y si todo eso solo son historias para él?"

Aquella posibilidad parecía ser lo que más le dolía.

"No quiero que nuestro tiempo juntos se convierta en eso."

Iesel cerró los ojos durante unos segundos antes de continuar.

"Quiero que vuelva a recordarlo por sí mismo."

"Pero quizá necesite que alguien se lo recuerde."

"Lo sé."

Abrió los ojos nuevamente y me miró.

"Y si algún día me pregunta, se lo contaré."

Su voz era más tranquila ahora.

"Pero ahora no."

"¿Por qué?"

"Porque todavía no estoy preparada para que me mire como a una desconocida."

La sala quedó en silencio. No había nada romántico en sus palabras. Solo estaba el miedo de una persona que había perdido temporalmente a uno de sus amigos más importantes y que no sabía si alguna vez recuperaría la amistad que habían construido. Podía entenderlo porque yo sentía algo parecido. No quería que Aetherius simplemente recordara nuestros nombres; quería que algún día pudiera volver a mirarnos y reconocer en nosotros a las personas con las que había compartido aquella etapa de su vida.

"Todos esperamos mucho tiempo a que regresara", dije.

"Lo sé."

"Y finalmente está aquí."

"Lo sé."

"Entonces no deberías alejarte."

Iesel bajó la mirada.

"No estoy alejándome de él."

Hizo una pequeña pausa antes de levantar nuevamente los ojos.

"Estoy esperando."

"¿Esperando qué?"

"Que vuelva."

La respuesta fue sencilla, pero entendí perfectamente lo que quería decir. Iesel no estaba esperando simplemente que Aetherius regresara físicamente a la academia. Estaba esperando que el muchacho que conocíamos volviera a aparecer detrás de aquellos recuerdos perdidos, que alguna parte de todo lo que habían vivido consiguiera regresar con él.

"Cuando regrese a la academia, cuando vuelva a estar con nosotros, cuando vuelva a vivir su rutina... quizá algo cambie."

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

"Quizá recuerde algo cuando vuelva a vernos a todos."

"¿Y si no?"

La sonrisa desapareció lentamente.

"Entonces tendré que aceptarlo."

Permaneció unos segundos en silencio antes de añadir:

"Pero no quiero descubrirlo antes de tiempo."

La entendí. No podía convencerla, no porque no quisiera volver a ver a Aetherius, sino porque precisamente lo quería como amigo y le importaba demasiado lo que habían construido juntos. Después de todo, no era fácil mirar a alguien que había significado tanto para ti y descubrir que para esa persona todo aquello podía haberse convertido en una historia que no recordaba haber vivido.

"Está bien."

Iesel levantó la mirada.

"¿No vas a insistir?"

"Ya insistí bastante."

Ella soltó una pequeña risa.

"Eso es raro en ti."

"También puedo aprender."

Me dirigí hacia la puerta, pero antes de salir me detuve y volví ligeramente la cabeza hacia ella.

"Cuando vuelva a la academia, vas a tener que verlo de todas formas."

Iesel respiró profundamente.

"Lo sé."

"Y estaremos todos ahí."

Ella asintió.

"Lo sé."

Abrí la puerta.

"Entonces nos vemos después."

"Max."

Me giré.

Iesel me miró durante unos segundos. Parecía querer decir algo, pero tardó en encontrar las palabras adecuadas.

"Dile a Aetherius..."

Se quedó callada.

Esperé.

Finalmente negó con la cabeza.

"No. Mejor no le digas nada."

Asentí.

"De acuerdo."

Salí de la sala y cerré la puerta detrás de mí. Mientras caminaba por el pasillo, pensé en lo que acababa de decir. Iesel no estaba rechazando a Aetherius, tampoco estaba huyendo de él. Simplemente tenía miedo de encontrarse con un amigo que ya no recordaba que alguna vez habían sido amigos. Quizá, después de todo lo que habíamos vivido, ese miedo era completamente comprensible. A veces no era la distancia lo que hacía difícil volver a encontrarse con alguien, sino la posibilidad de descubrir que el tiempo había dejado un vacío entre dos personas que antes podían hablar sin necesidad de explicar nada.

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