LightReader

Chapter 4 - Capítulo 4: El Arquitecto de los Mares y la Voluntad del Gobierno

El aire en Elbaf había cambiado. Ya no era solo la tierra de los gigantes; ahora era el santuario de dos "proclamos divinos". Malfurion Stormrage caminaba por los jardines de la Casa del Cordero, observando cómo las flores que él mismo había creado se abrían al paso de su sombra. Su cuerpo, a pesar de seguir siendo el de un niño de seis años, emanaba una densidad de presencia que hacía que el aire a su alrededor pareciera vibrar. Sus músculos se habían vuelto más compactos, cada uno definido con una claridad que desafiaba la anatomía humana, y su piel, bajo la luz del sol, tenía el brillo sutil de la esmeralda pulida.

​En la oficina principal, Madre Carmel se sentaba frente a un caracol comunicador (Den Den Mushi) con la mirada fija en la pared. Sus movimientos eran mecánicos, precisos. Malfurion estaba apoyado en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, enviando pulsos de voluntad a través de las Semillas Parásitas que ya habían colonizado el sistema límbico de la mujer.

​— Dile que los informes son correctos —ordenó Malfurion con una voz que era un susurro autoritario—. Dile que Linlin y yo somos el arma definitiva, pero que necesitamos un entorno controlado. Un barco que no sea un barco, sino un territorio soberano.

​Carmel, con la voz de una santa pero las palabras de Malfurion, habló al caracol. Al otro lado de la línea, en la lejana Tierra Santa de Mary Geoise, un agente de alto rango del CP0 escuchaba con la respiración contenida.

​— Los niños son... más de lo que imaginamos —dijo Carmel, su tono cargado de una falsa preocupación—. Linlin es fuerza pura, pero Malfurion... él es el control. Él es quien mantiene al monstruo a raya. Si el Gobierno Mundial quiere que estos activos sean leales, deben darles lo que piden. Necesitan un navío construido con la madera del Árbol Sagrado de Elbaf y reforzado con acero de Wano. Deben creer que el Gobierno es su proveedor, no su carcelero.

​Malfurion sonrió. Era el primer paso para "saquear" los recursos del mundo. Mientras Carmel negociaba fondos que harían palidecer a un rey, él sentía a Linlin acercarse.

​Charlotte Linlin ya no era la niña llorosa de la playa. Bajo la tutela de Malfurion, se había convertido en una gigante de una belleza aterradora y una fuerza contenida. Su estatura seguía aumentando, pero ahora se movía con una coordinación que antes no poseía. Su piel era una muralla de hierro rosado, y sus ojos, antes nublados por el hambre, ahora brillaban con una inteligencia naciente infundida por Malfurion. Ella entró en la habitación y, al ver a Malfurion, su rostro se iluminó con una devoción absoluta.

​— ¿Ya vienen nuestras golosinas, Malfurion? —preguntó ella, refiriéndose a los recursos que él le había prometido.

​— Vienen cosas mejores que golosinas, Linlin. Viene nuestro hogar. Un lugar que no podrá ser hundido ni conquistado —respondió él, tomando su mano.

​La Construcción del "Yggdrasil Errante"

​Meses después, en una cala oculta de Elbaf, los suministros del Gobierno Mundial comenzaron a llegar. Barcos cargados con los materiales más raros del mundo: madera de Adam, acero refinado y suministros médicos avanzados. Los agentes del CP0 observaban desde la distancia, creyendo que estaban financiando el futuro de sus soldados más poderosos. No sabían que estaban construyendo la capital de su propio fin.

​Malfurion se puso a trabajar. No usó martillos ni clavos. Se paró sobre la estructura de acero que el Gobierno había ensamblado y activó su Mori Mori no Mi en un nivel que hizo que la isla entera temblara.

​— ¡Despierta! —rugió Malfurion.

​De sus pies brotaron raíces negras, gruesas como troncos de árboles, que se entrelazaron con el acero de Wano. La madera de Adam, conocida por su indestructibilidad, pareció cobrar vida bajo su toque, fusionándose con el metal en una simbiosis alquímica. Malfurion usó su conocimiento de ingeniería moderna y su poder logia para diseñar un casco que no solo flotara, sino que respirara.

​El barco, al que Malfurion bautizó como el "Yggdrasil Errante", empezó a tomar forma. No era un navío convencional; era una isla móvil. Su cubierta estaba cubierta de un césped que nunca se marchitaba, y en el centro, Malfurion hizo crecer un árbol central cuya copa servía de puesto de vigilancia y cuya savia alimentaba los motores de vapor del barco.

​El físico de Malfurion se vio puesto a prueba durante la construcción. El esfuerzo de canalizar tanta energía botánica hizo que sus venas sobresalieran como lianas de hierro. Su cuerpo sudaba una resina dorada que, al enfriarse, endurecía su piel aún más. Para cuando el barco estuvo terminado, Malfurion había crecido un palmo más, y su espalda era tan ancha y sólida como un muro de contención.

​La Química de los Dioses

​Una noche, antes de partir, Malfurion y Linlin se sentaron en la proa de su nueva creación. El barco estaba anclado, pero se sentía vivo bajo ellos, respondiendo al pulso de Malfurion.

​— Linlin —dijo él, mirándola a los ojos. Ella era mucho más alta, pero él siempre parecía dominar el espacio—. Mañana dejaremos Elbaf. El mundo intentará darnos órdenes. La Marina intentará usarnos. Pero tú y yo sabemos la verdad.

​Él colocó su mano sobre el vientre de ella. A pesar de su edad, el destino de su linaje era un pensamiento constante en la mente del estratega.

​— Nuestra familia no será como las demás. Nuestros hijos nacerán en este jardín flotante. Tendrán tu fuerza indomable y mi control sobre la vida. Serán una raza aparte. Los humanos nos mirarán desde abajo y sabrán que el tiempo de los hombres ha terminado. Empieza el tiempo de los Stormrage.

​Linlin se inclinó y apoyó su frente contra la de Malfurion. La diferencia de tamaño era inmensa, pero el Haki de ambos se entrelazó en un remolino de energía que hizo que el mar alrededor del barco se calmara por completo.

​— Mientras estés a mi lado, Malfurion, no tengo miedo de nada —dijo ella, con una voz que ya empezaba a tener esa cadencia de mando que la caracterizaría como emperatriz—. Comeremos el mundo juntos, ¿verdad?

​— No solo lo comeremos, Linlin. Lo reconstruiremos a nuestra imagen.

​Al amanecer, el "Yggdrasil Errante" desplegó sus velas de fibra vegetal, tejidas por el propio Malfurion para capturar incluso la brisa más leve. Madre Carmel, con los ojos vacíos tras sus gafas, estaba en la popa, lista para actuar como la intermediaria oficial ante el mundo exterior.

​Los gigantes de Elbaf se reunieron en los acantilados para verlos partir. No hubo abucheos, solo un silencio sepulcral de respeto. Sabían que lo que acababa de zarpar de sus costas no eran piratas, sino una fuerza fundamental de la naturaleza que pronto chocaría contra el orden establecido.

​Malfurion miró hacia el horizonte, hacia el Grand Line. Sabía que en algún lugar de ese mar, un hombre llamado Rocks D. Xebec estaba empezando a reunir su propia oscuridad.

​— Disfruta de tu tiempo, Rocks —susurró Malfurion mientras el barco se perdía en la bruma—. El bosque está llegando, y no hay oscuridad que pueda detener el crecimiento de un Dios.

More Chapters