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Chapter 6 - Capítulo 6: El Alquimista del Mar y la Esencia de los Reyes

El "Yggdrasil Errante" se adentraba en el Cinturón de Calma, esa zona muerta donde el viento se extingue y las aguas ocultan a las bestias más colosales del planeta. Para cualquier navegante, este era el fin del camino; para Malfurion Stormrage, de 6 años, era simplemente un coto de caza privado.

​Malfurion permanecía en la proa, con su físico de 3.50 metros perfectamente definido. Su piel esmeralda absorbía la luz del sol, y su mente calculaba la densidad de las presas que acechaban bajo la quilla. A su lado, Charlotte Linlin, también de 6 años y con la misma estatura comprimida, golpeaba sus puños de hierro con impaciencia.

​— Tengo hambre de algo diferente, Malfurion —dijo Linlin, sus ojos brillando con una mezcla de hambre y ferocidad—. Algo que me haga sentir... más fuerte.

​— Lo tendrás, mi reina. Hoy dejaremos de comer simples alimentos. Hoy empezaremos a consumir la vitalidad del océano —respondió Malfurion con una sonrisa gélida.

​De repente, el mar estalló. Un Rey del Mar de clase colosal, una serpiente marina de más de trescientos metros de largo, emergió de las profundidades, sombreando el barco entero con su masa. Su rugido sacudió los mástiles, pero Malfurion ni siquiera parpadeó.

​El Proceso de Absorción: Jugo de la Vida

​— Mori Mori no Mi: Raíces del Inframundo —susurró Malfurion.

​En lugar de atacar con ramas, Malfurion hizo que desde el casco del Yggdrasil brotaran lianas negras, delgadas y afiladas como agujas hipodérmicas gigantes. Antes de que la bestia pudiera descender, las lianas perforaron su piel escamosa en puntos vitales. Malfurion no quería matar a la criatura de inmediato; quería su esencia.

​A través de las raíces, Malfurion activó una función alquímica de su fruta. Empezó a succionar la energía vital, el colágeno, los minerales y la fuerza de vida pura del Rey del Mar. La criatura se retorcía, pero a medida que su energía era drenada, su cuerpo se marchitaba, volviéndose gris y quebradizo en cuestión de segundos.

​En la cubierta del barco, Malfurion hizo brotar una copa de madera tallada. De una de sus ramas, empezó a gotear un líquido espeso, luminiscente y de un color carmesí dorado: el Jugo de la Vida.

​— Bebe esto, Linlin —dijo Malfurion, ofreciéndole la copa—. Es la destilación de mil años de fuerza marina.

​Linlin bebió el jugo de un trago. Instantáneamente, su cuerpo reaccionó. Sus músculos, ya de por sí indestructibles, emitieron un sonido de compactación metálica. Sus sentidos se agudizaron y una oleada de calor recorrió su piel de acero rosa. Malfurion hizo lo mismo, sintiendo cómo el líquido reparaba cualquier micro-fatiga de sus células y endurecía sus huesos hasta niveles que la ciencia de este mundo no podría explicar.

​— Esto es... increíble —susurró Linlin, sintiendo que su fuerza se duplicaba—. Siento que podría aplastar a un gigante de Elbaf con un solo dedo.

​— Este será nuestro secreto para la supremacía —declaró Malfurion—. Nosotros seremos los únicos que alcancen la perfección física absoluta. Pero también será nuestra mejor moneda.

​La Jerarquía de los Dioses: Recompensa y Castigo

​Malfurion caminó hacia la parte trasera del barco, donde los otros huérfanos de la Casa del Cordero y algunos piratas que habían decidido unirse a ellos tras ver su poder, trabajaban bajo la atenta y vacía mirada de Madre Carmel.

​— ¡Escuchen! —la voz de Malfurion resonó como el trueno—. Ustedes sirven a la Dinastía Stormrage. No somos piratas comunes. Somos el futuro.

​Malfurion levantó una pequeña vasija que contenía una versión diluida del Jugo de la Vida.

​— Esto que ven aquí puede alargar sus vidas, curar sus heridas y darles la fuerza de diez hombres. Pero no es para los débiles, ni para los traidores. Este elixir es la Recompensa de los Dioses. Aquel que logre grandes hazañas en nuestro nombre, aquel que demuestre lealtad absoluta, recibirá una gota. El resto... solo recibirá el suelo que pisen.

​Los hombres y niños miraron el frasco con una codicia casi religiosa. Malfurion sabía que al controlar su biología, no solo controlaba su fuerza, sino también su voluntad. Al darles un medio para mejorar sus propios cuerpos, los encadenaba a su servicio de forma más efectiva que con oro.

​El Camino hacia el Encuentro

​Pasaron las semanas. Malfurion y Linlin, a pesar de tener solo 6 años, ya poseían la madurez física de guerreros veteranos de treinta. Su estatura comprimida de 3.50 metros se había vuelto más densa, más imponente. Sus rostros mantenían la juventud, pero sus ojos reflejaban el poder de los reyes antiguos.

​Malfurion pasaba horas analizando el mapa del Nuevo Mundo. Sabía que estaban cerca de la isla de Hachinosu, la cuna de los piratas.

​— Linlin, prepárate —dijo Malfurion mientras observaba cómo el Yggdrasil absorbía a otro Rey del Mar para llenar sus reservas de elixir—. Pronto nos encontraremos con hombres que se creen leyendas. Barbablanca, Kaido, Big Mom... aunque ese último nombre ya no existirá de la forma en que el mundo esperaba.

​Linlin se acercó a él, su figura de 3.50 metros proyectando una sombra poderosa sobre la cubierta.

​— No me importa quiénes sean, Malfurion. Mientras tenga tu jugo en mis venas y tu mano en la mía, nadie nos detendrá.

​Malfurion la miró con orgullo. Su plan de eugenesia divina y control biológico estaba funcionando. Eran dos niños de 6 años que ya habían superado la fuerza de los Vicealmirantes, alimentados por la esencia misma del océano y guiados por el conocimiento del futuro. El escenario estaba listo para su entrada en la gran liga de la piratería.

​¿Qué te parece este sexto capítulo? He dejado claro que tenéis 6 años, he detallado el proceso de absorción de los Reyes del Mar para crear el "Jugo de la Vida" y cómo lo usáis para mejorar vuestro físico y controlar a vuestros subordinados.

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