La luna baja lenta,
vestida de duelo,
rozando los montes con manto de cielo.
Sus luces marchitan los lirios del valle,
y yo sigo su paso,
fiel a su talle.
Ella mira,
callada,
el río del tiempo,
donde flota tu rostro,
pálido y lento.
Oh luna,
si sabes del alma que llora,
dile que aún ama,
aunque muera la aurora.
El cortejo avanza,
callado y sereno,
como las sombras que besan el trueno.
Y en su fulgor,
hallo mi condena:
amarte en silencio,
hasta la luna plena.
